Constitución, optimismo infundado

Me llama poderosamente la atención el optimismo, en mi opinión claramente infundado, de quienes creen que hoy sería posible aprobar una Constitución mucho mejor, mucho más avanzada, mucho más progresista, que la del 78. Tengo la impresión contraria y les aseguro que me gustaría estar completamente equivocado.

Cierto es que aquella, la del 78, se elaboró en las sinuosas curvas de salida del franquismo, con los herederos del régimen dictatorial bien colocados en todos los poderes fácticos y una izquierda mucho más débil de lo que creíamos, como confirmaron las elecciones generales del 77 y del 79; y en la que la ciudadanía se volcó mayoritariamente con la versión socialdemócrata -que contó, todo hay que decirlo, con una relevante ayuda exterior- , dejando en una pequeña representación a la comunista que había protagonizado, casi en exclusiva, la oposición al franquismo.

Tampoco las condiciones actuales parecen ser muy propicias para un cambio profundo y que suponga un avance en los derechos de ciudadanos y ciudadanas. Con la actual conformación del Congreso y del Senado, de aplastante mayoría conservadora, se antoja una auténtica quimera.

Pero es que, además, y pese a los años de crisis y de recortes, de enorme sufrimiento para una parte significativa de la gente, el elevado conservadurismo, el avance de sentimientos centralistas, la conformación político-electoral que vislumbran todas las encuestas, no invitan a pensar en un marco, a corto y medio plazo, que posibilite un cambio constitucional a mejor.

En el último barómetro del CIS, el de marzo, la mayoría se posiciona en el centro político (28,5%), frente a un 24% de la izquierda moderada, un 9,3% que se sitúa a la izquierda de la izquierda, un 8,1% en la derecha moderada y un 2,1% en la derecha extrema. Es verdad que con casi un 28% que o no sabe o no contesta.

Los vientos que soplan en Europa y en el mundo, con la imposición de los valores del neoliberalismo más feroz, con el crecimiento del populismo de derechas y el desnorte de una izquierda tan fragmentada como carente de una alternativa transformadora y creíble, capaz de ilusionar, tampoco ayudan a pensar en una línea optimista.

Caso bien distinto es lo que está sucediendo en el proceso de cambio que se vive en Cataluña. El planteamiento del derecho a decidir es apoyado por, al menos, dos tercios de su población, al margen de que luego lo concreten en independencia o en federalismo. En el Parlament contó con el apoyo de la mayoría de los grupos -votó a favor el 77% de los diputados de su Cámara- y las movilizaciones en la calle han sido las mayores de la historia en esa comunidad que aspira a convertirse en estado, dentro o fuera de España.

Laica

Estos días se vuelve a hablar de Constitución, por el aniversario, el 14 de abril, de la proclamación de la IIª República. Y, para algunos, la IIIª está muy cerca; me temo que no es así. Por supuesto que deseo una Constitución federalista, laica, republicana y que blinde los servicios públicos y el Estado Social, pero no estoy convencido de que ese deseo lo comparta todo el mundo. Ni, tampoco, de que sea posible cumplirlo hoy.

Considero que se equivocan quienes sacralizan la Carta Magna y no entienden que 35 años después de su aprobación la sociedad es distinta y varios temas podrían encauzarse con una reforma del articulado original, desde la impresentable prevalencia masculina en la sucesión de la Corona al modelo de descentralización del Estado, que permita el encaje de las distintas realidades de las nacionalidades y regiones.

Curiosamente, forman parte de los inmovilistas los que deprisa y corriendo modificaron la Constitución en septiembre de 2011 (¡qué inmenso error el de Zapatero! ¡qué inmenso error que el PSOE no haya logrado desmarcarse del mismo!), introduciendo una nueva redacción del artículo 135, para satisfacer a los mercados y poner como prioridad el cumplimiento de la deuda y el déficit por parte del Estado y de las Comunidades Autónomas. Coherencia en estado puro.

Desde la otra orilla se cargan las tintas en los aspectos negativos de la Constitución, responsabilizándola de todos los males pasados, actuales y por venir. E incluso se utiliza como argumento que muchos ciudadanos, por su edad, no la votaron, algo más común en Francia, cuya Constitución de la Vª República es de 1958, o en Italia y Alemania, de finales de los años cuarenta; no digo nada de Estados Unidos, cuya Carta Magna es del año 1787.

Sanidad universal

Se olvidan que con esta Constitución hemos disfrutado de uno de los sistemas sanitarios públicos más avanzados y universales de los países desarrollados; que hemos logrado una Educación con elevados niveles de equidad; importantes conquistas laborales que hoy están siendo derruidas por el Gobierno del PP; así como significativos pasos en la igualdad entre hombres y mujeres, en los derechos sexuales y reproductivos de éstas o en el reconocimiento de derechos a homosexuales y lesbianas. Aprobado una avanzada ley de atención a las personas con dependencia. O edificado un estado con un elevado grado de descentralización.

En mi opinión los retrocesos que experimentamos tienen que ver, sobre todo, con las políticas neoliberales impuestas desde Europa o el FMI; y con la llegada al Poder, en plena crisis económica, de una formación conservadora, y no, precisamente, por decisión del espíritu santo. Por los votos de 10 millones de ciudadanos y ciudadanas y, también, por la abstención y dispersión del electorado progresista, otorgándole una mayoría absoluta que han utilizado de forma perversa para desmontar el Estado de Bienestar.

Intentar transformar la realidad es una tarea imprescindible para los que aspiramos a una sociedad más justa; y hacerlo supone un enorme esfuerzo individual y colectivo que no se solventa, casi nunca, de manera inmediata. Pero autoengañarse y no tener en cuenta cómo están las cosas, el estado de conciencia colectiva y los deseos e intereses de la mayoría, sólo conduce a la melancolía. O al vanguardismo más estéril y frustrante.

Este pequeño texto amplía y actualiza una reflexión iniciada el pasado diciembre.

—————-Puede seguirme también en Twitter: @EnriqueBeth 

Mumford & Sons: ‘I Will Wait’

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