El falso avión de todos los días

En pocos minutos se pasó de la sorpresa y la preocupación por el accidente a la denuncia de la falta de coordinación o la evidente chapuza y, también, a las mofas de todos los colores. El avión amerizado no era tal sino un barco con una curiosa grúa amarilla que desde muy lejos podía llevar a la confusión, aunque alguno de los informantes, presuntamente oficiales, llegaron a detallar hasta la compañía, el modelo de aparato y el número de pasajeros; poco faltó para que dieran el nombre del comandante y la lista completa de viajeros.

Ahora las grabaciones, difundidas por distintos medios de comunicación, van dejando claro de dónde vino la imprudencia y la consiguiente alarma. Multiplicada luego por las redes sociales y por el periodismo de la inmediatez que a tantos errores lleva.

En este caso parece que estamos ante errores humanos, ante actuaciones poco responsables de los que, sin contrastar una información tan delicada, afirman con rotundidad que hay un aparato en el mar, que se trata de un avión grande y que, de momento, flotaba, aunque no había desaparecido ninguna aeronave en el espacio aéreo de la Islas.

22-M

Pero en otros, los ‘falsos aviones’ son de otro calado. Sucedió, por ejemplo, en la reciente manifestación del 22-M. El fervor de los manifestantes hace que eleven la participación hasta más allá de los dos millones de personas; me parece, sinceramente, que exageran. Sin embargo, las informaciones periodísticas que apuntaban a 40.000 o 50.000 personas me resultan mucho más inexactas y alejadas de la verdad viendo las imágenes de Madrid de ese sábado.

Parece que eran muchos más, cientos de miles, los que se movilizaron en las Marchas por la Dignidad; y para muchos medios lo serían, incluso convenientemente multiplicados por diez o por veinte, si los convocantes en lugar de ‘peligrosos’ izquierdistas fueran organizaciones antiabortistas, grupos contrarios al matrimonio gay o jóvenes católicos en busca del Papa. Las cifras se encuentran, también, politizadas e ideologizadas.

El problema está, asimismo, en que algunos de los que hoy protestan, con razón, por la evidente manipulación y minusvaloración mediática de su acto es muy probable que, en otras ocasiones, hayan caído en la trampa y hayan incluso contribuido a la difusión de bulos de gran éxito, como el de los 445.000 políticos, asunto que ya desarrollé en su momento en este blog http://wp.me/p1SYpM-9T

Internacional

Y si esto vale para las situaciones cercanas, qué decir de la información internacional. Si nos engañan con asuntos que con un poco de suerte podemos intentar contrastar, lo pueden hacer con mucha mayor facilidad con las noticias de conflictos en el ámbito internacional. Y, sin embargo, nos creemos con facilidad lo que nos llega de Ucrania o Venezuela, como si allí, esta vez sí, estuviéramos ante informadores neutrales, objetivos y asépticos; como si no hubiera muchos intereses políticos, económicos y geoestratégicos detrás.

Finalizo. Estoy en contra de la pena de muerte y la rechazo en todos los países en los que todavía está lamentablemente vigente, que son unos cuantos. Me da igual que sean China, Irán, Irak, Estados Unidos o Somalia. Me parece una auténtica barbarie que retrata y degrada a las sociedades que la aplican. Estos días, tribunales de Egipto han condenado a 528 personas, simpatizantes de los Hermanos Musulmanes, a la pena capital. Les propongo un sencillo ejercicio. Imagínense por un momento las primeras páginas, titulares, reportajes, artículos de opinión y editoriales si en lugar de en El Cairo la noticia hubiese estado fechada en La Habana, aunque fueran sólo tres los sentenciados.

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Sólo un (bello) partido de fútbol

Para algunos debe ser la continuidad de la guerra por otros medios, pero sólo fue un partido de fútbol. Bello, de los más espectaculares de los últimos tiempos al confrontarse dos estilos completamente distintos, más de elaboración paciente uno, directo y contundente el otro. Sin las excesivas precauciones defensivas de anteriores encuentros, sin especulación, sin concesiones.

Ganó el que ganó y apunto algunas claves del, para mí, muy buen partido de Real Madrid y Barcelona, fundamentalmente:

* El dominio del centro del campo fue el factor que inclinó el partido hacia el club de Martino. La superioridad de los Xavi, Iniesta y cia, frente a un Modric desaparecido y un Alonso que no parece atravesar su mejor momento.

* El Madrid logró durante una parte del partido equilibrar su déficit en el centro del campo por su contundencia atacante y, especialmente, por la soberbia actuación de Di María, siempre en superioridad a su lateral, a lo que ayudó el estrabismo defensivo de Neymar.

* La defensa blaugrana es una auténtica hermanita de la caridad. Alvés era fácilmente desbordado. Cada centro era una ocasión de gol. Por alto no cogían una. Pudieron encajar más goles si Benzema hubiese aprovechado alguna de las claras oportunidades que marró.

* Individualmente sobresalieron algunos jugadores: Di María e Iniesta, especialmente. Y un Messi que, sin estar al cien por cien, puede decidir un partido, no sólo marcando sino con asistencias impecables.

* En el particular duelo de astros, Messi se impuso claramente a un Ronaldo que jugó en un tono menor y que fue mucho menos decisivo en el desarrollo del encuentro y su resultado que la estrella argentina.

* Dos grandes decepciones: Neymar y Bale. Los dos fichajes más caros no han justificado la cara inversión realizada por sus respectivos clubes. Neymar embarullado, confuso y difuso, no mereció ser titular y fue más una remora que una solución. Bale más de lo mismo, corrió como un galgo pero parecía completamente desnortado, fuera de lugar. Los dos no sólo atacaron mal, sino que defendieron peor, poco solidarios, generando problemas a sus compañeros de retaguardia.

Para algunos debe ser la continuidad de la guerra por otros medios, pero sólo fue un partido de fútbol. Bello. Con dos grandes equipos e individualidades excelsas. Los que hoy sólo hablan de otras cosas, en el fondo, les gusta poco el fútbol, no lo disfrutan, en la derrota y en la victoria. El forofismo nubla las conciencias y frustra el placer por su mirada unidireccional y su incapacidad para apreciar los aciertos del contrario y los errores propios.

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Poder y silencio

Antes de certificarse su fallecimiento –algo tuvo de culpa su familia, la extraña rueda de prensa de su hijo el pasado viernes anunciando un inminente final- ya se escuchaban los aplausos ensordecedores a su figura. Incluso por parte de aquellos que despiadadamente lo desplazaron cuando ya no resultaba útil. Eso sí, los más cavernarios no desaprovecharon para destilar su odio de siempre; sin él les es imposible vivir,

En vida fue capaz de evolucionar desde el Movimiento y el servicio al franquismo desde diversos puestos hasta convertirse en timonel de una transición necesariamente imperfecta.

Y en la que la izquierda, parece que cuesta reconocerlo, era mucho más débil de lo que sospechábamos en la clandestinidad franquista y postfranquista. Las masas no estaban detrás; y si lo estaban, se encontraban bien lejos.

Su pasión era el Poder y no lo disimulaba; se volcó en lograrlo y mantenerlo. Y acabado el trabajo, aprobada la Constitución del 78, comenzó su declive en una UCD que era un nido de grillos y conspiradores, donde convivían exfranquistas de distintas especies con demócratas de nuevo cuño, también diversos.

Dimisión

Tras su dimisión obligada por la falta de apoyos en su partido, el 29 de enero de 1981, en medio de una profunda crisis política y económica, de la continuidad de las acciones bárbaras de ETA y del constante ruido de sables, la votación en el Congreso de su sucesor el 23-F nos sorprendió por la manera en que se resistió al fantoche golpista de Tejero.

Luego vino la construcción del CDS y su práctica insignificancia electoral, que llegó al extremo en unas municipales en las que apenas obtuvo 700.000 votos. En esas fechas presentó su dimisión y comenzó su olvido.

Por cierto, al líder soviético Gorbachov le pasó algo similar, tras su tarea denodada de desmantelamiento de la URSS y de un intento de apostar por el pluralismo político, externa e internamente prefirieron a Yeltsin, no sé si más borracho que golpista o al revés, y sus posteriores intentos en la política se saldaron con muy escasos apoyos ciudadanos.

Seducción mediática

Tenía más capacidad de seducción mediática (en eso fue un precursor) que propuestas e ideas políticas. Y representó a una derecha dialogante y que buscaba el acuerdo con casi todos, como sucedió con la elaboración de la Carta Magna, hoy cuestionada y, en mi opinión, injustamente responsabilizada de todos los males que nos asedian; cuando con esa misma Constitución hemos experimentado los mayores avances en sanidad, educación, igualdad entre mujeres y hombres, descentralización del estado, derechos y libertades de nuestra historia.

Estos serán días de hagiografías. O de descalificaciones, también. Todo el que ha ejercido el Poder, y más en unaS circunstancias como las que le tocó, está sujeto al juicio de la historia. De lo que fue y de lo que pudo ser. Para unos, un héroe; para otros, un villano. Adolfo Suárez. Poder. Olvido. Silencio.

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De Fraga a Pablo Iglesias

La evolución de Jorge Vestrynge es, como mínimo, atípica: de mano derecha de Manuel Fraga en la más que cuasifranquista Alianza Popular a flamante asesor (todavía no áulico) de Podemos, y tiro porque me toca; previo pase por las casillas partidarias, con mayor o menor dedicación, de PSOE e Izquierda Unida y, eso sí, una relevante presencia televisiva, que parece ser una condición imprescindible para buscarse un hueco en la nueva política espectáculo.

Por supuesto que todo el mundo tiene derecho a cambiar y que su giro de posturas conservadoras a posiciones progresistas es, además, muy poco habitual; resulta más común el recorrido inverso, como ha sucedido con personajes como Pío Moa o Federico Jiménez Losantos, que pasaron de juveniles posiciones comunistas a ser apóstoles de la caverna. O, de forma más moderada, con la cantidad de gente del PCE que terminó en el PSOE.

El quedarse quieto en el mismo sitio, el pensar de manera idéntica que hace treinta años, tampoco constituye necesariamente una virtud. No sé si ese quietismo puede estar bien para las religiones, pero para la política es imprescindible aprender de la realidad, escuchar, contrastar y saber rectificar los errores. Y no creerse nunca en posesión de verdades absolutas e inamovibles.

Inmigración

En Podemos algunos se rasgan las vestiduras ante la reciente incorporación de Vestrynge, considerando que es un lastre más que un rentable fichaje electoral; y ya han salido a la luz algunas declaraciones y escritos que muestran su rechazo a la inmigración, más cercanos a lo que piensa el ministro del Interior de las pelotas de goma que a lo que se supone plantea la nueva formación política.

De paso, algunos empiezan a cuestionar los modos personalistas del líder de Podemos, el profesor Pablo Iglesias, su manera excesivamente individualista de tomar decisiones. Un descubrimiento, que quieren que les diga, cuanto menos tardío.

Leo estos días su empeño en que lleguen “personas normales a la política”, lo que debe convertir en zombis o al menos en tipos muy raros a los miles de concejales, alcaldes, diputados autonómicos o estatales antes del advenimiento de tan mediático tertuliano-dirigente.

Culto a la personalidad

Y compruebo que el discurso en busca de titulares, el populismo, el culto a la personalidad e incluso el desmarque de la política (aunque se lleve 35 años en ella) triunfan a derecha e izquierda. Desde Albert Rivera a Rosa Díez, pasando por Miguel Ángel Revilla. Menos mal que a Iglesias no se le ha ocurrido ponerle una coleta al logo de Podemos (*). Díez sí lo hizo, a su manera, de forma subliminal, fundiendo el color del partido con el de su nombre; no sé que se le hubiese ocurrido si se llega a llamar María…aunque sus hojas son muy bonitas.

Ninguno de los sondeos hasta ahora conocidos (**) ofrece pistas sobre las posibilidades electorales de Podemos en los próximos comicios europeos del 25 de mayo y en si la formación de Iglesias daña más o menos las buenas expectativas de partida de IU, con la que dice coincidir en casi todo menos en el sistema de elección de candidatos, convertido en asunto más relevante que los programas y actuaciones prácticas; muy pronto lo sabremos.

De lo que estoy completamente convencido, admito apuestas, es de que Pablo Iglesias tiene muchas posibilidades de ganar, incluso arrasando, a la búlgara, en las primarias de la nueva formación política. Con o sin el asesoramiento de Vestrynge.

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(*) Me quedé corto, al final como se ha sabido en los últimos días de abril, el logo de las papeletas electorales de Podemos es justamente la imagen de Iglesias, que ganó las Primarias de calle, claro.

(**) El de Metroscopia para El País del domingo 23 de marzo prevé para Podemos un 0,8% de intención de voto y ningún escaño, muy lejos de IU (14,1% y 9 escaños); esta última pierde cuatro décimas en relación con las dos oleadas anteriores.

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Pink Floyd: ‘Wish you were here’ 

https://www.youtube.com/watch?v=NavVfpp-1L4&noredirect=1

Menos abstención, más bipartidismo

Los recientes sondeos apuntan a que se reduce ligeramente la abstención y, paralelamente, se incrementa levemente el peso del bipartidismo. Lo digo advirtiendo que ni las encuestas van a misa ni la foto de hoy tiene que ser idéntica a la de los comicios de 2015:  autonómicos, en mayo, y generales, vaya usted a saber. Pero algo indican, nos guste o no.

Esto concluyo al ver la encuesta de Celeste Tel correspondiente a marzo http://www.celeste-tel.es/images/Barometroelectoralsocialmarzos2014.pdf, en la que PP (32%) y PSOE (28,9%) se llevarían conjuntamente el 60,9% de los votos frente al 39,1% del resto de grupos, con una participación estimada del 56,9%. Y con una enorme diferencia en escaños: PP (138-150) y PSOE (115/118) aparecen muy distanciados de IU (26-28) y UPyD (12-14). La más reciente de El País pronosticaba a los socialistas el 32% de los votos válidos frente al 31.5 % de los populares, es decir sumarían un 63,5%, casi tres puntos más que en la de Celeste Tel, y con un participación estimada del 65%, ocho puntos más.

Cierto que se está muy lejos de la situación del 20-N de 2011 en que los dos grandes partidos aglutinaron el 74,4% de las papeletas con una participación del 68,9%, doce puntos más que la estimada si se celebraran los comicios generales hoy. Pero también que, si hacemos caso de la encuesta, PSOE y PP parecen haber superado su peor momento, a mitad del pasado año 2013, cuando llegaron a representar sólo un 57,2%.

Otro dato abona esa hipótesis: los votos perdidos, fundamentalmente por PP y PSOE, pero también por formaciones como CiU, van mayoritariamente a la abstención, más del 66%; y un 33% se traslada a otros partidos.

Refugio

Tras más de dos años de legislatura, con la política de ataque frontal a derechos y libertades por parte del Gobierno de Rajoy, con los escándalos de Bárcenas y compañía, así como las dificultades del PSOE para tener un perfil claro opositor y de referente transformador, la mayoría de sus exvotantes, de uno y otro partido, se refugia en la abstención y no se ve animado a transferir su voto a otras propuestas.

Ello redunda en el estancamiento e incluso leve retroceso de IU y UPyD en los más recientes sondeos, tanto en este de Celeste Tel como en el de Metroscopia para El País de comienzos de marzo.Tengo la impresión de que esto influye más, al menos hasta ahora, que la aparición de nuevos competidores en la escena política, desde VOX a los partidos de Albert Rivera y Pablo Iglesias.

Los mayores niveles de abstención se dan entre los más jóvenes (18-30 años), alcanzando el 51%; dato que se reduce hasta el 40,3% en la franja 45/64 y al 41,9% en la de mayores de 65.

Voto directo

En voto directo, la izquierda gana claramente entre la gente de 18 a 30 años, con PSOE (11,5%) e IU (10,4%) por delante del PP (8,9%); y en la franja 31/44, aunque con menos diferencia. Pero el PP se sitúa en primer lugar en las preferencias electorales entre los de 45/64 y arrasa en los mayores de 65: 27,3% frente al 18,2% del PSOE y el 2,4% de IU. La derecha gana justo, justo, en las franjas más animadas a acudir a las urnas.

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Los Gofiones: ‘Tres timples’

https://www.youtube.com/watch?v=BA05kueCfqU

Chile 1973-Venezuela 2014, golpismo para armar

Venezuela y el premio Nobel. No me refiero a Barack Obama, ese Nobel de la Paz prematuro y nada merecido, que mantiene abierta la inmoral sala de tortura de Guantánamo. Ni tampoco a Mario Vargas Llosa, ese escribidor brillante que tiene a Margaret Thatcher, José María Aznar, Esperanza Aguirre, Ronald Reagan y Henrique Capriles, menudo equipo, entre sus referencias y preferencias políticas; pura sensibilidad social, vamos.

Se trata de alguien bien distinto: Adolfo Pérez Esquivel, activista por la democracia y los derechos humanos, galardonado con el premio Nobel de la Paz en el año 1980. “Venezuela se encuentra amenazada por intentos golpistas de la derecha latinoamericana y el gobierno de los Estados Unidos, no es algo nuevo y sobre esto ya no quedan dudas”, ha afirmado en un reciente artículo.

Creo que no va desencaminado y que para la derecha latinoamericana constituye una auténtica e intolerable anomalía histórica que tras siglos de absoluto monopolio del Poder hayan llegado a los gobiernos, con masivo apoyo ciudadano en las urnas, propuestas alternativas tan diferentes como las que representan José Mujica, Evo Morales, Rafael Correa o el desaparecido Hugo Chávez; muy distintas entre sí, alejadas por supuesto de la pureza y de la perfección, con errores en sus respectivos planteamientos y gestiones, pero que tienen en común la ruptura con las egoístas oligarquías de siempre, la defensa de los sectores más pobres y olvidados, el intento de rescatar las riquezas naturales autóctonas y la rebeldía ante las imposiciones del imperio del norte.

Resulta delicado y hasta peligroso escribir hoy sobre la República Bolivariana de Venezuela. Lo es desde hace tiempo. Lo que digas nunca dejará satisfecho a nadie. Sobre todo si te sales del discurso al uso, de la corriente dominante que demoniza y que no admite matices. A lo que ayudan unos medios de comunicación a los que habría que pedirles, al menos, sensatez; y que se encuentran completamente volcados a favor de una de las partes, sin el menor disimulo, manipulando y mintiendo.

Elecciones

Repasemos algunos datos de la historia reciente. En las elecciones de mayo de 2013, Nicolás Maduro ganó por menos de dos puntos al candidato de la derecha, Henrique Capriles. Ya entonces sectores de la oposición, aprovechando el estrecho resultado y con acusaciones de fraude nunca demostradas, desataron acciones violentas que se saldaron con la muerte de una decena de personas, casi todos militantes chavistas.

El carisma no se hereda y, probablemente, Maduro pagó la novatada electoral y algunas disensiones en el seno del chavismo que, como todo movimiento político tiene sus corrientes y sus personalismos.

Las más recientes elecciones municipales, celebradas en diciembre de 2013, fueron presentadas por la derecha como un auténtico plebiscito. Planteando que una posible victoria significaría un cambio de ciclo y el obligado fin del Ejecutivo del PSUV. Pero las cosas se torcieron y la brecha en papeletas creció hasta el 10%, lo que causó un evidente desánimo en la filas opositoras. 

Sin las urnas

Un desánimo transformado muy poco después en un cambio de estrategia. Si por las urnas resultaba tan difícil había que lograrlo de otra manera. Tomando la calle e impulsando manifestaciones con buscados disturbios que serían un polvorín en un país fracturado electoralmente, con el añadido de su tradicional alto nivel de violencia. Contando, además, con la seguridad de que éstas tendrían la ‘comprensión’ y el apoyo de los medios de comunicación internacionales (que denostarían movilizaciones similares, mucho menos agresivas, en sus territorios,  a las que calificarían de antisistemas cuando no de terroristas) y de Estados Unidos y sus aliados; como así ha ocurrido.

En medio se han sucedido graves problemas económicos derivados de una alta inflación y de episodios de desabastecimiento. Curiosamente, el golpe de estado contra Salvador Allende en septiembre del 73 también vino precedido de un desabastecimiento planificado y de movilizaciones de las clases medias contra el Gobierno de la Unidad Popular; pero este tenía mucho menor apoyo social que el chavismo y, además, se encontró con un ejército golpista liderado por Augusto Pinochet. Lo que no ha cambiado es el papel de Estados Unidos. Ni el de los medios.

Esto no significa que el Gobierno de Maduro y los anteriores de Chávez no tengan responsabilidades. Dos de las grandes asignaturas pendientes para Venezuela son atajar la elevada inflación y reducir los altos niveles de criminalidad en las calles (sólo superados en América Latina en Honduras, El Salvador y Guatemala). Junto a ello se precisa un amplio combate contra la pervivencia de elevados niveles de corrupción. En estos asuntos han fracasado hasta ahora. 

Sin embargo, y pese a la falta de reconocimiento por los medios de comunicación españoles y europeos, sí han tenido notables éxitos en otras áreas.

Adolfo Pérez Esquivel recuerda algunos datos relevantes: “Durante la última década, el gobierno aumentó el gasto social en más de un 60,6% y hoy es el país de la región con el nivel más bajo de desigualdad, después de haberla reducido en un 54%, y a la pobreza en un 44%. En Educación se ubica en el segundo en América Latina y el quinto en el mundo con las mayores proporciones de estudiantes universitarios. Ha construido más de 13.721 clínicas en barrios en los que antes el Estado no iba y su sistema de salud pública alcanza unos 95.000 médicos. Ha construido más de 500.000 viviendas, entre otros logros”. Las mejoras educativas y sanitarias, así como la significativa reducción de la pobreza y la marginación social, son reconocidas por los distintos organismos internacionales.

Se suele argumentar que eso sucede porque el Gobierno deriva a los pobres parte del dinero generado por la enorme riqueza petrolera del país. Cierto. Pero se trata de algo que pudieron hacer y no hicieron los gobiernos anteriores, incluso alguno de corte socialdemócrata.

La mentira

Destaca Esquivel el papel cómplice de los medios de comunicación estadounidenses y europeos en la manipulación interesada de las informaciones sobre Venezuela. Me recordó lo que decía Malcolm X: “Si no estás prevenido ante los medios de comunicación, te harán amar al opresor y odiar al oprimido”.

A lo que yo añadiría la manipulación que se produce en las redes sociales. Me sorprende como los opositores utilizan la mentira y la difamación como armas políticas. De forma muy burda, además. Repasando muchas de las fotografías que tanto recorrido han tenido en las redes estas semanas, uno puede concluir que la policía venezolana es una de las que cuenta con mayor variedad de vestuarios en el mundo, desde uniformes que ‘parecen’ de la policía griega a otros que se ‘confunden’ totalmente con las de Egipto, Chile o Singapur.

Les faltaron, tendrán que mejorar su archivo, imágenes repartiendo palos a diestro y siniestro de guardias civiles (a pesar de que el tricornio ‘canta’ un poco), ertzaintzas, policías canarios o mossos de escuadra; aunque, por cierto, hasta fotos de la gran cadena humana de la última Diada, la desarrollada en septiembre de 2013, las han utilizado de forma truculenta como si fueran de movilizaciones  opositoras en Venezuela. Si la verdad es revolucionaria…

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Foto de la primavera árabe (con burka incluido de la víctima) que el periódico ABC utilizó atribuyéndola a Venezuela. Todo vale para los medios de comunicación españoles.

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Elogio de la violencia, ¿o no?

¿Qué hubiese pasado si alguna de las convocatorias ‘Ocupa’ o ‘Rodea el Congreso’ hubiese contado con cuatro o cinco mil manifestantes armados de bates de béisbol y barras de hierro, dispuestos a batirse cuerpo a cuerpo con la policía? Apoyados, además, en su vanguardia por otros 2.000 paramilitares con pistolas y escopetas, expertos en guerrilla urbana.

¿Qué hubiese ocurrido si, por la fuerza, intentaran disolver el Congreso y el Senado, acabar con el actual Gobierno y abrir un proceso constituyente que diera paso a un nuevo régimen, estableciendo en una asamblea en la Puerta del Sol o en la Carrera de San Jerónimo el correspondiente calendario para ello?

No sé ustedes, pero yo tengo pocas dudas. La represión hubiese sido terrible y a los manifestantes se les aplicaría la legislación antiterrorista. La Unión Europea apoyaría las decisiones del Gobierno español. Y se señalaría, además, por todos los medios de comunicación, que una minoría violenta no puede acabar con la democracia, imponer sus tesis y menospreciar a los legítimos representantes de los españoles y españolas, depositarios de más de 24 millones de votos.

Sin embargo, eso que vale para España y otros países europeos no tiene, al parecer, valor universal. Como demuestra el reciente caso de Ucrania, donde una movilización con esas mismas características contra un régimen democrático, contra un presidente salido de las urnas en unos comicios reconocidos por la comunidad internacional, ha posibilitado tumbar al Gobierno y expulsar al presidente, en medio del aplauso irresponsable de la UE y Estados Unidos.

Corrupción

Se me dirá que entre los que mandaban en Ucrania había altos índices de corrupción y de enriquecimiento de las elites políticas, cierto; y que en los últimos años habían empeorado los niveles de vida de la población, no menos cierto.

¿A qué me suena? ¿Es ajeno este Gobierno de España y algunos dirigentes del partido que lo lidera al enriquecimiento ilícito, las cuentas en Suiza o los sobresueldos en B? ¿Cuántos puntos ha subido el paro y cuántos la pobreza desde que llegaron a La Moncloa? ¿Cuánto se ha deteriorado la sanidad, la educación o la aplicación de la ley de la dependencia? ¿Cuánta gente ha sido expulsada de sus viviendas por no poder pagar la hipoteca o el alquiler? ¿Justifica eso que sustituyamos las urnas por la violencia callejera y que demos un golpe de estado?

Me llama la atención poderosamente el cinismo de los medios de comunicación españoles. El diario El País, en referencia a Ucrania, habla de ‘revolución cívica’. Aplicando semejantes parámetros a los chicos y chicas de la Kale borroka, que ‘sólo’ destrozaban mobiliario urbano, se les podría considerar entusiastas seguidores de Gandhi.

Otros, que demonizaron movilizaciones como las de El Gamonal, calificándolas de violentas, aplauden con las orejas las de Kíev. Menuda hipocresía.

Respecto al Gamonal, El Mundo editorializó como sigue: “El anuncio de la renuncia definitiva a construir el bulevar de Gamonal como consecuencia de las presiones muestra un camino muy peligroso: es posible torcer el brazo a las instituciones democráticas con movilizaciones en la calle. El mensaje es peligroso en cualquier caso, pero resulta más dañino si cabe en las actuales circunstancias, en medio de un pulso al Gobierno por parte de partidos independentistas que basan su fuerza en cuestionar la legitimidad de la ley y de las estructuras del Estado”.

Brutos de diversa ideología

El periodista Rafael Poch en El cuaderno de Kíev, http://blogs.lavanguardia.com/berlin/el-cuaderno-de-kiev-59692, un texto documentado y ajeno al propagandismo tan en boga, asegura que “los brutos de diversa ideología, con predominio del nacionalismo ultra, que aportan el músculo a la revuelta popular no son particularmente simpáticos, pero sin ellos el Maidán, simplemente, no habría sido posible, porque habría sido barrida por la policía en diez minutos”.  En su opinión, estos grupos han ejercido una “tremenda e ilegal violencia (entre los 70 muertos de los últimos días hay 13 policías, dato central que no puede perderse de vista), que en cualquier país europeo habría sido inmediatamente declarada “terrorista” y aplastada”.

Da la impresión de que, en el caso que nos ocupa, el uso de la violencia en la acción política, existen dos varas de medir, dos comportamientos antagónicos; y que se aplican según convenga, con la vieja dialéctica amigo/enemigo.

Y que los mismos actores, mediáticos o políticos, que en España ponen el grito en el cielo ante los que tiran piedras, queman papeleras o rompen las cristaleras de un banco, cambian súbitamente el criterio y justifican, aplauden y jalean a los que en otros lugares hacen lo propio con mucha mayor intensidad, con medios mucho más agresivos, incluso con varios muertos en la batalla; y con las nada ocultas intenciones de lograr mediante la violencia de una minoría lo que no se logra por los mucho más representativos votos de la mayoría de la sociedad.

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Creedence Clearwater Revival: ‘Fortunate son’

https://www.youtube.com/watch?v=ec0XKhAHR5I