Cardona, peligro inminente

Una de las propuestas más demagógicas de Juan José Cardona, actual alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, en la campaña electoral de las locales de mayo fue su compromiso de bajar los impuestos. Conocía el entonces candidato y hoy alcalde las dificultades económicas por las que atraviesan los ayuntamientos en general, y el de la capital grancanaria en particular, acrecentadas por algunas millonarias sentencias urbanísticas, casualmente por pifias cometidas en la anterior etapa de gobierno del PP, con José Manuel Soria y Pepa Luzardo al frente de la corporación, que han dejado más que tocadas las ya menguadas arcas municipales. Pero parece que en electoral campaña todo vale, aunque se vaya contra el rigor y el sentido común.

Instalado ya en su despacho del antiguo hotel Metropole, en el que Agatha Christie escribiera uno de sus relatos policiales, ‘La señorita de compañía’, Cardona nos ha sorprendido por su búsqueda constante de titulares.

En primer lugar, resucitando la Gran Marina, tras el fracaso al que se llevó a ese proyecto por la soberbia de los que creen que la obtención de una mayoría absoluta significa licencia para hacer lo que les dé la gana, incluso saltando por encima de la legislación vigente.

Más cercano en el tiempo, esta misma semana, el alcalde ha subido bastante el nivel, con una nueva ocurrencia: su propuesta de instalar la planta regasificadora en el puerto de la ciudad, concretamente en la zona de La Isleta conocida como Roque Ceniciento. Sin evaluar las condiciones de seguridad ni el hecho de que la instalación debe estar cercana a donde va a suministra el gas; y amparándose en dos ‘argumentos de peso’: el peligro de que se lleven la inversión a Tenerife, que con tantas perras pondrá una supermacroregasificadora espialidosa, y el objetivo de disminuir la dependencia energética, como si el gas lo extrajéramos de una bolsa situada en aguas insulares. A las renovables, que les den.

Una propuesta que llevó a Javier Sánchez Simón, ex responsable de la Autoridad Portuaria y militante del PP, nada sospechoso de ecologismos varios, a afirmar que “alucinaba” con el cardonístico planteamiento, señalando que dicha instalación no era adecuada en esa zona, al suponer dif¡cultades para el normal funcionamiento del puerto durante su construcción y, además, porque obligaría a instalar un gaseoducto que trasladara el gas hasta la central de ciclo combinado de Juan Grande, a más de 60 kilómetros.

Y ahora, las guaguas

Y si Gran Marina y regasificadora fueran poco, el muy ilustre ayuntamiento nos sorprende con otra brillante decisión: la subida del precio de las guaguas en más de un 9%, de 10 céntimos de incremento en el pago directo (de 1,20 a 1,30) y de un euro en el bono de diez viajes, el más usado, que pasa de 6,50 euros a 7,50. Elevando el coste de un servicio que utiliza diariamente la gente menos favorecida para trasladarse a sus trabajos. O a las oficinas de los servicios de empleo, que también.

En tiempos difíciles, con más de 50.000 parados en la ciudad, con notable reducción de salarios privados y públicos, con crecimiento constante de la pobreza, con dramáticas perspectivas económicas para 2012… el grupo de gobierno del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria castiga intencionadamente a los que menos tienen.

No hay misterio ni dudas sobre la autoría. Miss Marple lo tiene esta vez bien fácil para descubrir y poner a buen recaudo a los responsables de semejante atropello a la ciudadanía, planificado con nocturnidad y alevosía, entre las paredes del viejo Metropole. Aunque tal vez el caso de las guaguas, y las diversas actuaciones municipales, se adapten más, mucho más, al Poirot de ‘Peligro inminente’.

 

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Álvaro Mutis

Un día, hace unos veinte años, entre los libros en oferta de unos grandes almacenes, en medio de obras sin el menor valor, me encontré con un libro de Álvaro Mutis, ‘Un bel morir’. Fue antes de que el escritor colombiano fuera más conocido tras obtener el Príncipe de Asturias de las Letras (1997) y el premio Cervantes (2001). Desde entonces leo con entusiasmo a Mutis y a su imprescindible personaje, Maqroll el Gaviero.

En esta ocasión, comparto con ustedes otra faceta del escritor, con una muestra de su obra poética.

    CADA POEMA

Cada poema un pájaro que huye
del sitio señalado por la plaga.
Cada poema un traje de la muerte
por las calles y plazas inundadas
en la cera letal de los vencidos.
Cada poema un paso hacia la muerte,
una falsa moneda de rescate,
un tiro al blanco en medio de la noche
horadando los puentes sobre el río,
cuyas dormidas aguas viajan
de la vieja ciudad hacia los campos
donde el día prepara sus hogueras.
Cada poema un tacto yerto
del que yace en la losa de las clínicas,
un ávido anzuelo que recorre
el limo blando de las sepulturas.
Cada poema un lento naufragio del deseo,
un crujir de los mástiles y jarcias
que sostienen el peso de la vida.
Cada poema un estruendo de lienzos que derrumban
sobre el rugir helado de las aguas
el albo aparejo del velamen.
Cada poema invadiendo y desgarrando
la amarga telaraña del hastío.
Cada poema nace de un ciego centinela
que grita al hondo hueco de la noche
el santo y seña de su desventura.
Agua de sueño, fuente de ceniza,
piedra porosa de los mataderos,
madera en sombra de las siemprevivas,
metal que dobla por los condenados,
aceite funeral de doble filo,
cotidiano sudario del poeta,
cada poema esparce sobre el mundo
el agrio cereal de la agonía.

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