¿Monarquía o República?

Una de las razones por las que me abstuve en el referéndum de la Constitución de 1978 fue la imposición de la Monarquía en la misma. Sin debate previo ni posibilidad de decidir sobre el modelo de Estado se nos imponía a la persona y a la institución designadas por el dictador Franco para dejarlo todo “atado y bien atado”. La situación política, la debilidad de la oposición y los temores al involucionismo franquista, fueron, sin duda, determinantes en ese pacto de aceptación del Rey del que formaron parte, parece olvidarse, el PSOE y el PCE, este último con mayor entusiasmo (o sentido práctico) http://elpais.com/diario/1978/05/12/espana/263772002_850215.html.

En mi decisión no sólo influyó la evidente vinculación entre Juan Carlos I y el sanguinario dictador fallecido en una cama tres años antes. También el convencimiento de que las monarquías forman parte del pasado, no precisamente glorioso, y que es del todo impresentable que la Jefatura del Estado se herede. Y, asimismo, lo reconozco, una errónea apreciación de lo que la Constitución podía posibilitar en materia de desarrollo autonómico o avances en los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

Al margen, claro está, de la mayor o menor nostalgia por la IIª República. Una etapa muy interesante de nuestra historia que intentó dar un salto en el tiempo, aplicándose a fondo en la extensión de la educación, la reforma agraria, los derechos laborales, el mayor papel de las mujeres en la vida social, las reivindicaciones descentralizadoras y, en general, la modernización de un país tremendamente atrasado, desigual e injusto.

Una República frustrada por el fracasado golpe del 36 y la posterior guerra civil que ganaron los fascistas. Entre otras cosas, y al margen de los errores y desunión de los republicanos, que las hubo y muchos, por el decidido apoyo de la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini. Mientras la Europa democrática miraba para otro lado y no fue capaz de apoyar, como correspondía, a los demócratas españoles.

Ahora, la institución pasa por sus peores momentos. Las variadas cacerías del Rey, sus herencias en Suiza, sus presuntos negocios, los también presuntos delitos de su yerno, unidos a la crisis económica, el empobrecimiento de la población y el descrédito global de las instituciones, hacen que haya crecido el sentimiento republicano entre la ciudadanía. Tanto que el CIS durante un tiempo decidió no preguntar sobre el Rey y la Monarquía para evitar mayores sobresaltos.

Restauración

En el pasado la Monarquía salía bien parada en esos estudios. Tenía que ver con una vinculación simbólica entre su restauración y la llegada a España de la democracia tras cuarenta años de dictadura franquista, pese a que fue el dictador quien la impuso como sucesión de su régimen.

También a un trabajo denodado de imagen, que era capaz de embellecer su papel en el golpe de Estado del 23-F. Aunque hay muchas sombras sobre lo que el monarca pensó e hizo en aquella larga tarde-noche hasta su comparecencia televisiva e, incluso, sobre su conocimiento previo de la asonada militar.

Y, asimismo, a un pacto de silencio de los medios de comunicación sobre las actividades de Juan Carlos, tanto públicas como privadas, que impedían a amplias capas de la población acceder a muchos comportamientos poco presentables.

Todo eso ha saltado por los aires en los últimos años. Conocíamos sus cacerías de elefantes en plena depresión económica y con un pueblo asfixiado cada día más por la pobreza y el paro. Lo que deterioró su imagen, algo que no pudo solventar del todo su “me equivoqué, no volverá a ocurrir” a la salida de la clínica tras ser operado de la cadera.

Se aireaban, asimismo, sus relaciones peligrosas con la princesa Corinna, que culminaban todo un cúmulo de infidelidades con actrices y cantantes, mejor o peor tapadas.

Y, hace un año, el periódico El Mundo informaba sobre la parte de la herencia de su padre, don Juan, esos 375 millones de pesetas que el hijo de Alfonso XIII colocara en cuentas suizas.

Ahora, tras 39 años de reinado, Juan Carlos I ha decidido intentar salvar a la institución abdicando y dando paso al que será coronado como Felipe VI. Lo hará con el beneplácito del 90% de los diputados en el Congreso, de la mayoría de los partidos políticos y, probablemente, de la mayoría social. Pero también con la oposición de una parte significativa de la izquierda y de los ciudadanos y ciudadanas.

Referéndum

¿Garantizaría la IIIª República un cambio radical en la democracia y en el funcionamiento de los servicios públicos, las libertades o la creación de empleo? Pues no. De hecho hay estados monárquicos que funcionan muy bien y repúblicas desastrosas, y viceversa. En la España monárquica se consiguió, gracias a sus parlamentos y gobiernos, uno de los mejores sistemas de salud pública del mundo. O una descentralización territorial inimaginable a finales de los setenta y de la que gozan muy pocos estados. O avances en los derechos de las mujeres.

Por supuesto que todo es modificable, que la Constitución puede y debe ser reformada, actualizada y mejorada; por ejemplo para avanzar hacia un estado federal o para blindar los derechos sociales en lugar de la deuda y el déficit, derogando ese artículo 135 impuesto con nocturnidad y alevosía. Y que, también, se puede cuestionar el modelo de Jefatura del Estado. Considero más democrático que la persona que ejerza la Jefatura del Estado sea decidida por los ciudadanos y las ciudadanas, estableciendo límites temporales a su mandato, que recibir la misma hereditariamente y hasta su muerte o renuncia.

Pero tengo la impresión, y así lo avalan los estudios sociológicos, que de celebrarse un referéndum sobre Monarquía o República lo ganarían los defensores de la Monarquía.  El último sondeo que conozco al respecto, el de Sigmados para El Mundo del pasado enero, daba una ligera ventaja a los republicanos (49,9%) frente a los monárquicos (43,3%). Pero con detalles a tener en cuenta. Primero, que el 56,6% considera que con Felipe se recuperaría el prestigio de la monarquía; incluso un 32,6% de los votantes de IU así lo estima. Y, segundo, que aprueba al todavía príncipe el 66,4% de la muestra, es decir, cinco puntos más que en el estudio de 2013.

Pero, fuera cuál fuera el resultado de la consulta, que respetaría en cualquier caso, considero que esta debe poder llevarse a cabo; sería lo más justo y saludable desde el punto de vista democrático que los hombres y mujeres de este país puedan elegir libremente el modelo de Jefatura del Estado.

———————Puede seguirme también en Twitter: @EnriqueBeth

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3 pensamientos en “¿Monarquía o República?

  1. Qué cantidad de comas en el texto y qué incomodidad a la hora de leerlo.

    Y además el mensaje del mismo es tan descaradamente obvio que provoca repulsa.

  2. Pues yo secundo, coma por coma, la práctica totalidad de lo dicho.
    A algunos les genera repulsa el aumento de la democracia y los derechos civiles, el planteamiento intelectual de la superioridad sanguínea de nuestro jefe de estado. Pues a mi me genera repulsa su repulsa.

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