Fútbol sin furia

Los futboleros estamos de enhorabuena con el comienzo de la Eurocopa 2012 de Fútbol, un torneo con una doble sede: Ucrania y Polonia. Durante algo más de dos semanas tendremos la posibilidad de disfrutar, eso espero, con las mejores selecciones de fútbol europeas, algunas de ellas con varios títulos continentales y otras, además, con galardones mundiales, caso de Italia, Alemania, Inglaterra, Francia y, más recientemente, España, la actual poseedora de los dos títulos.

Se juntarán en los terrenos de juego una pléyade de enormes jugadores: Xavi, Ronaldo, Robben, Pirlo, Ribéry, Cech, Rooney, Özil...y alguno menos conocido que se consagrará en este torneo. No sólo está en juego el título de campeón europeo de selecciones: buena parte de los principales aspirantes al Balón de Oro se dan cita en la Eurocopa y sus actuaciones, con permiso del argentino Messi, el mejor jugador del mundo con diferencia, pueden ser determinantes para la clasificación final de este premio que otorga la FIFA mediante votaciones de periodistas, capitanes y seleccionadores.

Las previsiones para los que amamos la estética del fútbol son, en principio bastante optimistas, pues el buen trato al balón de España parece que ha sentado escuela y es seguido por selecciones de primer nivel, caso de Alemania, una de las favoritas junto a Holanda, precursora del fútbol total y subcampeona del pasado mundial, su tercera final perdida tras las de Alemania (1974) y Argentina (1978). Como favorita es. también, La Roja, que pretende pasar a la historia como la primera que logra el triplete, tras sus sucesivos éxitos en la Eurocopa de 2008 (organizada por Austria y Suiza), dirigida por Luis Aragonés, y el Mundial de Sudáfrica de 2012, con Vicente Del Bosque al frente.

Tendencia

Sería malo para el fútbol que, repitiendo lo que ocurrió en la reciente Liga de Campeones de la UEFA, o la Champions, como ustedes prefieran, ganara una propuesta futbolística tan poco atractiva estéticamente, tan conservadora, tan defensiva, tan rácana, como la del Chelsea entrenado por Di Matteo; tan práctica, me podrán objetar, visto su triunfo final ante el Bayern en su propio estadio y la manera en que accedió, eliminando al Barcelona sin apenas salir de su área, al encuentro definitivo de Munich.

Lo digo porque los ganadores, en este y en otros ámbitos, crean tendencia, generan imitadores: y puestos a imitar son mucho mejores, a mi juicio, los ejemplos del Barcelona y de la selección española. Como los del Ajax y el Milan históricos o las selecciones brasileñas del pasado.

Ojalá sea así y que, además, no haya violencia y sí creatividad y belleza en el césped. Y que, consecuentemente, hablemos más de los Iniesta, Van Persie, Gotze, Balotelli y Benzema que de los Pepe y De Jong. Y, ya puestos, que el grancanario Silva confirme que es nuestro Messi.

Algunos me objetarán que el fútbol es el moderno opio del pueblo y que con el mismo, con su omnipresencia mediática, se pretende tapar las carencias sociales, las enormes miserias cotidianas que afectan a la gente, adormeciendo la contestación social. Tarea, en todo caso, muy difícil en momentos de tantas penurias, con casi seis millones de parados -cerca de 400.000 en el caso de Canarias- y una cuarta parte de la población española en riesgo de pobreza y exclusión social, muchos de ellos niños y niñas.

Es posible que muchos se encuentren alienados por la pasión futbolística, como otros lo están por el rock, la droga, el trabajo, la telebasura, la religión o el esoterismo y, asimismo, por las redes sociales. Es posible que el fútbol se parezca algo a la religión, como plasmara José Luis Sampedro en uno de sus relatos, Aquel santo día en Madrid, con sus rituales, sus dioses, sus sacerdotes, sus catedrales… y que a la gente le cueste tanto cambiar de equipo como cambiar de dogma de fe. Manuel Vázquez Montalbán decía que el fútbol es “una religión laica en la Europa posmoderna, y los feligreses son bombas sociales de explosión retardada en manos de dirigentes que no han superado lo que los psicólogos llaman edad prelógica“.

Euforia colectiva

Aunque Mariano Rajoy apelara al triunfo de La Roja, señalando que España precisa “una alegría en tiempos tan difíciles” -alegría que nos podían dar él y la señora Merkel cambiando sus políticas anti personas– un triunfo, sea de la selección española o de cualquier otra de las presentes en la Eurocopa, desbordará solo durante algunos días la euforia colectiva de buena parte de la ciudadanía de los vencedores y elevará circunstancialmente los sentimientos patrios de algunos. Y punto.

Más sensatas que las de Rajoy me resultan las declaraciones del seleccionador Del Bosque, en las que afirma: “Estamos acostumbrados a la presión, defendemos el título de Europa y somos campeones del mundo, aunque ganarlo no creo que sea la solución de España“, en prudente respuesta a las palabras del presidente del Gobierno español.

Por cierto, en torno a la polémica sobre las primas a La Roja (300.000 euros por barba si ganan el torneo), entiendo el malestar de mucha gente, al que me sumo. Me parece una cifra completamente desorbitada. Y una inmoralidad desvergonzada que, encima, pretendan no tributar en España, como habitualmente hacen algunos de nuestros deportistas de élite y algunos artistas, muy patriotas todos ellos. Sería todo un detalle que todo estos millonarios, maravillosamente pagados en sus clubes, a lo que se suma los relevantes ingresos que perciben por publicidad, cedieran parcial o totalmente la misma a las ONGs que luchan contra la pobreza en un país que se encuentra en las actuales circunstancias de desempleo y de brutal retroceso de las condiciones de vida de amplias capas de la sociedad.

Jugar bien

Termino. Este nacionalista acogedor y heterodoxo está con La Roja y su manera de entender el fútbol. No lo estuve siempre. Me producía un enorme rechazo cuando se planteaba que la única manera de triunfar era la raza y la furia, la testosterona, en definitiva, y practicaban un fútbol horroroso, que me hacía huir del televisor. Y encima, perdían.

La realidad, afortunadamente, ha dejado en su sitio a los defensores de tan pobres teorías. Por ello, coincido con Ángel Cappa cuando asevera lo siguiente: “Si advertimos la trampa de la disyuntiva mal planteada (¿jugamos para el resultado o jugamos para el espectáculo?), tendremos que decir que el fútbol es eficacia y belleza, que se juega bien para ganar y que no es necesario negar el espectáculo que el fútbol es en sí mismo, para obtener el triunfo que es lo que todos deseamos”.

Empieza la Eurocopa de fútbol de 2012. Que ustedes, si les apetece, la disfruten. Que ellos, los futbolistas y las selecciones, den motivo para el divertimento.

————————–Estoy también en Twitter: @EnriqueBeth

En esta ocasión, en lugar de un regalo musical les dejo con un texto del libro ‘Fútbol a sol y sombra’
Eduardo Galeano: ‘El jugador’

Corre, jadeando, por la orilla. A un lado lo esperan los cielos de la gloria; al otro, los abismos de la ruina. El barrio lo envidia: el jugador profesional se ha salvado de la fábrica o de la oficina, le pagan por divertirse, se sacó la lotería. Y aunque tenga que sudar como una regadera, sin derecho a cansarse ni a equivocarse, él sale en los diarios y en la tele, las radios dicen su nombre, las mujeres suspiran por él y los niños quieren imitarlo. Pero él, que había empezado jugando por el placer de jugar, en las calles de tierra de los suburbios, ahora juega en los estadios por el deber de trabajar y tiene la obligación de ganar o ganar.
Los empresarios lo compran, lo venden, lo prestan; y él se deja llevar a cambio de la promesa de más fama y más dinero. Cuanto más éxito tiene, y más dinero gana, más preso está. Sometido a disciplina militar, sufre cada día el castigo de los entrenamientos feroces y se somete a los bombardeos de analgésicos y las infiltraciones de cortisona que olvidan el dolor y mienten la salud. Y en las vísperas de los partidos importantes, lo encierran en un campo de concentración donde cumple trabajos forzados, come comidas bobas, se emborracha con agua y duerme solo.
En los otros oficios humanos, el ocaso llega con la vejez, pero el jugador de fútbol puede ser viejo a los treinta años. Los músculos se cansan temprano:
-Éste no hace un gol ni con la cancha en bajada.
-¿Éste? Ni aunque le aten las manos al arquero.
O antes de los treinta, si un pelotazo lo desmaya de mala manera, o la mala suerte le revienta un músculo, o una patada le rompe un hueso de esos que no tienen arreglo. Y algún mal día el jugador descubre que se ha jugado la vida a una sola baraja y que el dinero se ha volado y la fama también. La fama, señora fugaz, no le ha dejado ni una cartita de consuelo.

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2 pensamientos en “Fútbol sin furia

  1. Compartimos la afición por el fútbol, aunque su comentario sobre Messi le inclina hacia el Barcelona. Mi madre, desde que nací, me vistió con ropa blanca -camisilla y calzoncillos- por eso quizás siempre me gustó el Madrid. No obstante, reconozco que hoy por hoy, el Barcelona es mejor equipo que el Madrid. Soy admirador del fútbol canario y sus joyas: Germán o Guedes, y sigo con interés la carrera de Silva, Pedro, Valerón, Angel y los nuevos canteranos.
    Espero, como Vd. disfrutar estos días con el balompié e intentar olvidarme de la prima de riesgo y de las múltiples malas noticias económicas que nos depara el día a día. Saludos.

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