Destruir lo público, impedir la equidad

Estoy de acuerdo con Rajoy. Por una vez y sin que sirva de precedente para entendimientos posteriores, que los veo muy difíciles: estamos muy distanciados en la visión de la sociedad, de la economía y, en definitiva, sobre cuál es la prioridad de un buen gobernante; para mí es garantizar la calidad de vida de los ciudadanos y las ciudadanas, sin dejar a nadie en la cuneta. Para él, por lo que ha hecho desde que está en el Gobierno, son otras, radicalmente distintas, las prioridades.

Mi acuerdo viene del reciente acto de presentación de la reforma de las administraciones públicas. El presidente dijo en el mismo lo siguiente: “Quisiera acabar con un mito muy extendido sobre el tamaño de la administración pública: España se sitúa entre los países de la eurozona con menor gasto público, un 43%, seis puntos menos que nuestro entorno”. Añadiendo que “nuestro mayor problema es el desplome brutal de los ingresos”,

Verán, el acuerdo es por partida doble. En primer lugar, sobre el tamaño y el gasto público. Aunque él parece feliz con su escaso peso respecto a otros estados y yo lo considero un problema. Como señalara en su momento el profesor Vicenç Navarro el porcentaje de personas que trabajan en el sector público en España no llega al 10% de la población activa, aunque la Patronal de las PYMES catalanas lo eleva hasta el 15%.

En cualquier caso similar a la presencia del empleo en el sector público en Gran Bretaña, que es de un 14,57%, Irlanda (12,26%), Francia (17%), Holanda (16%) o Bélgica (16%), “alcanzando cifras incluso mayores en los países escandinavos: Dinamarca un 26%, Finlandia un 19% y Suecia un 21%, siendo estos últimos países los que el prestigioso Economic Policy Institute, de Washington, incluye entre los más exitosos en la OCDE por su capacidad emprendedora”, asegura Navarro.

Añadiendo Vicenç Navarro en un trabajo conjunto con Marta Tur (‘El empleo público en España’, Universitat Pompeu Fabra. Barcelona, 2012) algo muy significativo: “solo 6,53 de cada 100 habitantes son empleados públicos. Lo cual, analizado desde el punto de vista de la atención a la ciudadanía, muestra que España es uno de los países de la UE-15 que menos atención a la ciudadanía presta por parte de los empleados públicos, con un nivel solo superior a Portugal e Italia. En contraste podemos ver como 17 ciudadanos daneses de cada cien forman parte del sector público, casi 13 de cada cien finlandeses o 14 de cada cien suecos (valores para el año 2007).

PIB

Otro tanto sucede respecto al porcentaje del PIB referido al gasto público. En el año 2010, por ejemplo, España tenía un 45%, cinco puntos por debajo de la media europea (50,3%), y a enorme distancia de Dinamarca (58,2%), Francia (56,2%), Finlandia (55,1%), Bélgica (53,1%), Autria y Suecia, ambas con el 53%, Holanda (51,2% y Gran Bretaña (50,9%). Más de quince estados tenía por delante en este concepto. Ahora España está en el 43%, y una buena parte del gasto va para prestaciones por desempleo, por las elevadas cifras de paro.

En segundo lugar, también coincido en que el problema no es solo el gasto “sino el desplome brutal de los ingresos”. Y ello es corregible. Con un cambio profundo de las políticas económicas que pasen de obsesionarse con los recortes a recaudar más y redistribuir mejor; haciendo que paguen más impuestos los que más tienen y persiguiendo el enorme fraude fiscal, así como combatiendo los paraísos fiscales. No con amnistías a defraudadores ni con subidas de impuestos que castigan a los que menos tienen.

Servicios fundamentales

Rechazo profundamente la actual denigración del mundo público a lo que tanto ha contribuido el PP, la CEOE y determinados medios de comunicación. Se podrá discutir la eficiencia de las administraciones públicas, su democratización o su imprescindible desburocratización y facilidades para el acceso electrónico; así como evitar que se produzcan disfunciones por la intervención de distintas administraciones (estatal, autonómica, insular, local), eliminando cualquier atisbo de selva administrativa. Es decir, es imprescindible trabajar por la constante mejora de la administración pública, que pagamos con nuestros impuestos y que nos presta servicios fundamentales.

Pero no podemos plantear una sociedad moderna, equilibrada, atenta al bienestar general, sin un fuerte sector público, lo que conlleva un significativo peso en el empleo y en el gasto global de las administraciones.

Salvo, claro está, que se proceda a la eliminación de los profesionales de la enseñanza, de la medicina y de la enfermería (algo que ha sucedido en los últimos años, suprimiendo interinos o mediante una tasa de reposición del 10% de aquellos funcionarios que se jubilan o fallecen). O de la seguridad, la defensa, la extinción de incendios o la Justicia.

Aunque todo es posible en los sueños y en la práctica del neoliberalismo privatizador más extremo, el mismo que ha metido a la Humanidad en una de sus peores crisis económicas. La destrucción del sector público es uno de los ejes de las actuaciones del neoliberalismo gobernante y, en eso, el actual Gobierno del PP tiene muchas, muchas responsabilidades.

Mi acuerdo con Rajoy, era previsible, fue absolutamente efímero.

——–Puede seguirme también en Twitter: @EnriqueBeth

Celtas cortos, una versión distinta de ‘Todo cambia’.

http://www.youtube.com/watch?v=eaHGtnhf6j0

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