Menos por menos no es más

En la vieja escuela aprendimos en matemáticas que menos por menos es más. Pero esto no es válido para otras circunstancias de la vida. No parece serlo, en concreto, en el caso del fútbol.

Sirva como singular muestra el partido de semifinales de la Champions entre Atlético de Madrid y Chelsea en el que el buen juego estuvo completamente ausente y se impuso el antifútbol de Mourinho, hasta no hace tanto aplaudido por amplias masas en la capital del Reino, cosa que no termino de entender en un club, el Madrid, que tuvo a la quinta del buitre y otros muchos ejemplos de enorme calidad más allá del enfermizo ‘resultadismo’.

Este martes vimos a dos equipos, Atlético y Chelsea, con parecidos modelos, más empeñados en destruir que en crear, más basados en el físico y en el trabajo táctico que en el buen trato de la pelota. Con enormes resultados prácticos, no en vano están donde están tras eliminar al Barcelona y al PSG; y todavía pelean por sus respectivas ligas, aunque en ese apartado los del Manzanares lo tienen bastante mejor.

Simeone y Mourinho parecen virus y vacuna, vacuna y virus, que se contrarrestan. Conforme avanzaba la contienda se imponía un modelo defensivo, el del equipo inglés, convenientemente atrincherado en su campo y a la espera de que alguna pelota pudiera darle una oportunidad de gol al solitario Torres.

Y la respuesta del Atlético fue tan voluntariosa como inútil, colgando innumerables balones al área, que pocas veces pusieron en dificultad a los defensores. Las oportunidades reales de gol fueron muy pocas y todo queda abierto para el encuentro de vuelta en Stanford Bridge. En el que, con toda probabilidad, asistiremos a otro tostón.

Sé que a algunos les puede gustar ese sistema de entender el fútbol. En España eran mayoría hasta hace bien poco los que apelaban a la furia como manera autóctona de entender el fútbol. Justo cuando Aragonés derribó esa teoría llegaron los primeros éxitos de La Roja, hasta entonces tan aburrida como fracasada en los resultados.

Mendigo

Me acordé y mucho del escritor Eduardo Galeano, cuando asegura: «Yo no soy más que un mendigo de buen fútbol. Voy por el mundo sombrero en mano, y en los estadios suplico: “Una linda jugadita, por amor de Dios”. Y cuando el buen fútbol ocurre, agradezco el milagro sin que me importe un rábano cuál es el club o el país que me lo ofrece».

Me sumé ayer a sus súplicas, esperando que alguien alegrara la noche con detalles hermosos dentro de tanto ejercicio rácano.

No hubo suerte. Menos por menos no es más. Al menos en el fútbol.

——–Puede seguirme también en Twitter: @EnriqueBeth

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