20-N, contradicciones en el seno del pueblo

“Aquella otra res, que esquivó el marronazo y que cayó también, con un ojo reventado una guampa partida, deshecha, también cayó y tembló la tierra, tembló el marrón, tembló el marronero; la res, murió temblando de dolor y de miedo..”

Fragmento de ‘Guitarra Negra’, de Alfredo Zitarrosa

Manuel es uno de los hombres más pobres del barrio. Sobrevive haciendo chapuzas de todo tipo. En la economía sumergida, por supuesto, hace más de una década que no sabe lo que es un contrato, y está convencido de que no firmará ninguno más en el futuro. Los años le pesan y pronto tendrá dificultades incluso para sacar los poco más de 500 euros con los que sale adelante cada mes. Pero en los últimos días está eufórico: “Los míos van a llegar al Gobierno”, dice a quien le quiere escuchar, sinceramente entusiasmado con la más que segura llegada de Mariano Rajoy a La Moncloa. A Manuel no parecen afectarles los posibles recortes en derechos sociales y en servicios públicos.

Javier, que vive apenas a cuatro manzanas de Manuel, descubrió su homosexualidad en la adolescencia y, tras una complicada etapa, sobre todo por la incomprensión de sus padres, logró aceptar sus deseos y que estos no supusieran una marea de dolor, por contradicción con su educación profundamente religiosa y represiva. Una contradicción que amargaba su vida. Hoy tiene pareja estable, tanto que hace apenas seis meses que se casaron. Todo el barrio lo sabe y lo vive con absoluta normalidad, salvo el consabido porcentaje de intolerantes.

Yaiza es cajera en un supermercado. Encadena contratos temporales, y lleva a cabo un trabajo repetitivo y escasamente creativo; no llega siquiera a la categoría de mileurista, pero su salario es el único que entra en casa desde que su marido fue despedido hace ya más de tres años. Le angustia pensar que pasaría si la dejan en paro, tal y como le ha sucedido a otras compañeras; cómo se las arreglarían ellos y, sobre todo, como sacarían adelante a sus dos hijos.

Javier es funcionario y multiplica por cuatro las ganancias de Manuel y casi por tres las de Yaiza, con los que coincidirá el domingo 20 de noviembre en el mismo colegio electoral; y, también, por paradójico que resulte, compartirán, asimismo, la papeleta escogida para introducir en las urnas.

¿Qué mecanismos determinan la adscripción ideológica y/o política de las personas? ¿Por qué gentes con condiciones de vida casi miserables apuestan por la organización que defiende un programa más ajeno a sus intereses, más neoliberal, que predica la desprotección de los más débiles y la preponderancia de la ley de la selva del mercado?

¿Cómo se compagina la defensa del derecho personal y colectivo a vivir la homosexualidad sin estigma ni marginación alguna y, al tiempo, votar a la organización más homófoba, que ha recurrido ante el Tribunal Constitucional el matrimonio homosexual y que no descarta abolirlo para satisfacer a los sectores más reaccionarios y a la propia Iglesia Católica?

¿Cómo se armoniza el personal y lógico cabreo con la obligada e insegura temporalidad, la rebeldía frente a los abusos patronales, con el apoyo electoral a los que desean e intentarán hacer efectivas unas relaciones laborales lo más desregularizadas posibles?

Puede que, recordando la vieja expresión maoísta, se trate de “contradicciones en el seno del pueblo”.

O, mucho más probable, que nos encontremos ante una singular etapa histórica, marcada por la despolitización y desideologización sin límites, que lleva a la gente –a veces con resignación, otras con esperanza o, incluso, con aparente cara de felicidad- directamente al matadero.

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3 pensamientos en “20-N, contradicciones en el seno del pueblo

  1. Pingback: Europa: crisis y respuesta – por Felipe González La casa de mi tía

  2. Pingback: 20-N, contradicciones en el seno del pueblo – por Enrique Bethencourt La casa de mi tía

  3. Escalofriante, vívida, real, emocionate, el símil propuesto por Enrique Bethencourt en este artículo que publica su flamante blog LA TIRADERA, que parece que viene prolífico en esta segunda etapa de su andadura.

    Esa catarata de calificativos que le endilgo yo al texto de Enrique no es exagerada. El hombre nos trae la escena, que cantara Zitarrosa, de la res que cayó y murió temblando de dolor y miedo y nos compara esa transida imagen con la no menos dolorosa de esa parte mayoritaria del pueblo que vota en el estado español.

    Esa legión de personas que, según todo parece indicar, dentro de pocos días van a otorgar su confianza a una opción política que se propone prolongar y aumentar el calvario que sufren. Una multitud de seres humanos que prefieren que les gobierne el partido que seguro que va a mantener la presión sobre sus derechos sociales, laborales y políticos, en lugar de dar una oportunidad a otros que prometen rectificar sus actitudes o, mejor todavía (o peor, según se mire), permitir que partidos que se oponen directamente a esos fatales designios del gran capital, lleguen al Parlamento para obligar al gobierno a tomar el buen camino.

    En efecto, Enrique, un tropel de reses humanas que acudirán este 20 N a que le asesten el marronazo definitivo que, tumbará, con dolor y miedo, toda la dignidad de unos pueblos, los que habitamos en el estado español y que seguiremos la tristísima suerte de los que ya nos precedieron, Grecia, Italia, Portugal, Irlanda. Y que contemplaremos con magua como un pueblo gallardo y consecuente, como es el de Islandia, recupera su economía y, sobre todo su decencia popular.

    Chema Tante

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