Cadena perpetua: ¿lo que la gente quiere?

“Los partidos, y desde luego las organizaciones de izquierda, tienen que jugar un papel pedagógico y transformador. Aunque eso suponga no contentar a todo el mundo”

En las redes sociales se ha producido un importante rechazo a la inclusión de la cadena perpetua revisable en el pacto contra el terrorismo yihadista firmado por PP y PSOE. Especialmente por considerar que los socialistas, una vez más, se han plegado a la derecha y han renunciado a sus principios para aparecer en la foto o mostrar su condición de partido de Estado. Pero, también, por ser una oportunidad única para atacar a Pedro Sánchez y desnudar al PSOE como un partido de la casta, integrante del impresentable bipartidismo; más impresentable, si cabe, cuando uno no forma parte de él.

Me parece un grave error la decisión de Sánchez. Desde el punto de vista de la imagen que trasladan a sus militantes, simpatizantes y votantes, confirmando como Groucho Marx que si no le gustan mis principios, “tengo otros”. Dando además aire a los que entienden el sistema penal solo de forma punitiva, olvidando la faceta rehabilitadora.

Y asimismo, de forma práctica. Estoy convencido de que los yihadistas se encuentran “aterrorizados”, que no logran conciliar el sueño tras la decisión de los, hasta ahora, principales partidos españoles. Como si su brutalidad pudiera ser limitada por el endurecimiento de las penas, sea esta cadena perpetua revisable sea la pena de muerte. Más aún cuando el fanatismo religioso sustituye a la razón y hay garantías de lograr el cielo en la sangrienta batalla contra los infieles.

Ahora bien, veo mucha hipocresía en este debate mediático. Recuerdo que el 2 de octubre publiqué un tuit que señalaba “Leer a gente de Podemos y Ganemos pidiendo cadena perpetua no tiene precio. Se pierden los valores a la velocidad de la luz”.

En aquella jornada decenas de tuit apostaban por la cadena perpetua, en este caso en referencia a los delitos económicos y la corrupción de banqueros, empresarios o políticos. No sé si los mantendrán o los habrán convenientemente borrado vista la evolución de los acontecimientos.

Pero es más, el populismo que viene poco puede decir en este asunto. Son claros al no definirse en muchos temas y señalar (hasta con la sevillana Semana Santa) que será el pueblo el que decida. Es una de las esencias del populismo que, como señala Eugenio del Río, pretende “ser altavoces de lo que la gente siente y piensa, y de lo que la gente quiere oír. Las ideas son útiles cuando valen para ganar apoyos para la propia causa. Se trata de dar satisfacción a la gente, de promover objetivos populares, atendiendo a los deseos de mucha gente o del electorado que interesa conquistar”. Una senda, en mi opinión, harto peligrosa.

En el caso que nos ocupa parece, por lo que señalan algunos estudios sociológicos, que un 70% de la ciudadanía (67%, según la encuesta de Metroscopia para El País publicada el 8 de febrero) apoyaría la cadena perpetua para determinados delitos. Eso acotaría mucho la capacidad de actuación de las formaciones populistas. Lo apunté en un artículo del pasado mes de noviembre: “Si funcionáramos solo en base a lo que la gente piensa no se hubiese aprobado la ley del matrimonio homosexual, que en ese momento no era sentida como una necesidad por la mayoría de la población española. Ni tampoco la actual ley de plazos en la interrupción voluntaria del embarazo. Y, en otros momentos, podría haber significado abanderar la cadena perpetua o la expulsión o, al menos, la restricción de los derechos a las personas inmigrantes”.

Como bien señala el profesor Ignacio Urquizu “sería un error pensar que esta forma de hacer política es la correcta. El liderazgo no consiste en dar siempre la razón a la gente. Ser sensible a la opinión pública es una condición necesaria pero no suficiente”. Al contrario, los partidos, y desde luego las organizaciones de izquierda, tienen que jugar un papel pedagógico y transformador. Aunque eso suponga no contentar a todo el mundo y dejar de ser un simple aparato atrapa votos -aunque muchos sean escasamente digeribles- que aplican esa horrible máxima futbolística del todo vale: “Hay que ganar como sea”.

———Puede seguirme también en Twitter: @EnriqueBeth

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