Como los mercados mandan

Al presidente Mariano Rajoy le gusta que todo se haga “como Dios manda”, desde la política energética a las cuentas públicas, pasando por el sistema educativo o el modelo de financiación. Es una frase que repite con mucha frecuencia, incluso para los avatares de la política económica en tiempos de crisis, como si el Supremo Hacedor eligiera entre neoliberales y socialdemócratas, entre recortes brutales o keynesianismo, entre menos maestros, enfermeras y médicos o más protección social a los vulnerables; y, coño, lo hiciera siempre a favor de las primeras y restrictivas propuestas.

Espero que Dios no esté detrás de las cuasi apocalípticas previsiones económicas de Funcas, la Fundación de las Cajas de Ahorro, para este año que agoniza y para el inmediato 2012. Y es que, hace unos días, su director de Coyuntura, Ángel Laborda, aseguraba en unas jornadas sobre perspectivas económicas y negocio inmobiliario que los recortes anunciados por el presidente Rajoy en su discurso de investidura, de 16.500 millones de euros en 2012 (que se añaden a los 15.000 que ya recortó Zapatero entre mitad de 2010 y 2011), tendrán muy poco que ver con la, aún más cruda, realidad.

Estos recortes rajoyanos están calculados para un déficit de las administraciones públicas para el presente año del 6%, dato que casi nadie cree que se pueda cumplir; unos expertos lo elevan al 7% o 7,5% (porcentaje en el que coincide el presidente de la CEOE, Juan Rosell, que calcula un ajuste entre 26.500 y 31.500 millones) y otros, como Laborda, al 8% del Producto Interior Bruto (PIB). Esto obligaría, para alcanzar el 4,4% del PIB pretendido en 2012, a un recorte mucho más duro, que alcanzaría los 40.000 millones de euros, más del doble del planteado por el nuevo Gobierno.

Recesión

Funcas señala, igualmente, que ya estamos en recesión en este cuarto trimestre del año. Y que en ella permanecerá España durante los primeros seis meses de 2012, produciéndose posteriormente una pequeña recuperación. Pero 2012, aseguran, se cerrará con un decrecimiento medio de la economía española del 0,5%. Un porcentaje que supone más destrucción de empleo, más dificultades para alcanzar los objetivos de déficit y, tiemblen, más necesidad de recortes.

Para rematar la jugada, el director de Coyuntura de Funcas indicó que el marco dibujado es incluso “optimista”, manda rosas a Sandra que se va de la ciudad, al estar condicionado a la evolución de asuntos muy relevantes por resolver, entre ellos los que afectan a la crisis de deuda soberana, el ajuste fiscal y el saneamiento del sector financiero.

Aunque el nuevo Gobierno conservador no ha anunciado de forma clara en dónde recortará, todo apunta a que se reducirán notablemente las inversiones públicas, se congelarán las convocatorias de acceso a empleo en las administraciones (salvo policía y ejército, por si acaso), se reducirá significativamente el salario de sus trabajadores y se rebajarán las actuales prestaciones a los desempleados; y, muy probablemente, se equiparará el IVA al de países como Italia, es decir al 21%. Y, aún así, no habrá suficientes agujeros en el cinturón, no será nada fácil alcanzar los objetivos planteados por el nuevo Ejecutivo.

Fraude fiscal

¿Y si trataran de aflorar una parte, solo una parte, de esos 80.000 millones de euros de fraude fiscal que se calcula en España, el 23% del PIB frente al 13% de media de la Unión Europea? Puestos a imponer el “como Dios manda”, que aprenda del que expulsó a los mercaderes del templo.

Porque lo que no vale es dejarse influir por el espíritu del Dios del Antiguo testamento, el mismo que destruyó la ciudad de Sodoma con fuego y azufre que caía a mansalva del cielo (casi una explosión nuclear) y convirtió en estatua de sal a la mujer de Lot por echar una miradita a tan brutal bombardeo, propició un diluvio que acabó del bolichazo con toda la humanidad salvo un pequeño grupo de escogidos (adelanto, sin duda, del cambio climático) y ordenó a Abraham nada menos que sacrificar a su hijo Isaac, y este, muy obediente, lo preparó todo, dispuesto a degollarlo en un altar, como nos mostraban en nuestros muy sádicos libros infantiles. Como en el viejo refrán canario, por duro que resulte, ‘Bueno es Dios, y mata gente’.

Siguiendo las presidenciales enseñanzas, por laico que se sea, habrá que pronunciar un ¡Que Dios nos coja confesados! o un ¡Que Dios nos ampare!, dado que el empequeñecido Estado, sometido por la ley de la selva del neoliberalismo, parece que estará cada vez menos por la labor de proteger a la ciudadanía y, especialmente, a sus sectores más vulnerables.

O, en fin, esperar a que nuestros gobernantes, en un alarde de sinceridad, pronuncien sin eufemismos la verdadera frase que alumbra sus decisiones: “Vamos a hacer una política energética, social, económica… como los mercados mandan”. Y estos, como en el Antiguo Testamento, sí que suponen una deidad absolutamente inhumana, cruel e inmisericorde.

 

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Entre tanto villancico, una canción de Navidad bien distinta, en la voz y la guitarra de Silvio Rodríguez, nuestro Dylan en español.

http://www.youtube.com/watch?v=9-wLFgsu67A

Y un viejo texto de Gabo, una forma muy diferente al uso de valorar estas fiestas navideñas.

Estas Navidades siniestras

GABRIEL GARCÍA MARQUEZ

EL PAÍS  –  Opinión – 24-12-1980

Ya nadie se acuerda de Dios en Navidad. Hay tantos estruendos de cometas y fuegos de artificio, tantas guirnaldas de focos de colores, tantos pavos inocentes degollados y tantas angustias de dinero para quedar bien por encima de nuestros recursos reales que uno se pregunta si a alguien le queda un instante para darse cuenta de que semejante despelote es para celebrar el cumpleaños de un niño que nació hace 2.000 años en una caballeriza de miseria, a poca distancia de donde había nacido, unos mil años antes, el rey David. 954 millones de cristianos creen que ese niño era Dios encarnado, pero muchos lo celebran como si en realidad no lo creyeran. Lo celebran además muchos millones que no lo han creído nunca, pero les gusta la parranda, y muchos otros que estarían dispuestos a voltear el mundo al revés para que nadie lo siguiera creyendo. Sería interesante averiguar cuántos de ellos creen también en el fondo de su alma que la Navidad de ahora es una fiesta abominable, y no se atreven a decirlo por un prejuicio que ya no es religioso sino social.

Lo más grave de todo es el desastre cultural que estas Navidades pervertidas están causando en América Latina. Antes, cuando sólo teníamos costumbres heredadas de España, los pesebres domésticos eran prodigios de imaginación familiar. El niño Dios era más grande que el buey, las casitas encaramadas en las colinas eran más grandes que la virgen, y nadie se fijaba en anacronismos: el paisaje de Belén era completado con un tren de cuerda, con un pato de peluche más grande que Un león que nadaba en el espejo de la sala, o con un agente de tránsito que dirigía un rebaño de corderos en una esquina de Jerusalén. Encima de todo se ponía una estrella de papel dorado con una bombilla en el centro, y un rayo de seda amarilla que había de indicar a los Reyes Magos el camino de la salvación. El resultado era más bien feo, pero se parecía a nosotros, y desde luego era mejor que tantos cuadros primitivos mal copiados del aduanero Rousseau.

La mistificación empezó con la costumbre de que los juguetes no los trajeran los Reyes Magos -como sucede en España con toda razón-, sino el niño Dios. Los niños nos acostábamos más temprano para que los regalos llegaran pronto, y éramos felices oyendo las mentiras poéticas de los adultos. Sin embargo, yo no tenía más de cinco años cuando alguien en mi casa decidió que ya era tiempo de revelarme la verdad. Fue una desilusión no sólo porque yo creía de veras que era el niño Dios quien traía los juguetes, sino también porque hubiera querido seguir creyéndolo. Además, por pura lógica de adulto, pensé entonces que también los otros misterios católicos eran inventados por los padres para entretener a los niños, y me quedé en el limbo. Aquel día como decían los maestros jesuitas en la escuela primaria- perdía la inocencia, pues descubrí que tampoco a los niños los traían las cigüeñas de París, que es algo que todavía me gustaría seguir creyendo para pensar más en el amor y menos en la píldora.

Todo aquello cambió en los últimos treinta años, mediante una operación comercial de proporciones mundiales que es al mismo tiempo una devastadora agresión cultural. El niño Dios fue destronado por el Santa Claus de los gringos y los ingleses, que es el mismo Papa Noél de los franceses, y a quienes todos conocemos demasiado. Nos llegó con todo: el trineo tirado por un alce, y el abeto cargado de juguetes bajo una fantástica tempestad de nieve. En realidad, este usurpador con nariz de cervecero no es otro que el buen san Nicolás, un santo al que yo quiero mucho porque es el de mi abuelo el coronel, pero que no tiene nada que ver con la Navidad, y mucho menos con la Nochebuena tropical de la América Latina. Según la leyenda nórdica, san Nicolás reconstruyó y revivió a varios escolares que un oso había descuartizado en la nieve, y por eso le proclamaron el patrón de los niños. Pero su fiesta se celebra el 6 de diciembre y no el 25. La leyenda se volvió institucional en las provincias germánicas del Norte a fines del siglo XVIII, junto con el árbol de los juguetes. y hace poco más de cien años pasó a Gran Bretaña y Francia. Luego pasó a Estados Unidos, y éstos nos lo mandaron para América Latina, con toda una cultura de contrabando: la nieve artificial, las candilejas de colores, el pavo relleno, y estos quince días de consumismo frenético al que muy pocos nos atrevemos a escapar.

Con todo, tal vez lo más siniestro de estas Navidades de consumo sea la estética miserable que trajeron consigo: esas tarjetas postales indigentes, esas ristras de foquitos de colores, esas campanitas de vidrio, esas coronas de muérdago colgadas en el umbral, esas canciones de retrasados mentales que son los villancicos traducidos del inglés; y tantas otras estupideces gloriosas para las cuales ni siquiera valía la pena de haber inventado la electricidad.

Todo eso, en torno a la fiesta más espantosa del año. Una noche infernal en que los niños no pueden dormir con la casa llena de borrachos que se equivocan de puerta buscando dónde desaguar, o persiguiendo a la esposa de otro que acaso tuvo la buena suerte de quedarse dormido en la sala. Mentira: no es una noche de paz y de amor, sino todo lo contrario. Es la ocasión solemne de la gente que no se quiere. La oportunidad providencial de salir por fin de los compromisos aplazados por indeseables: la invitación al pobre ciego que nadie invita, a la prima Isabel que se quedó viuda hace quince años, a la abuela paralítica que nadie se atreve a mostrar. Es la alegría por decreto, el cariño por lástima, el momento de regalar porque nos regalan, o para que nos regalen, y de llorar en público sin dar explicaciones. Es la hora feliz de que los invitados se beban todo lo que sobró de la Navidad anterior: la crema de menta, el licor de chocolate, el vino de plátano. No es raro, como sucede a menudo, que la fiesta termine a tiros. Ni es raro tampoco que los niños -viendo tantas cosas atroces- terminen por creer de veras que el niño Jesús no nació en Belén, sino en Estados Unidos.

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La gran tijera (los de siempre costearán la crisis)

Mariano Rajoy no tiene remedio. En su discurso de investidura, y en el posterior debate, se movió, una vez más, por la ambigüedad y falta de concreción que caracterizó su campaña electoral y el tiempo transcurrido desde su victoria el pasado 20-N. Solo queda claro, eso estaba en cualquier previsible guión, que los de siempre seguirán costeando la crisis, que bancos y grandes fortunas pueden respirar tranquilos como no podía ser de otra manera con los conservadores en el poder, que la economía sumergida y el fraude fiscal continuarán campando a sus anchas, aunque sus antecesores socialistas tampoco pueden presumir mucho en esas materias.

Que, en definitiva, sólo habrá recortes brutales y menos (y más degradados) servicios públicos. Y, con toda seguridad, más desempleo, más pobreza y mayor desprotección social.

Sí, ya lo sé, se va a cargar los puentes (se podría ironizar que también el resto de las infraestructuras, porque la reducción de la inversión pública va a ser de escándalo), va a mantener la jubilación a los 67 y evitar las prejubilaciones, además de no congelar las pensiones, cosa de la que me alegro y en la que ya señalé que se equivocó Rodríguez Zapatero, y recuperar el ministerio de Agricultura.

Pero del resto, vaya usted a saber. Sí, va a recortar nada más y nada menos que 16.500 millones de euros, cerca de tres billones de pesetas, casi nada. Una parte, pequeña corresponderá a no cubrir la tasa de reposición en las administraciones, salvo notables y casi siempre uniformadas excepciones. Pero el resto vendrá de medidas más drásticas que afectarán a los trabajadores públicos y a los servicios que prestan así como a la financiación de las comunidades autónomas.

Elecciones

Pero Rajoy no cuenta de dónde saldrán esas perras de menos, de qué se detraerán, salvo que serán, faltaría más, de cercenar aún más lo público. Porque un recorte de semejantes dimensiones afectará al empleo y a la calidad de los servicios públicos, que podrán colgar el cartel de ¡EN LIQUIDACIÓN!

¿Lo anunciará, urbi et orbi, tras las próximas elecciones andaluzas? ¿lo hará en el Consejo de Ministros de este viernes 23? ¿o en el del 30 de diciembre para amargarnos las uvas?

Ambigua es, asimismo, su propuesta de ampliar el Bachillerato a tres años, frente a los dos actuales. Porque uno sospecha que en medio de esos brutales recortes en lo público esa ampliación, que supondría más recursos y más profesorado, sólo podrá llevarse a cabo ‘gratis’ eliminando el cuarto de la ESO, es decir, reduciendo en un año la educación obligatoria, que pasaría de extenderse hasta los 16 a hacerlo hasta los 15, o segregando directamente a los que no irán al Bachillerato. En caso contrario, muy poco probable, se retrasaría un año la entrada en la Universidad y, consecuentemente, en la edad de acceso al empleo o a las listas de parados.

Por otra parte, resulta poco presentable criticar el sistema educativo español y sus resultados y no contextualizarlo en su situación de partida deficitaria respecto a los países punteros de la OCDE y el mucho menor esfuerzo económico, medido en porcentaje del PIB, que hace España respecto a los estados más avanzados en materia educativa. Ahora alcanzaremos la cuadratura del círculo: menos presupuestos para Educación y, dice el nuevo presidente, mejores resultados académicos. Pícamelo menudo que lo quiero para la cachimba.

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RECOMENDACIÓN LITERARIA: ‘SI LE DIGO LE ENGAÑO’, DE CARLOS ÁLVAREZ

“Encontrar una saca a la deriva con 50 kilos de cocaína puede ser una suerte o una maldición. Y no fue una. Fueron dos sacas, de tamaño y peso parejos, las que encontraron Kristo y Yeray una noche cuando iban a pescar. Los dos amigos, uno malviviendo del barucho en la Feria del Atlántico y el otro camino del paro, vieron en el hallazgo una magnífica oportunidad para salir de la crisis. Pero hay que ser un valiente o un inconsciente para meterse en un negocio desconocido y en el que es muy difícil mantener las buenas formas.

Por esta novela desfilan, junto a Kristo y Yeray, el comisario Palop, Antonio el Loco, Narcopolo o Nené, policías, camellos, periodistas y políticos que conforman un universo insular donde todo, casi siempre, es lo que parece”.

Para desvelar el misterio les recomiendo la lectura de la novela ‘Si le digo le engaño’, de Carlos Álvarez, que anteriormente nos deleitó con ‘Negra hora menos’ y ‘La pluma del arcángel’.

Buena literatura hecha en Canarias, que ya está en las librerías de las Islas.

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CHARLIE PARKER

“Eso ya lo toqué mañana”, dice Johnny Carter, reencarnación de Charlie Parker en “El Perseguidor” de Julio Cortazar. Reconozco mi debilidad por este enorme saxofonista, acrecentada tras la lectura del relato de Cortázar. Disfrútenlo.

http://www.youtube.com/watch?v=j1bWqViY5F4

Lo que hará Rajoy (y me quedaré corto)

Todos los secretos, mentiras y silencios que Mariano Rajoy (al que los medios de comunicación se empeñan en llamar presidente electo, como si este no fuera un sistema parlamentarista y no presidencialista: el Congreso podría elegir titular del Ejecutivo español a Alberto Ruiz Gallardón, Soraya Sáenz de Santamaría, Esteban González Pons o a José Manuel Soria, si así lo decidieran los diputados del mayoritario Grupo Popular) ha mantenido ante, bajo, cabe, con, contra, en, entre y desde la campaña electoral, acabarán horas después de que, como decía Les Luthiers, ponga pie en La Moncloa, o sea, haga hincapié.

Las incógnitas sobre sus recetas para afrontar esta profunda crisis económica quedarán, por fin, desveladas, al menos inicialmente, o bien en el primer Consejo de Ministros, el próximo 23 de diciembre, o en el que, previsiblemente, se celebrará una semana después. Aunque algo tendrá que adelantar, menos no se despacha, en su discurso de investidura y en el posterior debate.

Se acabó la prolongada faceta de crítica más o menos fácil al Gobierno de Rodríguez Zapatero, de burla sobre sus propuestas económicas y, asimismo, de escaso apoyo incluso cuando la cosa se puso algo más que cruda. Destruir es, en cualquier faceta de la vida, mucho más sencillo que construir.

Ahora toca tomar decisiones que van a afectar a la vida de millones de personas y que están condicionadas por los mandatos del eje Merkel-Sarkozy, los nuevos emperadores de esta vieja Europa egoísta que se desmorona, y por las propias convicciones de un PP que representa las posiciones más neoliberales, junto a CiU, entre las formaciones políticas presentes en el Congreso. Y que se siente legitimado para entrar a saco por su cómodo y rotundo triunfo en las urnas el pasado 20 de noviembre, por su rotunda mayoría absoluta en ambas cámaras, aunque esta haya estado más condicionada por el total hundimiento de su rival socialista que por el crecimiento propio.

Medidas

¿Cuáles son las previsibles medidas para recortar el déficit que adoptará el Gobierno del PP de manera inmediata?

En mi opinión, entre otras, la congelación de las pensiones (que tanto criticaron al Ejecutivo del PSOE), una nueva subida del IVA (que consideraron, cuando el Gobierno la adoptó, en julio de 2010, “un sablazo de Rodríguez Zapatero”) y una nueva y consustancial bajada del salario de los funcionarios públicos (entre el 7 y el 10%), así como una reducción de los trabajadores que prestan servicios en la Administración, empezando por laborales, interinos y eventuales, pero también rebajando funcionarios, de entrada no cubriendo la tasa de reposición (plazas vacantes por fallecimiento, excedencia o jubilación) de maestros o médicos, así como del resto de personal de la administración; aunque buena parte del tijeretazo lo tendrán que aplicar las comunidades autónomas a las que reducirá considerablemente las transferencias estatales, con lo que los Presupuestos que varias de ellas están elaborando quedarán en agua de borrajas.

Cuesta recordar cuando el PP decía, hace bien poco, en su campaña en contra de la subida del IVA (calificada, en lenguaje taurino, de auténtica “puntilla” a autónomos y pequeñas y medianas empresas) aquello de que “ZP no puede pedir más sacrificios a los españoles”; uy, uy, uy, lo que pasa cuando se escupe para arriba. O cuando se ejerce una oposición irresponsable.

Todas estas medidas de Rajoy y los suyos van a suponer un mayor deterioro de los servicios públicos, en un Estado que, como señala el profesor Vicenc Navarro, “tiene el gasto público social por habitante más bajo de la UE-15 (el grupo de países de semejante desarrollo económico al español). Un tanto semejante ocurre si se escoge otro indicador: el gasto público social como porcentaje del PIB. España tiene el porcentaje más bajo de la UE-15”. Y, en consecuencia, “los servicios públicos del Estado del bienestar (tales como sanidad, educación, servicios domiciliarios a las personas con dependencia, escuelas de infancia, servicios sociales, vivienda social, entre otros) están muy poco desarrollados”.

Además, esa fórmula, llevará inevitablemente a una mayor contracción de la economía, a menor consumo y a mayor desempleo, condenando a la desprotección social y a la miseria a una parte de la población. Y haciéndonos más pobres a la inmensa mayoría de ciudadanos y ciudadanas. Como ha señalado estos días el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz  “que el PP se centre en la austeridad tras llegar al Gobierno no resolverá el problema de España. Lo que debería hacer Rajoy es reestructurar el actual modelo de gastos e impuestos para incentivar la demanda. Apostar por la austeridad es un suicidio”.

Agárrense que vienen curvas.

 

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Algunos datos de interés (FUENTE: EUROSTAT)

 

PORCENTAJE DE PERSONAS QUE TRABAJAN EN SERVICIOS DEL ESTADO DEL BIENESTAR

 

ESPAÑA                                    10,26

UE-15                                                15,01

SUECIA                                    23,75

 

GASTO PÚBLICO EN ÁREAS SOCIALES POR HABITANTE

ESPAÑA                                    5.526 EUROS

UE-15                                                7,464

SUECIA                                    9.028

 

SANIDAD

% DEL PIB

ESPAÑA                                    5,7

UE-15                                                7,8

GASTO POR HABITANTE

ESPAÑA                                    1.572 EUROS

UE-15                                                2.031

EDUCACIÓN

% DEL PIB

ESPAÑA                                    4,4

UE-15                                                5,1

GASTO POR ALUMNO

PRIMARIA                                    SECUNDARIA

ESPAÑA                        4.806                                                            6.316

UE-15                                    6.254                                                            7.272

 

 

 

 

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Y para relajarnos de tanta cifra y de tanta perspectiva negativa, un paseo literario y musical por Uruguay.

Eduardo Galeano: fragmentos del capítulo ‘Defensa de la palabra’, del libro “Nosotros decimos no” (Siglo XXI Editores), publicado en 1989.

“Uno escribe a partir de una necesidad de comunicación y de comunicación con los demás, para denunciar lo que duele y compartir lo que da alegría. Uno escribe contra la propia soledad y la soledad de los otros. Uno supone que la literatura transmite conocimiento y actúa sobre el lenguaje y la conducta de quien la recibe; que nos ayuda a conocernos mejor para salvarnos juntos. Pero <<los demás>> y <<los otros>> son términos demasiado vagos; y en tiempos de crisis, tiempos de definición, la ambigüedad puede parecerse demasiado a la mentira. Uno escribe, en realidad, para la gente con cuya suerte, o mala suerte, uno se siente identificado, los malcomidos, los maldormidos, los rebeldes y los humillados de esta tierra.

(…)

Si la sociedad tiende a organizarse de tal modo que nadie se encuentra con nadie, y a reducir las relaciones humanas al juego siniestro de la competencia y el consumo, hombres solos usándose entre sí y aplastándose los unos a los otros, ¿qué papel puede cumplir una literatura del vínculo fraternal y la participación solidaria?

(…)

Sostener que la literatura va a cambiar, de por sí, la realidad, sería un acto de locura o pedantería. No me parece menos necio negar que en algo puede ayudar a que cambie.

La conciencia de nuestras limitaciones es, en definitiva, una conciencia de nuestra realidad. En medio de la niebla de la desesperanza y la duda, es posible enfrentar las cosas cara a cara y pelearlas cuerpo a cuerpo: a partir de nuestras limitaciones, pero contra ellas”.

 

Y para completar, otro uruguayo universal, el ‘paisito’ da para mucho, Daniel Viglietti y su ‘Esdrújulo’:

http://www.youtube.com/watch?v=Z6gawqjDVPY

 

CC de Gran Canaria, elogio a la pluralidad

Unos 35.000 grancanarios dieron su apoyo en las elecciones del pasado 22 de mayo, parece que fue ayer y que lejos queda con tanto acontecimiento en tan poco tiempo, a la lista de CC-CCN-PNC al Cabildo que encabezaba el ex alcalde de Guía Fernando Bañolas. Supongo que muchos de ellos observarán hoy con absoluta perplejidad las vueltas y cabriolas (eso sí, sin salto mortal alguno, que la mayoría se procuraron sus sólidas redes) que los tres consejeros electos de la coalición electoral han venido realizando en tan corto tramo de mandato. Unos más que otros, cierto.

Porque es difícil acumular mayores desastres en cadena en apenas un semestre. Primero los de CC fueron defenestrados del Gobierno del Cabildo, tras la maniobra del ‘nachista’ Juan Domínguez, que pactó con Bravo de Laguna para auparse a la vicepresidencia, blindar su futuro inmediato y hacer lo propio con el presidente de la institución, en el primer acercamiento del CCN al PP, luego refrendado con su candidatura conjunta a las elecciones generales. Cita electoral esta última en la que, ¡oh casualidad!, salió como senadora electa la esposa de Domínguez, Meluca Suárez. La familia que conspira unida…

Posteriormente, la cuarta de la lista de CC (¿quién confeccionó una plancha con tantos desleales por centímetro cuadrado?), Rosario Chesa, fue invitada por Bravo a formar parte del selecto equipo de asesores cabildicios; y tuvo a bien aceptar tan jugosa oferta laboral, aunque pareciera una proposición indecente, que no están los tiempos para hacer cola en los servicios de empleo.

Pero los problemas le crecen a los coalicioneros también fuera del Cabildo. Hace unos días el PP del Ayuntamiento de Moya, por un quítame allá unos bizcochos, expulsaba a los ediles de CC con quienes gobernaba desde mayo, alegando unas supuestas infidelidades presupuestarias y la posibilidad de que estuvieran organizando, camuflados entre los tilos de la antigua selva de Doramas, una moción de censura contra el alcalde Poli Suárez.

Presupuestos a la carta

Y, volviendo al Cabildo de Gran Canaria, la última muestra la tenemos en la votación de los Presupuestos de la Corporación insular para 2012 de este viernes 16 de diciembre. Los tres consejeros que formaron parte de la misma plancha de CC-CCN-PNC y que, por tanto, se supone que defendían inicialmente un programa conjunto, votaron de forma diferente a las cuentas públicas cabildicias: uno a favor, Juan Domínguez (CCN); otro, en contra, el líder de CC, Bañolas; y otro, el consejero Antonio Hernández Lobo (CC), a medio camino, entre Pinto y Valdemoro, o entre Telde y Valsequillo, si prefieren, optó por la abstención, lo que convirtió la cara de Bañolas en un auténtico poema. Merecen, desde luego, ser candidatos al Guinness de los despropósitos.

Los hechos acontecidos pueden apuntar a que nos encontramos ante una fuerza política que, en pocos meses, ha dilapidado sus relativamente buenos resultados de las autonómicas y locales, en los que tuvo mucho que ver la activa presencia de Paulino Rivero en la isla, y se encuentra en avanzado proceso de descomposición.

Pero igual nos equivocamos en tan sesuda interpretación y la cosa es mucho más simple.

Tal vez estemos ante un elogio a la pluralidad, un canto a la diversidad de posiciones, una oda a la multiplicidad de interpretaciones sobre una misma realidad, sí y no y todo lo contrario en el mismo paquete.

Aunque, con toda seguridad, mucho mejor lo expresó un insigne marxista, Groucho: “Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros”.

 

—————————————-Estoy también en twitter: @enriqueBeth

Y para variar otro elogio, en este caso ‘Elogio de la Danza’, de Leo Brouwer, relevante compositor, guitarrista y director de orquesta cubano, interpretado por Pedro Zamora.

http://www.youtube.com/watch?v=33o8lVGb3D4

‘El Día’, matonismo mediático

Paulino Rivero, presidente del Ejecutivo canario -al igual que el resto de los políticos, y sobre todo de los que tienen responsabilidades de gobierno- está continuamente en el punto de mira de los medios de comunicación. Y sus decisiones en política económica o social, son frecuentemente analizadas y, cuando corresponde, criticadas con menor o mayor acidez.

Forma parte del juego democrático; mientras que, como sabemos, en las dictaduras se impone el silencio de los cementerios, el partido y pensamiento único, así como la prensa, radio y televisión aduladoras con el poder y amordazadas para evitar cualquier ataque al mismo.

En mi caso, he sido muy duro con el presidente en determinados asuntos. Así sucedió cuando hizo promesas sobre creación de empleo, 80.000 puestos de trabajo de mediados de 2010 a las elecciones autonómicas de mayo de 2011, metafísicamente imposible de cumplir (‘Rivero se equivocó en solo 78.000’ http://bit.ly/sWn4j9). O cuando situó a nuestro sistema educativo entre los mejores de España y Europa (‘Tiembla, Finlandia’, ironicé ante su atrevimiento http://bit.ly/fIGtH2).

Pero una cosa es la muy sana crítica a la política y los políticos, que los profesionales de los medios de comunicación llevamos a cabo con aciertos y errores, que en modo alguno somos dioses, y otra traspasar fronteras que nos llevan a una actuación que merece ser calificada de manera bien distinta.

Así ocurre cuando un medio de comunicación escrito, un día sí y otro también, insulta, desprecia e incluso amenaza al democrático presidente de Canarias; insultos, desprecios y amenazas que hace extensibles a su esposa. Y del que también han sido víctimas, en distintos momentos y por diversas razones, políticos como Santiago Pérez y, en su paranoica mediocridad insularista, Gran Canaria (a la que denomina ‘tercera isla’, llena de secarrales y con peligrosas playas, como Las Canteras) y su gente.

Exilio

Calificar a Rivero de traidor, necio, déspota, canalla, adefesio e inepto. Responsabilizarle de turbios negocios en México sin la menor prueba y seguir, erre que erre con las acusaciones, tras desmentidos más que rotundos y decisiones judiciales de rectificación. Exigir que el presidente y su familia se marchen al exilio para siempre. Insinuar que cualquier día corren el riesgo de ser apedreados por masas enfurecidas. Plantear que su destino puede terminar siendo semejante al de la familia Ceaucescu (que fueron fusilados extrajudicialmente tras la caída del régimen rumano) o seguir los pasos del brutalmente linchado Gadafi…

Son algunas de las cancaburradas que encontramos cotidianamente en los editoriales del periódico ‘El Día’, sazonados con una singular mezcla de independentismo intelectualmente plano y alabanzas al dictador Franco, que les lleva a pedir que “Canarias sea una, grande y libre”. A este paso propondrán que en el áfrico, moneda futura de la Canarias independiente, figure “Cubillo, caudillo de Canarias por la gracia de Dios”, al modo y manera de las monedas franquistas.

Es posible que, para algunos, el contenido de los editoriales del periódico ‘El Día’, el comportamiento de su fanatizado director-editor y de sus amanuenses tenga algo que ver con el periodismo y la libertad de expresión.

Sin embargo, tengo la impresión de que se acerca más, mucho más, al vulgar matonismo de barrio y al golpismo mediático. Y, asimismo, considero que muchos deberían reflexionar sobre su gran responsabilidad en lo que hoy ocurre, tras haber alimentado a la fiera durante décadas y haber aplaudido, a veces, mirado para otro lado, en otras ocasiones, cuando esta despedazaba impunemente a otros dirigentes políticos, agredía a Gran Canaria y torpedeaba la unidad de nuestra tierra; cosas que sigue haciendo, por cierto.

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Y para variar, Jackson Browne, músico y activista pro-derechos humanos, y su exitoso Stay.

El pasado verano fue uno de los participantes en el Festival de Jazz de San Sebastián, y tuve la fortuna de estar esa fecha en la capital donostiarra, en una veraniega noche, final de julio, de lluvia y viento.

http://www.youtube.com/watch?v=AiHBCruacA4

Fantasía en el césped

Llevo más de cuarenta años viendo fútbol, bueno, malo y regular. Recuerdo especialmente a algunos equipos: el Brasil del setenta de Pelé, Gerson, Tostao, Rivelinho y Jairzinho; el Ajax de Johan Cruyff y la selección holandesa, la naranja mucho más creativa que mecánica que, pese a perder el mundial frente a la Alemania de Beckenbauer, es mi mejor recuerdo futbolístico de aquel campeonato, como lo son Francia y Brasil en el campeonato del 82, pese a que ninguna llegó a la final. También, por supuesto, el Milán de Van Basten y Gullit (o, como bien señala Chavanel, de Arrigo Sacchi). Grandes selecciones y clubes con jugadores de la talla de los citados, junto a otros tantos de máximo nivel, que han dejado su particular huella en el universo futbolístico.

He podido, asimismo, disfrutar en directo de la mejor UD Las Palmas, la de Germán, Guedes, Tonono y compañía; y de otras de gran nivel que mezclaron las aportaciones de la cantera con incorporaciones que la complementaban al alza, casos de Wolf, Carnevali y Brindisi. Y gozar aquí, en otros estadios o a través de la tele con las genialidades de Maradona, Cruyff, Platini, Zico, Laudrup, Zidane, Ronaldo, Xavi o Messi.

He padecido con mundiales donde se impusieron los estrategas del aburrimiento, del fútbol tosco y destructivo, del no jugar y no dejar jugar al contrario, de la desprotección de los genios ante salvajes como aquel Gentile que pateó sin piedad al Pelusa en el Mundial de España, del ‘resultadismo’ como única y penosa filosofía

He sufrido nauseas con la adoración mediática a personajes funestos, cargados de populismo cuasi fascista, como aquel presidente atlético que terminó de alcalde gracias a los votos de una ciudadanía responsable, junto con buena parte de los medios de comunicación, de colocarle en las instituciones y de premiar su demagogia, populismo chusco y barato y desmanes. En un bochinche de un pueblo de Gran Canaria descubrí, entre asombrado y abochornado, una foto del impresentable personaje en lugar destacado de la barra, en formato similar a las estampitas de vírgenes y santos; debía tener su propia iglesia.

En numerosas ocasiones he bostezado con una selección española empeñada históricamente en ensalzar los supuestos valores de la raza, de la furia y de la testosterona, características que le han conducido siempre al fracaso. Sólo cuando se ha impuesto el talento, la calidad de una brillante generación de futbolistas, merece la pena verla y el placer estético se ha traducido en éxitos y en consideración a nivel internacional.

No soporto el discurso de “hay que ganar como sea” o “vamos a morir en el campo”. Ni el de los que convierten a este deporte en lo que no es. Pese a no coincidir en modo alguno con su manera de concebir el fútbol, Javier Clemente se despachó con las declaraciones más sensatas cuando en aquel debate sobre el “interés general” de las retransmisiones de los partidos de la primera división española, aseguró que de interés general son “la sanidad y la educación públicas”.

Cuarenta años después de aquel Brasil de ensueño que goleó a Italia en la final de México, Guardiola dirige un equipo plagado de artistas-trabajadores que defienden y atacan, que pasan e inventan, que conforman una maravillosa y afinada orquesta.

Pero, sobre todo, Pep es el cerebro de un conjunto que enamora con su fútbol. Se trata, en mi opinión, del mejor equipo de los que he visto en estas cuatro décadas, con un gran Messi (sin duda, hoy por hoy, el mejor jugador del mundo) que no sería lo que es sin los Xavi, Iniesta, Busquet, Keita o Puyol. Y, sobre todo, un conjunto que no sería factible sin esa concepción del fútbol total que no considera incompatibles, sino todo lo contrario, la belleza con las opciones de victoria. Un verdadero antídoto a esa tecnocracia del fútbol profesional que denunciaba Eduardo Galeano por renunciar a la alegría, atrofiar la fantasía y prohibir la osadía.

(Publicado originalmente en Canarias7)

Estoy también en twitter: @enriqueBeth ———————————————————————————————————

No sé si el fútbol es el nuevo opio del pueblo. Soy consciente de todo el negocio que hay alrededor, de todos los intereses, de su utilización por gobiernos (como hizo la dictadura Argentina en el Mundial 86). Pero también de su belleza, de su carácter colectivo trufado con individualidades excelsas. Es un fenómeno social que ha tenido su reflejo en análisis sociológicos más o menos sesudos y hasta en la literatura. Les ofrezco dos píldoras: un fragmento de un libro de Ángel Cappa (La intimidad del fútbol) y un cuento del reciente premio nacional de las Letras, José Luis Sampedro. Que los disfruten-

“LOS QUE NUNCA SE ENAMORAN”

 Digo yo, ¿cómo será la vida de los que están en el fútbol y no lo viven desde la emoción, sino desde el resultado?

De los que nunca se entusiasman con una buena jugada o un buen jugador, de los que se pasan los partidos sufriendo.

¿Qué será de ellos los sábados por la noche, cuando nosotros soñamos ilusiones y ellos hacen cálculos para no perder?

¿Cómo se siente un tipo que no siente?

¿Cuánta intranquilidad les provoca el único habilidoso del equipo, que se ven obligados a alinear de titular? ¿Y cuánto miedo les causa el talentoso del equipo contrario?

¿Quién les habrá arrancado la fantasía tan bruscamente, como para dejarlos sólo con la incertidumbre?

¿Cómo aprenden a jugar los que nunca arriesgan?

¿Cómo se consuelan cuando pierden, los que sólo aman el resultado?

¿Qué saben de la alegría, los que nunca disfrutan?

¿Cómo descubren el placer, los que nunca ríen?

¿Cómo entienden el fútbol los que nunca quieren jugar? ¿Y la vida?

¿Cómo llegan a la felicidad los que nunca se enamoran?

Cuando ganan, ¿cuánto les dura el triunfo en el bolsillo?

Pobre gente, ¿no?

Fragmento del libro “La intimidad del fútbol”, de Ángel Cappa.

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Aquel santo día en Madrid

José Luis Sampedro

Cuando supe que mi astronave bordearía el planeta Tierra en su viaje de retorno al nuestro, le sugerí al jefe de la expedición la conveniencia de aprovechar la oportunidad para que yo pusiese al día nuestros conocimientos acerca del sentimiento religioso en las zonas terrícolas más adelantadas. La última investigación disponible databa de años atrás, a raíz del concilio ecuménico que se esforzó por modernizar la Iglesia católica y, a la vista de posteriores noticias, la situación había variado bastante por ciertas reformas vaticanas susceptibles de afectar a nuestras intenciones expansivas en la Tierra.

Tratándose de catolicismo, y dada la excesiva densidad de la contaminada atmósfera terrestre, que nos impide permanecer en ella más de un día sin equipo adecuado, lo más razonable para mi proyecto era detener la nave en la frontera gravitatoria sobre la vertical de España. Elegir este país resultaba obvio por dos motivos. Primero, porque es bien conocido como máxima encarnación nacional del catolicismo más acendrado y ortodoxo; hasta el punto de que cuando el mencionado concilio recomendaba acabar con intolerancias seculares, el Gobierno español de entonces seguía prohibiendo la libertad religiosa alegando que todos los españoles son católicos de nacimiento y no necesitan otra fe. Segundo, porque posteriormente se ha iniciado en el país una transición política cuyas repercusiones sobre la religiosidad importa conocer como dato para nuestra estrategia futura, pues, no es lo mismo presentarse en la Tierra como colaboradores científicos que montar una aparición mesiánica capaz de asegurar el control ideológico sobre mentes propicias.

Lo que convenció a mi jefe fue que para mis observaciones bastarían pocas horas, pues nuestro acercamiento al planeta coincidía con el día santo de la semana, allí llamado domingo, y el mero comportamiento de las masas populares acudiendo la los templos y practicando el culto permitiría por sí solo actualizar el índice de religiosidad. Así es como aquel domingo terrestre emprendí mi regreso a la Tierra, esquivando los toscos satélites artificiales que los atrasados terrícolas desparraman por su espacio como las latas y botellas vacías de sus playas. ¡Bien ajeno estaba yo en aquellos momentos a la sorpresa del cambio cuyas primicias informativas tengo el honor de someter a nuestras autoridades mediante la presente Memoria?

La verdad es que mi primera impresión, sobrevolando ya la capital, fue más bien confirmar lo que sabíamos, es decir, la intensa religiosidad colectiva, pues mis sensores psicosociales captaban fuertes ondas convergentes orientadas hacia un punto concreto de la ciudad. Hacia esa orientación atendían las mentes ciudadanas en su mayoría, bien meditando sobre el culto, bien preparándose con la lectura de Prensa especializada o cambiando impresiones sobre los actos del santo día. Ya veía yo a los más impacientes empezando a provocar embotellamientos en las calles conducentes al foco de convergencia, sin duda el templo principal. Desde los barrios más lejanos acudían arroyuelos humanos a sumarse en las bocas del metro o llenando autobuses y coches particulares. La creciente ionización psicológica del ambiente daba a entender que se acercaba la hora y para mí no podía existir duda de que aquellas masas, olvidando toda otra preocupación en su día sagrado, no podían concentrarse más que para una sola cosa: la celebración del culto nacional.

Mezclado con la multitud llegué al templo y me quedé estupefacto ante una arquitectura muy diferente de la conocida. Pero aún fue mayor la sorpresa en el interior, donde nada recordaba la liturgia de siempre: ni naves, ni retablos ni altares, sino un inmenso graderío al aire libre, rodeando un gran espacio rectangular cubierto de césped. En suma, algo más parecido a un circo romano que a una iglesia tradicional.

En vano procuré distinguir los consabidos símbolos del cristianismo, pues, aparte una abundante publicidad comercial (tan incompatible con la evangélica expulsión de los mercaderes del templo), los únicos objetos al parecer rituales eran tres maderos ensamblados entre sí y situados en cada uno de los lados menores del rectángulo. Dos postes verticales, algo más altos que un hombre, y un travesaño más largo colocado horizontalmente sobre ellos. Curiosamente, una red sujeta a los maderos parecía cerrar por detrás aquella especie de puertas.

Yo no sabía qué pensar. Por una parte, no podía dudar de que me encontraba ante una ceremonia religiosa, pues no podía tener otro objeto semejante reunión del pueblo en el día santo de una ciudad tan fervorosamente católica. Pero, por otra, ¿era posible tan radical transformación del culto en los pocos años de la transición … ? En esas dudas estaba cuando el clamor de los fieles que abarrotaban el graderío atrajeron mi atención hacia el comienzo del culto.

Unos personajes, sin duda los sacerdotes, emergieron del seno de la tierra por una salida en rampa y avanzaron, en hilera, a grandes saltos elásticos, hasta el centro del campo. Me sorprendió ante todo su juventud, pues yo esperaba, lógicamente, fa aparición de alguna venerable barba. En cuanto a sus ropajes ceremoniales, no eran menos insólitos que lo demás: vestían todos pantalón corto y calzaban fuertes botas. Las túnicas o camisetas diferían en el color: conté hasta 11 oficiantes cubiertos de blanco -símbolo seguramente de pureza, o al menos así era antes en la Tierra-, mientras otros 11 la llevaban de rojo oscuro, sin duda con un significado maligno, a juzgar por los gritos hostiles de la mayoría de los fieles, muy en contraste con la aclamación tributada al aparecer los 11 blancos. Tras esos 22 celebrantes emergieron otros tres, vestidos con chaquetas negras y provistos, dos de ellos, de sendas banderolas. El tercero portaba reverentemente lo que después se me reveló como el objeto fundamental del culto; a saber, una esfera al parecer de cuero y de algo más de un palmo de diámetro.

Los altavoces emitieron sonidos musicales, seguramente himnos religiosos. Se hicieron fotografías de los grupos formados por los 11 sacerdotes de cada color, que al punto se dispersaron por el campo, y se cruzaron secretas palabras litúrgicas entre un celebrante de cada bando, en presencia del portador de la esfera. Este último la depositó cuidadosamente en el suelo, ocupando el centro matemático del espacio sagrado, y extrajo de su bolsillo un argénteo silbato cuya aguda nota, rompiendo el religioso silencio de la muchedumbre, dio la señal para el comienzo del rito.

No voy a describirlo en sus detalles porque es mucho más importante el significado, que no me fue difícil interpretar, a pesar de no comprender algunos gritos de los fieles ni ciertas fases de la ceremonia, prolongada durante dos lapsos de tres cuartos de hora terrestre cada uno, con un intervalo, sin duda prescrito para la meditación, pero que más bien aprovechó la gente para relajarse bulliciosamente. En todo caso, lo esencial de la ceremonia es la constante pugna entre los dos bandos sacerdotales -los puros y los oscuros- para llevar la esfera -de cuero hacia el pórtico del bando opuesto, y lo curioso es que ese objetivo ha de lograrse únicamente mediante hábiles golpes de los pies. En todo ello participan desde el graderío los fieles tremolando banderas con los dos colores enfrentados, gritando jubilosamente el nombre de la capital española, profiriendo imprecaciones imposibles de hallar en los diccionarios e incluso -llevados de su ciego arrebato- lanzando imprudentes ofrendas de latas o botellas y otros objetos arrojadizos. Ciertamente, los españoles podrán haber cambiado de religión, pero no del apasionamiento con que la profesan.

La significación del rito descrito es transparente para cualquiera que haya estudiado algo las distintas religiones terrestres. Obviamente, la esfera sagrada encama la bola del mundo, y el esfuerzo de los oficiantes, impulsándola en opuestas direcciones dentro del rectángulo cósmico, escenifica simbólicamente la lucha entre la fuerza del Bien y del Mal, correspon-dientes a los dos colores de las vestiduras. La reiterada invocación a Madrid por los espectadores, animando a los sacerdotes blancos, puede ser supervivencia de un antiguo culto local, así como las redes que retienen la esfera cuando falla el guardián de la puerta son quizá reminiscencia del oficio del pescador ejercido por el apóstol Pedro en el relato evangélico. Pero esos restos del pasado no deben inducirnos a error. La religión hispánica actual supone una revolucionaria transformación del catolicismo hasta casi hacerlo irreconocible, pues adopta una orientación geocéntrica, más interesada en glorificar las secretas fuerzas de la naturaleza que en cultivar la vida del espíritu o las virtudes ascéticas: nada más lejos del espíritu y la ascesis que la jaranera catarsis de los fieles durante la ceremonia.

Ese culto telúrico explica muchos aspectos del rito. Por eso los sacerdotes emergen desde una cavidad subterránea; por eso ofician con el pie, que es la parte del cuerpo en contacto permanente con la tierra. En cambio tocar la esfera con la mano constituye un pecado castigado en el acto, previo un toque del silbato ritual; instrumento, por cierto, con muchos precedentes míticos, desde la siringa del dios Pan y el ney de los derviches danzantes hasta el flautista de Hammelin.

Ese fuerte componente naturalista de la nueva religión no ha de desdeñarse como un atrasado primitivismo, sino que, por el contrario, revela una aguda comprensión del alma humana, basada seguramente en los progresos terrestres del psicoanálisis. Así se explica el rasgo más desconcertante del culto, pues a primera vista parecería aberrante el empeño de los sacerdotes del Bien en llevar la esfera simbólica hacia las redes del Mal. Ciertamente, una religión más antigua e ingenua prescribiría llevar el mundo hacia la propia puerta del Bien, pero tras 2.000 años de experiencia los hombres saben que -salvo casos aislados de santidad- esa buena intención directa no conduce a los deseados fines de amar a los enemigos o desdeñar las riquezas temporales.

En cambio, los psicólogos modernos conocen bien la mayor eficacia de las vías indirectas y se aproximan al taoísmo, que, para lograr un fin dado, recomienda perseguir el opuesto. Resultado avalado por la experiencia, como en el caso de los jóvenes rebeldes que acaban integrándose mayoritariamente en su odiada sociedad como ciudadanos bienpensantes, o en el de quienes empiezan siendo revolucionarios para mejor conseguir una cartera ministerial. Así ocurre en la nueva religión hispánica, cuyo camino hacia el Bien pasa por la puerta del Mal, ateniéndose sin duda a la famosa creencia de sus economistas, que esperan alcanzar el bienestar colectivo si cada individuo se comporta con el más agresivo egoísmo. Por eso, los sacerdotes blancos impulsan el mundo hacia la puerta oscura, sabiendo de sobra que, apenas caiga en aquella red, el maestro de ceremonias hará sonar su silbato sagrado y la esfera volverá a su centro, donde se sitúa el perfecto equilibrio humano, entre la luz y la tiniebla.

Queda por explicar el importante problema de cómo ha sido posible tan extremado cambio de la fe religiosa durante una transición de solamente pocos años. La cuestión exige estudios cuidadosos, por la luz que puede arrojar sobre los procesos evolutivos de la sociedad, pero entre tanto el hecho queda en pie, aunque subsistan manifestaciones residuales del pasado en forma de alguna asistencia minoritaria -sobre todo de ancianos- a los antiguos templos, como yo mismo pude observar, y aunque en el país se siga reiterando oficialmente la vigencia del culto tradicional: como es sabido, siempre existe un desfase entre la verdad. oficial de cualquier parte y la realidad del momento.

En definitiva, el culto hispánico anterior ha cedido el paso a esta nueva fe naturalista, en la que verdaderamente se vuelca el actual sentimiento religioso de los españoles, hasta el extremo de que, según conversaciones captadas a mi alrededor en el campo, no sólo el domingo es sagrado a la ceremonia, sino que entre semana muchos fieles se dedican piadosamente a llenar de cruces unos impresos especiales, ignoro si como nueva forma de oración o como público examen de conciencia y confesión de pecados cometidos.

En conclusión, y para el caso de decidirse a actuar en la Tierra, mi descubrimiento permite afirmar que el enfoque mesiánicos sería ineficaz, al no despertar apenas interés en un pueblo evidentemente desentendido de la vida del espíritu. Sólo cabría intentarlo -y aun así desconfío de los resultados- renunciando a individualizar el enfoque y ofreciendo en cambio un mesías colegiado, es decir, un equipo de 11 especialistas del puntapié, capaces de asegurar el triunfo en los cultos internacionales.

La táctica acertada sólo puede ser la de presentar nuestro futuro control en forma de una colaboración científica, encaminada a potenciar al máximo los recursos naturales y las fuerzas del planeta. Llevado hábilmente, ese fecundo, planteamiento podría incluso resultar aceptable para la iglesia tradicional, dado que en sus más recientes deliberaciones parece primar también el interés de sus jerarquías por problemas materiales -biológicos, económicos y sociales-, considerados antaño menos importantes que las cuestiones dogmáticas.

Pero cualquier decisión excede del propósito de esta Memoria, limitada a informar verazmente acerca de las actuales creencias en uno de los países terrícolas adelantados, y con ese descubrimiento queda de sobra justificado mi breve descenso de aquel santo día en Madrid.

(El País, abril 1987)

Canarias, proa al marisco

¿Nos estamos acostumbrando a la contundencia negativa de los distintos parámetros económicos? ¿Ya no nos llaman mínimamente la atención las cifras de desempleados, por altas que sean, tras las que hay hombres y mujeres con rostro, dramas personales y familiares? ¿Ni la progresiva y constante reducción de los afiliados a la Seguridad Social en las Islas?

¿Constituye esa actitud una muestra de resignación colectiva ante una situación que se considera poco menos que inevitable y ante la que solo cabe entonar el sálvese quien pueda, el desear íntimamente no padecer el infortunio de ser el próximo despedido en esta o aquella empresa?

Escucho a los Creedence mientras repaso los últimos datos conocidos, los de paro registrado correspondientes al pasado mes de noviembre. Lejos de aquellos optimistas pronósticos de quienes, como Paulino y Soria, Soria y Paulino, cuando formaban gubernamental pareja, aseguraban que Canarias saldría primero de la crisis, ésta no cesa en pasar costosas facturas, en forma de destrucción de empresas y de empleos, en este macaronésico y ultraperiférico archipiélago. La profecía maya del fin del mundo para 2012 creo que va a estar más cerca de la realidad que los poco fundamentados pronósticos de Rivero y Soria.

Los datos de paro de noviembre, que quieren que les diga, son terribles. Porque persisten en la tendencia negativa y porque suponen el record en Canarias desde que existen este tipo de registros: 266.213 desempleados. Nunca antes habíamos alcanzado esta cifra. Son 7.949 más que en el mes de octubre. Si juntamos octubre y noviembre se disparan hasta los 14.000 nuevos parados.

En el mismo mes de noviembre disminuyen en más de 4.400 los afiliados a la Seguridad Social, cuando los datos en el pasado año 2010 fueron inversos (aumentaron en 3.977). Y si consideramos octubre-noviembre la reducción supera los 7.100. A peor la mejoría, como suele ironizar en El Espejo Canario mi contertulio Pitti.

Y si echamos una mirada al conjunto del año 2011 es para echarse a temblar: aumento en 11.593 desempleados, pérdida de 8.617 afilliados a la Seguridad Social, coincidiendo con un crecimiento turístivo de más del 19% en los diez primeros meses del año, basado en los visitantes extranjeros, que los españoles disminuyen casi un 9%.

Desolador panorama

Cabe preguntarse si, como es previsible, el turismo no mantiene esos enormes y atípicos ritmos de crecimiento en 2012, cuáles serán sus consecuencias sobre una economía estancada, que no tira del consumo ni, como se ve, genera empleo; más bien todo lo contrario. Y la respuesta dibuja un panorama desolador en la que, no es una locura, podríamos estar en los 350.000 parados EPA y acercándonos a los 300.000 en paro registrado.

Por eso, no entiendo la reiteración de errores al seguir aplicando las mismas políticas que no están dando resultados positivos, sino todo lo contrario. Como señala Paul Krugman, “aunque los líderes europeos siguen insistiendo en que el problema es un gasto demasiado elevado en las naciones deudoras, el auténtico problema es un gasto demasiado reducido en Europa en su conjunto. Y sus intentos de arreglar las cosas exigiendo una austeridad cada vez más severa han desempeñado un papel decisivo para empeorar la situación”.

Otro tanto sucede en Canarias, donde el Gobierno CC-PSOE repite las fórmulas y dogmas al uso en los Presupuestos de la Comunidad Canaria para 2012, reduciendo la inversión pública un 6% (mientras los gastos corrientes crecen un 2%), disminuyendo interinos y sustitutos en Sanidad, dejando igual a la Educación recortada en casi 200 millones entre 2010 y 2011, pulverizando al sector cultural (que representa cerca del 3% del PIB, aunque no sé si debo escribirlo en pasado) y, faltaría más, no haciendo el menor esfuerzo para modificar al alza los ingresos.

Por ese camino, con esas más que fracasadas recetas, las perspectivas para 2012 son espeluznantes.

Si no se produce un profundo cambio en las políticas económicas, si no se orienta de otra manera el Presupuesto de nuestra Comunidad, si no se exige un trato justo al Gobierno central (es inadmisible recibir 545 millones anuales por debajo de la media de las comunidades en la financiación autonómica, hecho que no puede calificarse de accidental), vamos, aceleradamente y sin remedio, proa al marisco.

 

 

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Queremos tanto a Julio, Julio Cortázar, escritor argentino nacido en Bélgica, que pasó buena parte de su vida en París, ciudad en la que falleció en febrero de 1984; y que es, para siempre, uno de los grandes de la literatura mundial. Cuentos, novelas e incluso obra poética, de una persona comprometida con su tiempo y activo militante en la defensa de los derechos humanos. De ‘Rayuela’, libro imprescindible, este Toco tu boca, capítulo 7 de esa obra de múltiples lecturas, por la voz del autor o leído por ustedes mismos, como prefieran.

Toco tu boca, capítulo 7 de Rayuela

http://www.youtube.com/watch?v=gL5tmotu2us&NR=1&feature=endscreen

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.