Tripartidismo e inevitables coaliciones

Siete meses después de la irrupción de Podemos se consolida el tripartidismo que parece haber enterrado definitivamente al bipartidismo que presidió la vida política española en las últimas tres décadas. Al menos eso muestra la encuesta de Celeste-TEl de diciembre para eldiario.es. Según el estudio demoscópico el PP seguiría en primer lugar con el 29,9% de intención de voto, por delante del PSOE (24,1%) y de Podemos (21,7%).

Respecto al sondeo de noviembre, el PSOE retrocede levemente y Podemos se estanca, mientras que IU sube ligeramente (medio punto).

El reparto de escaños que estima Celeste-Tel es el siguiente: PP (125/130), PSOE (89/94) y Podemos (60/66), a gran distancia de IU (10/11), ERC y CiU,ambos con 9/10, y Ciudadanos (8/9), que superaría a UPyD (5/6), los mismos que PNV y por debajo de Amaiur (6/7).

Coaliciones

Con estos datos ninguno de los tres grandes partidos podría gobernar en solitario, lo que obligaría a grandes coaliciones (PP-PSOE, PSOE-Podemos o, la más improbable a priori, PP-Podemos). Curioso que Podemos afirme que no pactaría con ningún partido de la “casta”, el PSOE niegue res veces cualquier coalición con el PP y los de Rajoy muestren su disposición a un encuentro con los de Sánchez.

Según la encuesta, Podemos se alimenta fundamentalmente de antiguos votantes del PSOE (22.74%) y el PP (24,31%). El 12,05% son nuevos electores y el 10,05% ex votantes de IU.

Pero hay otros datos para reflexionar. Primero el de una abstención superior en ocho puntos a a los comicios de 2011. Y otro el reparto de los que huyen de las urnas: 2,4 millones de antiguos votantes del PP y 900.000 del PSOE. ¿Nos encontramos ante una desafección irreversible o en un refugio temporal de esos votantes que, al menos en parte, pueden ser recuperados por conservadores y socialistas?

Lo que decidan será clave para el resultado final de las futuras elecciones generales y, también, para las autonómicas y locales del próximo 24 de mayo.

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La información completa en eldiario.es: 

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Caimán acosado

Para las personas que todavía seguimos incluyendo en el bagaje de

nuestros idearios y actitudes ante la vida valores como la solidaridad,

la justicia social y el igualitarismo, viajar a Cuba -aunque sea de

vacaciones- produce unos sentimientos muy especiales. Máxime

cuando se es isleño, pues, como comentamos en una animada charla

con Pablo Milanés en su casa de La Habana, la isla marca, y en El

Caribe o en el Atlántico uno termina amando esos peñascos y tiene

enormes dificultades para vivir en un continente.

Cuba atraviesa hoy por uno de los momentos más difíciles desde

la instauración de la Revolución en 1959. La caída del Este, con el que

realizaba el 70% de sus relaciones económicas, ha supuesto un golpe

terrible para la isla caribeña, y eso se nota en las carencias enormes de

abastecimiento, que alcanzan a casi todos los productos.

Las consecuencias del brutal bloqueo económico por el que la isla

es sometida desde la llegada de los barbudos al poder, junto a la

descrita dependencia del antiguo bloque soviético y los propios errores

de los gestores económicos del país, sitúan a esta pequeña nación

latinoamericana ante una encrucijada de difícil salida.

Estando allí, las simpatías ante un intento de construcción de una

sociedad más igualitaria, más soberana y justa, no nos ocultan los

problemas del exceso de burocracia, la escasez de debate, el carácter

panfletario y adulador de la prensa, la contradicción que genera el

modo de vida y los privilegios del turista, los obstáculos para introducir

los necesarios cambios en lo económico, político e ideológico y, en

definitiva, las sombrías perspectivas que se ciernen sobre un pueblo

acostumbrado a resistir, pero cuyo aguante tiene también un límite.

Pese a la crítica situación, la educación y la sanidad mantienen

niveles inimaginables en la mayoría de los países de América Latina,

cuando un crac similar en cualquier otro país hubiese derivado en un

recorte en estos sectores y en una desprotección total de las capas más

débiles de la sociedad, especialmente los niños y niñas, carne de cañón

en muchas de las democráticas naciones del continente americano, en

las que mueren de hambre o tiroteados en cualquier esquina.

El futuro de Cuba, de este pequeño caimán acosado, es hoy una

incógnita rodeada, en casi todos los discursos, de los más

desesperanzadores presagios. Su caída, esperada desde la cercana

Miami y no menos ansiada desde Washington, no sería un hecho

trivial. Para América Latina supondría un grave retroceso, una muestra

de que es imposible emprender aventuras que molesten al coloso del

Norte y la confirmación, en definitiva, de que no hay lugar para la

utopía.

(Un pequeño articulado publicado en 1992 en la revista Disenso; y no resulta tan viejo)

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Conver qué? (Las ingenuidades de Garzón)

Me temo que el valor en alza en Izquierda Unida, Alberto Garzón, no ha entendido nada de lo que está pasando. O hace como si no entendiera nada, que no es lo mismo pero es igual para el caso que nos ocupa. Su insistencia en la convergencia con Podemos y en la responsabilidad histórica de quien no apueste por la misma es plenamente melancólica y está muy alejada de la realidad.

Seamos claros. Podemos no parece tener el menor interés en esa convergencia. Por puro cálculo electoralista, analizando con una balanza qué gana y qué pierde. Y, de forma inteligente o perversa, ustedes dirán, su cúpula prefiere tener a los de Lara (al político de izquierdas, que no al dueño de una cadena televisiva) a prudente distancia; bueno, sin eufemismos, cuanto más lejos mejor.

Digo lo que digo sin menospreciar a IU, a su compromiso, a la capacidad movilizadora y al trabajo de muchos de sus militantes y dirigentes. Pero los datos electorales, ese exiguo 5% que le otorgan las distintas encuestas, aunque no son la principal motivación, es cierto que no ayudan a que Iglesias, Errejón y compañía estén dispuestos a mover ficha a favor de un posible entendimiento. Más bien todo lo contrario, como está sucediendo con los Ganemos.

Porque, además, el actual núcleo de votantes de IU no garantiza que Podemos crezca. Por un lado, porque una parte significativa de ellos no está dispuesto a apoyar a una formación “ni de derechas ni de izquierdas” ni a formar parte de un proyecto socialdemócrata. Ni a diluir a IU hasta su más que posible desaparición.

Pero, y esto es mucho más relevante, es el meollo de la cuestión, una alianza con IU, una especie de Frente Popular, aunque no lo sea ni de lejos, podría hacer que Podemos pierda el aluvión de votantes que, como muestran todos los sondeos, provienen del PSOE y, también, del PP (hasta el 20% según señalan muchos de los institutos demoscópicos).

Garzón se equivoca. Los que aspiran sin disimulos a la centralidad del tablero político (como señalan en diversos documentos), a ocupar el espacio del PSOE, es más que probable que sientan a IU como un incómodo socio a evitar y no como un deseable compañero de viaje.

Pactos

Por otra parte, me preocupan las declaraciones del secretario de Organización de Podemos, Sergio Pascual, recogidas por los medios de comunicación este domingo http://bit.ly/1wqRviw . Pascual apuesta claramente porque tras las autonómicas y locales no se produzcan pactos de su formación con el PSOE ni en comunidades autónomas ni en ayuntamientos. “En Podemos tenemos clarísimo que la casta son el PP y el PSOE. Son iguales y han votado el grueso de las políticas que han llevado a este país a la ruina, en concordato”, asegura.

De ser así, el PP, pese a su retroceso, podría mantener varias comunidades y ayuntamientos clave en el conjunto del Estado. En el caso de mi tierra, Canarias, esa inhibición de los de Iglesias posibilitaría, por ejemplo, que el PP siguiera al frente del municipio más poblado, Las Palmas de Gran Canaria, del Cabildo de Gran Canaria, entre otras instituciones donde perderá la mayoría absoluta pero seguirá siendo el más votado.

Las posibilidades de ganar al PP y de sustituirlo al frente de los ayuntamientos pasan, inevitablemente, por acuerdos progresistas amplios en los que, en el 95% de los casos, se hace imprescindible contar con el PSOE.

En aras al objetivo de ganar las generales, de llegar al cielo de La Moncloa, se muestran dispuestos a dejar en manos conservadoras buena parte de los ayuntamientos. Un mal negocio. No sé si para ellos. Pero sí para millones de hombres y mujeres de este país que saben muy bien el impacto que las políticas que se desarrollan en las corporaciones locales tienen sobre sus vidas cotidianas.

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Encuestas y reforma constitucional

Las nuevas encuestas publicadas estos días, realizadas por distintos institutos demoscópicos, siguen planteando significativas diferencias sobre el orden de los que serían más votados en estos momentos si se celebraron unas hipotéticas elecciones generales. Para unos, el PSOE. Para otros, Podemos. Las diferencias son abismales.

Según Metroscopia, para el diario El País, el PSOE tendría una estimación de voto del 27%, dos puntos por encima de Podemos (25%) y con un PP que se hunde (20%). Mientras que Sigma Dos (para el periódico El Mundo) coloca a los de Iglesias primero (29,1%), por delante de los de Rajoy (28,3%) y los de Sánchez (19,6%).

Entre un sondeo y otro, PP y PSOE llegan a tener diferencias que superan los ocho puntos; Podemos, sin embargo, se diferencia en sólo cuatro. Son lógicamente menores las distancias entre los otros dos aspirantes, IU (5,6% en Metroscopia, 4,8% en Sigma Dos) y UPyD (4,8% y 4,4%).

 

METROSCOPIA SIGMA DOS
PSOE 27,7% 19,6%
PP 20% 26,5%
PODEMOS 25% 29,1%

Lo que sí puede concluirse, pese a proyecciones electorales tan diferenciadas, es que parece consolidarse el novedoso modelo tripartidista, inédito en la democracia española; y tras décadas de bipartidismo y alternancia entre PSOE y PP.

Entendimiento

De mantenerse la actual tendencia, y al margen de quién se coloque primero en ese singular podio, se haría imprescindible el entendimiento de dos de esos tres partidos para establecer un Gobierno estable, con un amplio apoyo parlamentario. Lo que parece entrañar enormes dificultades.

Las encuestas se daban a conocer en el fin de semana en que se conmemora el trigésimo sexto aniversario de la Constitución. Y en un momento en que se debate sobre la conveniencia o no de su reforma. El PP sigue cerrado en banda, negándose a entrar en un diálogo sobre esa posibilidad. El PSOE parece dispuesto a impulsarla, al igual que Podemos o IU, aunque hay diferencias en los respectivos contenidos que pretenden incorporar a la misma.

Considero que es un buen momento para afrontar una necesaria actualización de la Carta Magna. Y que los conservadores se equivocan al negarse a una revisión y actualización que, casi cuarenta años después de su aprobación, permitiría adaptarla a las nuevas realidades y fortalecerla ganando en legitimidad y apoyo ciudadano.

Mayorías

Pero no va a ser sencilla esa reforma. Se necesitan mayorías muy amplias para iniciar el proceso y para, en su momento, culminarlo. En el caso de las cámaras de dos tercios de sus integrantes. Eso supondría, en el caso del Congreso de los Diputados, del imprescindible apoyo de, al menos, 210 escaños de los 350 que lo conforman. Algo que es imposible de alcanzar con la composición actual y la aplastante mayoría absoluta del PP, pero que tampoco está, ni mucho menos, garantizado en las Cortes que salgan de las futuras elecciones generales.

Por último, a los que nos sentimos republicanos (ya los que no) no debe pasarnos desapercibido un dato de la encuesta de Metroscopia: la elevada valoración de Felipe VI. Lo aprueba un 67% de la muestra y los desaprueba un 24%, con un diferencial positivo de 43 puntos, frente a la valoración negativa de todos los líderes políticos. Al final, resultaría paradójico que la Monarquía pueda resultar la gran beneficiada de los tiempos y los vientos de cambio.

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