Ley Wert, ‘modulando’ la democracia en la escuela

El anteproyecto de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) ha irrumpido como elefante en cacharrería. Lo hace sin el menor consenso, aunque sus redactores tengan la enorme desfachatez de decir en su preámbulo que la misma “es el resultado de un diálogo abierto y sincero con toda la comunidad educativa”. Ni diálogo, ni abierto, ni sincero: pura imposición autoritaria de un modelo muy ideologizado, con la prevalencia de posiciones muy conservadoras, y con concepciones clasistas, segregadoras y centralistas.

Muchos son los aspectos preocupantes de esta nueva ley que, al modo y manera vigente en estos aciagos días, será finalmente impuesta por el rodillo de la mayoría absoluta del PP en las Cortes. Cuando las leyes, en general, y las educativas, en particular, precisan del mayor grado posible de consenso político y de la búsqueda sincera del entendimiento y de la complicidad, en el caso que nos ocupa, con los distintos agentes educativos.

Si rechazable es la segregación temprana del alumnado, que perjudicará especialmente a los de entornos socioculturales más deprimidos, no lo es menos su centralismo, que choca con la realidad de unos sistemas educativos autonómicos bastante homogeneizados. No en vano la OCDE señala que las diferencias mayores en los resultados de los alumnos en el Informe PISA (que mide competencias básicas en distintas áreas) se dan entre los distintos centros (un 20%) y, especialmente, entre estudiantes de un mismo centro (alcanzan hasta un 70%), mientras que entre las comunidades autónomas éstas no superan el 4%.

Asimismo, y en contra de las recomendaciones de los expertos internacionales se potencia la repetición de curso en Primaria, que solo genera más fracaso y costes económicos al sistema; y se establecen un conjunto de reválidas, auténticos filtros para el alumnado, en lugar de abordar una auténtica evaluación del sistema que posibilite su mejora y, consiguientemente, incremente el éxito escolar y haga retroceder los actuales y elevados porcentajes de abandono temprano, que duplican los europeos.

Consejos escolares

Pero es que, además, la LOMCE afecta también a la democracia en los centros educativos. Los consejos escolares son devaluados y convertidos en órganos meramente consultivos, sin capacidad alguna de decisión en colegios e institutos. Ahora la capacidad decisoria estará en los directores que incrementan notablemente su poder y que serán, en la práctica, designados por las administraciones educativas.

No voy a plantear que el sistema hasta ahora vigente se parezca, ni mucho, menos, a la perfección democrática. Los porcentajes de los distintos sectores hacen que el profesorado imponga sus criterios de manera, en muchas ocasiones, claramente corporativa. Así ocurría, cuando se decidían asuntos como la reducción de la jornada escolar en junio y septiembre, a mi juicio una medida que castigaba a las familias más desfavorecidas, y en las que los docentes solían cerrar filas y ganar por goleada. Lo que también sucedía cuando se producían debates sobre la conveniencia de la jornada escolar partida o continua.

Intromisión

Pero ahora retrocederemos, y mucho, en esa democracia, por limitada que sea, que tienen los centros educativos. Según el anteproyecto de la LOMCE, las competencias de los consejos escolares están presididas por palabras como “conocer”, “proponer”, “evaluar” o “informar”, pero nunca “decidir” o “aprobar”, cosa que tengo la impresión de que satisface a un sector del profesorado que preferiría que las familias estuviéramos a prudente distancia de los centros. Como señalara en su momento Mariano Fernández Enguita, en ‘¿Es pública la escuela pública?’, la presencia de otros en el gobierno del centro (otra cosa es su utilización como mano de obra auxiliar) es vista como un engorro impuesto, como una intromisión; como la otra cara, por decirlo de la manera habitual, del pretendido vaciamiento de competencias del claustro —pretensión que no resiste el más mínimo contraste con la realidad”.

Al igual que Cristina Cifuentes, Ignacio González o Mayor Oreja, pretenden, en medio de esta ola autoritaria y ultraconservadora, ‘modular’ la ley respecto a las movilizaciones ciudadanas en la calle, Wert parece pretender ´modular´ la democracia en los centros educativos. Es decir, recortarla profundamente, cercenar por completo la participación de las familias y convertirla, en definitiva, en papel mojado. A peor la mejoría.

——-Puedes seguirme también en Twitter: @EnriqueBeth

Les dejo con otro ejemplo más de la belleza del timple. Benito Cabrera: ‘Nube de hielo’

http://www.youtube.com/watch?v=a-fPA2yHACw

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5 pensamientos en “Ley Wert, ‘modulando’ la democracia en la escuela

  1. Muy acertado en algunas apreciaciones, como la del corporativismo de los docentes y su miedo a la injerencia de las familias en asuntos educativos. Si actualmente cuesta atraer a los padres/madres a participar en los centros, ¿qué pasará ahora que el Consejo Escolar pasa a ser una mera comparsa?

  2. No puedo estar mas deacuerdo con este artículo. Yo pertenezco al consejo escolar del centro de mi hijo, y desde ya lo que hace su directora es querer imponer sus criterios. Hasta ahora he podido frenarla con la normativa vigente, pero mucho me temo, que con la nueva ley se saldra con la suya.

  3. Enrique, comparto plenamente tu análisis y, sobre todo, tu preocupación por el rumbo que está tomando la educación en este país. No sólo educamos y formamos a nuestros niños y jóvenes por los contenidos del currículum (parece, incluso, que es el que menos incidencia tiene) sino por la experiencia que viven en la escuela. Y eso significa que una escuela que no respeta los mínimos principios de la democracia no va a contribuir mucho a que nuestros hijos e hijas se formen democráticamente, y tendrán que recorrer, de nuevo, el camino que muchos que nos formamos en la dictadura tuvimos que recorrer, abandonando nuestra formación autoritaria. Claro, que puede ser que eso sea lo que se busca. En este proyecto de ley hay mucho de resentimiento y también de venganza de 30 años de intento de construir otro modelo de sociedad y de país, alejado del modelo franquista. Pero parece que en muchos casos no ha sido muy exitoso el intento.

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