¿Fallaron las encuestas?

La primera y rápida respuesta es sí. Estrepitosamente, si lo prefieren. Predijeron una menor participación de la que finalmente hubo. No pronosticaron semejante derrumbe de PP y PSOE y, tampoco, la más que espectacular irrupción de Podemos. Infravaloraron claramente a las izquierdas y a los nacionalismos. Pero dicho esto, entremos en algunos matices.

Respecto a la abstención, con pronósticos que oscilaban entre en 55% y el 58%, al final se quedó en un 54,16%: y en ello fue determinante el tirón de Cataluña y Euskadi. En Cataluña se pasa del 63,06% de abstención en 2009 al 52,37%, casi once puntos menos. En el País Vasco la reducción es de más de tres puntos. Andalucía también incrementa en un punto la participación.

Por otra parte, ningún instituto demoscópico captó el volumen del retroceso, del singular reflujo de PP y PSOE. Diecisiete escaños menos. 33 puntos porcentuales de bajada. Cinco millones de votos extraviados en el camino. Y que no se volatilizaron. Algunos irían a la abstención o al voto nulo o en blanco, pero la mayoría se fueron a otras fuerzas: UPyD y Ciudadanos, por una banda, muy poco hacia IU y mucho hacia Podemos, en la otra.

IU con seis se mantiene en lo que pronosticaban todos los sondeos (5-7): la coalición de izquierdas no parece verse muy beneficiada por el tsunami hemorrágico del PP y el PSOE; no constituye un foco de atracción prioritario para los diversos indignados. En cambio, sí lo hacen UPyD, cuatro, uno más del que le pronosticaban las encuestas, Ciudadanos, dos, cuando la mayoría le daba uno, y Podemos, cinco, que oscilaba en la orquilla 1-2 en los sondeos de la semana anterior a los comicios. Todos ellos recibieron, en mayor o menor medida, votos procedentes de socialistas y conservadores. Da la impresión de que algo se movió en esta campaña electoral. Y que el hastío frente a las políticas de recortes fraguó, a última hora, en un ejemplar castigo a PP y PSOE y en un apoyo a los que no son directos responsables del actual desaguisado y, de manera especial, a los que se oponen claramente a la Troika y a las políticas austericidas.

Y eso era difícil de vislumbrar (¿alguno de ustedes lo hizo?) hasta para los más avezados sociólogos. Advierto que medir fenómenos como la irrupción del colectivo de Iglesias en una encuesta a 1.200 personas es tarea difícil, cuando no imposible.

Respecto a los nacionalismos, los otros grandes triunfadores del 25M, hay que resaltar el éxito de la candidatura de ERC (La Izquierda por el Derecho a Decidir), primera en votos en Cataluña (23,67%), convirtiéndose en la fuerza de izquierdas con más apoyos en una Comunidad, y logrando más de 629.000 votos en el conjunto del Estado. Su socio conservador, CiU, resiste muy bien, con casi el 22% de los sufragios en Cataluña. Todo ello con un significativo incremento de la participación con relación a 2009.

El soberanismo catalán, pese a los furibundos ataques que recibe, goza de muy buena salud. La mitad de los sondeos acertaron los tres escaños de CEU, la coalición en que iba CiU; igual le sucedió a la de ERC.

Con relación a Euskadi, en la que también se redujo la abstención, varias de las encuestas infravaloraron a Bildu, cosa que me resulta muy difícil de entender conociendo la estabilidad de sus apoyos, como ya manifesté en anteriores artículos. Logró el 23,35% de los votos en Euskadi por detrás del PNV (27,45%, que formó parte de CEU), y es segunda fuerza también en Navarra (20,1%), consolidando un escaño con el apoyo del BNG.

Con Primavera Europea (Compromís-Equo-Chunta) acertaron todos los sondeos, que le otorgaban la posibilidad de un escaño, salvo el CIS que les dejaba fuera del Parlamento europeo. Y, por último, con VOX, Movimiento Red de Elpidio Silva o Partido X de Falciani, atinaron plenamente en su imposibilidad de obtener billete para Estrasburgo, aunque los de Vidal Quadras se quedaron muy cerca del objetivo. Por cierto, la eclosión de estos partidos (junto a los elevados apoyos a PACMA y a Escaños en Blanco), con cientos de miles de votos, pero sin escaño, hace que el voto sin representación aumente de 559.962 en 2009 (3,59% del total) a más de un millón de papeletas en estos comicios de 2014 (6,6%).

Ahora sería de gran interés un sondeo post electoral para analizar elementos como el voto joven, las transferencias de votos entre partidos, la estratificación de los sufragios por grupos de edad, la especificidad del voto urbano o del de los diferentes grupos laborales y situaciones económicas.

¿Fallaron las encuestas?

¿O ganaron los ciudadanos y las ciudadanas, causando una enorme grieta en el muro, todavía en pie, de los partidos responsables de las políticas anti personas?

———Puede seguirme también en Twitter: @EnriqueBeth

 

 

 

 

 

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