Nacionalismo canario 3.0, reinventarse o morir

  • La primera presentación presencial será el viernes 6 de noviembre, a las 17.30 horas, en la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria, en el parque de Santa Catalina.  Con el periodista Gonzalo H. Martel

Enrique Bethencourt

Tras casi año y medio de elaboración está en las librerías Nacionalismo 3.0. Reflexiones, opiniones y propuestas para un nuevo nacionalismo. Publicado por la Fundación Tamaimos intenta contribuir a un debate, a mi juicio imprescindible, en un espacio socio político que ha transitado por el pragmatismo y en el que ha faltado análisis sobre lo realizado y sobre su propio papel en la sociedad canaria. La obra está estructurada a modo de tríptico: Para comprender el presente, Del presente al futuro y Distintas miradas al nacionalismo.

En su primera parte, hago una incursión en el pasado. Para recordar que el nacionalismo no empezó con CC o NC, que hubo muchas experiencias anteriores que hicieron posible la realidad de hoy. La mayoría de ellas, con aciertos y errores, con avances y retrocesos, intentaron configurar un espacio político propio, desde y para Canarias, sin tutelajes ni dependencias externas. Pero, al mismo tiempo, atentos a lo que sucedía en el mundo y, en muchas ocasiones, ejemplos de solidaridad y de cooperación con otros pueblos.

Entro, por tanto, de manera sucinta, a exponer lo que fueron partidos o coaliciones como UPC, Asamblea de Vecinos, AHI, Asamblea Majorera, las Agrupaciones Independientes de Canarias, ICAN… hasta llegar a la expresión máxima de unidad que fue la Coalición Canaria surgida en los años noventa del pasado siglo. Y abordo, asimismo, la situación actual de un nacionalismo dividido, en el que su parte minoritaria forma parte del Gobierno de Canarias y de otras instituciones cabildicias o locales, mientras que la mayoritaria (la que gobernó sin interrupciones durante 26 años) se encuentra hoy en la oposición en el Parlamento de Canarias y ha sido desalojada de la práctica totalidad de los cabildos y los ayuntamientos en los que venía gobernando.

También dedico un capítulo a la relevancia del nacionalismo en las Cortes, especialmente cuando las aritméticas parlamentarias hacían indispensable el voto de representantes de CC o, más recientemente, de NC. Lo que, en mi opinión, fue inteligentemente utilizado para mejorar las condiciones y el trato a Canarias y a su gente frente al olvido permanente del estatalismo.

Intento reflejar, además, lo que han significado los encuentros y desencuentros entre los nacionalistas canarios con relación a las elecciones generales. Y termino este primer bloque del libro indagando sobre las relaciones entre los nacionalismos realmente existentes, sobre las posibilidades de unidad o, al menos, de competencia virtuosa, como Iñigo Errejón planteaba en el caso de la relación entre las fuerzas progresistas en el ámbito estatal.

Cambios profundos

El segundo bloque del libro supone una mirada desde el presente hacia el futuro. Planteo inicialmente que, tras los comicios de mayo de 2019, ninguno de los dos partidos nacionalistas, CC y NC, puede sentirse satisfecho. Uno, CC, por la pérdida del poder; otro, NC, por la constatación de sus limitaciones territoriales y electorales. Así como muchos interrogantes: ¿Seguirá representando a una parte importante de este pueblo, un tercio conjuntamente en las elecciones autonómicas y locales de 2019? ¿Se precisan cambios profundos en la mochila ideológica, en los comportamientos políticos, en las relaciones con la sociedad, en sus programas? ¿Se sustentará el nacionalismo canario del S XXI sobre la reclamación al Estado, sobre elementos identitarios o sobre otras bases sociales, medioambientales y económicas? ¿Avanzará en el terreno de las ideas o seguirá siendo un nacionalismo débil? ¿Es posible un nacionalismo canario unificado, en el que convivan distintas tendencias?

Para ello analizo una serie de rasgos que, a mi juicio, deben formar parte del nacionalismo canario de la tercera década del siglo XXI, apoyándome en muchas ocasiones en datos sociológicos sobre la sociedad canaria:

  • Sentido de pertenencia e identidad
  • Posicionamiento ante el autogobierno.
  • Bienestar social y equidad
  • Medio Ambiente y Territorio
  • Equilibrio insular
  • Transversalidad ideológica
  • Carácter acogedor y solidario
  • Exigencia y autocrítica
  • Profundamente democrático
  • Europeísmo, pero mucho más que eso
  • Cultura, un apunte al margen

Entiendo al nacionalismo como un espacio socio-político y cultural centrado en la defensa de una nacionalidad o nación (con o sin estado), que entiende que las decisiones fundamentales sobre la misma deben tomarse en esa Comunidad por su gente y sus representantes institucionales; que defiende su identidad, el bienestar de su ciudadanía, el territorio y el medio ambiente, y que aspira a poder alcanzar los máximos niveles de autogobierno y a mantener relaciones fraternales con los otros pueblos del mundo.

Reinventarse

Y en un tercer bloque, entrevisto a hombres y mujeres del nacionalismo canario, de sus formaciones políticas, de sus sindicatos, personas independientes, del mundo académico, con variedad territorial, generacional y de género. Mi agradecimiento a Pepe Araña, Ayoze Corujo, David de la Hoz, María Fernández, Raúl García Brink, Lola García, Juan Manuel García Ramos, Dunia González, Carmen Hernández, Fernando Ríos Rull, Marcial Morales, Silvia Rodríguez Court, Roberto Rodríguez Guerra, Maeve Sanjuán y Jorge Stratós; también a Pablo Ródenas.

Con todos esos mimbres me acerco al presente y al futuro del nacionalismo en las Islas. Consciente de que, en estos momentos, todo se encuentra muy abierto. El continuismo, la posibilidad de reinventarse creativamente y, también, el de ser irrelevante o desaparecer.


El libro ‘Nacionalismo 3.0. Reflexiones, opiniones y propuestas para un nuevo nacionalismo’ se encuentra ya en las librerías de las Islas. En los próximos meses, si se dan las condiciones adecuadas, haremos presentaciones del mismo en distintos puntos del Archipiélago. La primera, el 6 de noviembre a las 17.30 horas en la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria, en el parque de Santa Catalina. Con el periodista Gonzalo H. Martel como presentador del acto. 

También puede adquirirse su edición digital en la Tienda de la Fundación Canaria Tamaimos alojada en su web fundaciontamaimos.org.

 

 

 

 

El ‘bozal’

Se ríen de ti cuando te ven con la mascarilla puesta. ¡Qué bien te sienta el bozal! ¿eso no era para los perros?, se atreven a afirmar. Se muestran orgullosos de su presunta rebeldía, de su incumplimiento de las normas sanitarias que consideran excesivas y delirantes, de su defensa a ultranza de su derecho a hacer lo que les dé la gana en las calles, en los bares, en las playas, en sus casas.

Se ríen de ti y, al tiempo, aunque no lo expresen, se están mofando de los muertos -unos 850.000, parece más que probable que se superará el millón, en todo el mundo- e infectados por la Covid19, más de 25 millones; cifras que no paran de crecer todos los días. Se ríen de ti, de los extenuados profesionales sanitarios, de las cajeras de los supermercados, del personal de limpieza, de los transportistas, de los responsables de garantizar la seguridad, de las cuidadoras de personas mayores, de todos los hombres y mujeres que se la juegan cotidianamente para que la vida continúe. Se ríen de todos y todas.

Constituyen un grupo heterogéneo en el que se mezclan fans extremos del exclusivo uso de los productos naturales, enemigos acérrimos de las vacunas, conspiranoicos reincidentes de todas las conspiranoias, hippies de tercera hornada, antisistema militantes e integrantes de la ultraderecha, como hemos podido comprobar en las concentraciones y manifestaciones celebradas recientemente en Berlín, en Madrid o en distintos puntos de Canarias. Consideran que todo es un invento de las élites y que la situación, pese a las múltiples evidencias, no es tan alarmante como la pintan.

Ponen por delante su libertad -la de no usar mascarillas, la de no mantener la recomendada distancia física, la de no vacunarse…- aunque esta libertad se ejerza a costa de poner en riesgo la salud de los otros y las otras, de la mayoría de la sociedad, por la que deben sentir bajos niveles de aprecio. Son unos nuevos conductores suicidas a los que le importa un bledo llevarse por delante a usted y a mí, a sus nietos o a sus abuelos. Ellos tienen derecho a conducir en la dirección que les plazca. La carretera, al parecer, les pertenece.

Prevención

Sus actitudes y sus mensajes que corren como la pólvora en las redes sociales colaboran en la extensión de la enfermedad, aunque es verdad que no son los únicos responsables. Lo son, por supuesto, y en gran medida, los que al margen de tenerlo o no teorizado, de integrar o no movimientos o movilizaciones negacionistas, forman parte de reuniones y fiestas, en locales de ocio o familiares, en las que no se cumple ningún requisito de prevención ante la enfermedad y que se convierten en brotes expansivos de nuevos contagiados e ingresados.

Así como los que persisten en un mal uso de la mascarilla que no es un tapabocas. Lo de la nariz fuera, tan extendido, debe ser una moda o un innecesario alarde de la singular belleza de la propia napia; y que no han entendido que no hace falta quitársela -como he visto en reiteradas ocasiones- para responder a una llamada desde el móvil o para pagar en un supermercado. Y, en fin, también se incluyen en destacados puestos en semejante e inquietante equipo esos irresponsables que estando pendientes del resultado de la prueba PCR o sabiendo ya que esta dio positivo no permanecen en sus hogares, viajan, se van de marcha, siguen interactuando con otros hombres y mujeres, y ponen en peligro la salud y la vida de muchas personas trasladando y expandiendo voluntaria y gratuitamente al virus por los más diversos lugares. Delinquiendo, una minoría causa efectos devastadores en el ámbito sanitario, pero que se trasladan también a la economía y al empleo.

Restricciones

A casi nadie le gusta  esta realidad de limitaciones en los actos culturales, deportivos o de ocio. Tampoco disfrutamos llevando mascarilla y menos en los tórridos días que hemos padecido en el último tramo del mes de agosto. Pero lo aceptamos. Y cumplimos con la normativa establecida por las autoridades sanitarias por nosotros y por los demás, por nuestra salud y por la del conjunto de la sociedad. Por empatía y por solidaridad. Y sí, nos ponemos la mascarilla en las calles y en los espacios públicos, en los transportes y en el trabajo. Y, pese a la incomodidad, lo seguiremos haciendo, también por ustedes, a los que les hace tanta gracia lo que denominan bozal.

Renunciamos a encuentros y abrazos hoy. Para que estos se puedan producir mañana. Para recuperar otra vez la sonrisa hoy oculta en la mascarilla y en los difíciles momentos que vivimos. Para pronto compartirla colectivamente. A pesar de ustedes, los negacionistas y los insolidarios incumplidores. #Yosícumplo

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https://www.tokyvideo.com/es/video/que-han-hecho-las-vacunas-por-nosotros-doblaje-de-la-vida-de-brian

El mejor aplauso, en los presupuestos

Antes teníamos miles de seleccionadores de fútbol. Sabían quiénes debían ir o no a La Roja, qué alineación titular era la más pertinente y qué táctica desarrollar sobre el césped. Podían ser cansinos y mostrar escasos conocimientos, así como defender propuestas futbolísticas poco presentables, las de la casta y la raza, de ausente calidad y que siempre terminaron en rotundos fracasos. Pero eran escasamente peligrosos. 

Ahora, lo hemos visto estos días, disponemos del mayor número de epidemiólogos del mundo mundial. Con formación previa (y generalmente única) en otras áreas: economistas, sociólogos, politólogos y hasta periodistas. Desde sus respectivas tribunas indican qué se debe hacer y no hacer y, sobre todo, critican lo que se decide y, visionarios a posteriori, rechazan que determinadas medidas no se tomaran antes. En la próxima crisis sanitaria los ponemos al frente de los comités responsables de afrontarla y seguro que dura dos días.

La actual pandemia nos ha cogido a todas y a todos con el pie cambiado. Se han cometido errores, seguro, en el Estado español. Se están cometiendo, también con seguridad, en otros lugares que ya cuentan con la ventaja de disponer del conocimiento de las graves experiencias previas de China, Italia o España. Reino Unido y Estados Unidos parecen haber reaccionado tarde y no situando a la vida y la salud de las personas como el eje central de sus decisiones. Algunos gobernantes como Bolsonaro o la golpista boliviana banalizan la situación o esperan resolverla con terapia de oraciones. Sus pueblos, y sobre todo la gente más vulnerable, pagarán las consecuencias de sus locuras.

Recortes

En nuestro caso también tenemos que reflexionar sobre lo que hemos hecho con la sanidad (y con el conjunto de los servicios públicos) en la última década. Los partidos y gobiernos que recortaron los presupuestos de la sanidad, adelgazaron sus plantillas profesionales e impidieron las imprescindibles renovaciones en infraestructuras y en material sanitario, además de impulsar procesos privatizadores, deberían, como mínimo, entonar el mea culpa y pedir perdón a la ciudadanía. No solo no lo hacen, sino que sacan pecho. Su chulería de hoy, eludiendo cualquier tipo de responsabilidad y culpando a otros, es simplemente indecente.

Hay que repensar la sociedad que estamos construyendo. Hay que valorar lo público, no solo con aplausos en los balcones, sino sobre todo con el nítido reflejo de ese reconocimiento en las cuentas estatales y autonómicas. Y para ello se precisa una fiscalidad progresiva y justa, en la que paguen más los que más tienen y en la que no se escabullan las grandes empresas de sus responsabilidades. “Los que no pagan impuestos no solo cometen un delito, sino un crimen: si faltan camas y aparatos de respiración, también es culpa suya”. Lo dice el Papa Francisco. Comparto su opinión. Y denigro el hipócrita patriotismo de los que se envuelven en banderas de muy diversos colores y, al tiempo, defraudan, ponen su dinero en paraísos fiscales y se empeñan en un discurso de defensa de las bajadas de impuestos que, como consecuencia, lleva, cuando se aplica, a una educación y una sanidad descapitalizadas y a una sociedad más desequilibrada, empobrecida e injusta.

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Recomendación musical: José Antonio Ramos: Los Cuatro Gigantes

 

CC, un documento para el debate

He podido leer estos días un documento base de trabajo para la redacción de las ponencias del VII Congreso nacional de Coalición Canaria, que se desarrollará en Tenerife el próximo mes de mayo. Un texto cuyos principales epígrafes hacen referencia a los principios de la organización, la necesidad de una lectura crítica de su historia, cómo afrontar el debate sobre la convergencia y evolución del nacionalismo canario, una Canarias plural como marco para el autogobierno y el progreso social, sostenible y solidario, identidad y canariedad, y participación de la militancia y conexión con la sociedad civil.

En su presentación se señala que nos encontramos en un momento político en el que resulta imprescindible un análisis “objetivo y autocritico de nuestra historia, la del nacionalismo y la de Canarias, como única vía para impulsar el futuro, reconocer errores y aciertos cometidos, valorar la viabilidad de los planteamientos, establecer los retos y objetivos inmediatos de nuestra tierra y definir la validez del modelo de partido para afrontarlos”.

Con los principios establecidos por la organización en otros debates congresuales, recuerda que Canarias “es una nación y que existen razones históricas, geográficas, económicas, culturales e identitarias objetivas que configuran la nación canaria y que, como tal nación, tiene derecho a su autogobierno”. Principio que comparten la mayoría de los nacionalistas, favorables a un estado plurinacional. Pero que no tiene nada que ver con el discurso de su diputada en el Congreso, que habla exclusivamente de nación española y cuyo entendimiento del hecho nacional no se distancia del que defienden con ardor las derechas españolistas. Nacionalismo sí, pero otro. Frente al contenido de este documento congresual tendría que repetir el “no, mil veces no” del debate de investidura de Pedro Sánchez.

Tras señalar que ningún proyecto nacionalista ha alcanzado las cotas de apoyo popular y la presencia de gobierno en las instituciones que llegó a tener CC, destaca que tras su nacimiento en 2005 Nueva Canarias no ha conseguido superar sus limitaciones territoriales ni, tampoco, CC recuperar el apoyo ciudadano en Gran Canaria. En el plano ideológico sitúa a CC en el centro y a NC definida en la izquierda para “diferenciarse” de Coalición.

Coincidencia

Destacan, asimismo, que, aunque NC se presente como alternativa, hay una amplia base de coincidencia en la defensa de los intereses de Canarias cuando esta se juega “en las Cortes Generales o la UE y muchas de sus supuestas diferencias en la política local, insular o de acción del gobierno de Canarias son forzadas en la búsqueda de esa diferencia frente a CC”. Considero al respecto que sí se han producido desacuerdos palpables entre las dos organizaciones en distintos asuntos. Sobre el territorio y el medio ambiente, el gas y las renovables, la fiscalidad (las alegres rebajas de Clavijo han dejado un agujero de más de 170 millones de euros), el FDCAN o la lucha contra la pobreza. Y que no es malo reconocerlas. Al contrario, resulta mejor ponerlas sobre la mesa que tratar de ocultarlas. Por otra parte, como prueba fehaciente de las coincidencias programáticas, el documento recuerda las confluencias en las generales de 2011 y, más recientemente, en las de noviembre de 2019.

CC trata de salir del debate izquierda-derecha en el nacionalismo canario y reitera su centrismo. Lo que le lleva a concluir que, “a la hora de trabajar acuerdos de confluencia nacionalista, acuerdos de gobierno, acuerdos electorales o apoyos en determinados asuntos de interés general para Canarias, la cuestión ideológica no debería ser un obstáculo para cerrar posiciones comunes”. Se hace luego referencia al papel de CC en la gobernabilidad del Estado, con ejecutivos del PSOE y del PP, y también como vía “para negociar y alcanzar acuerdos que hiciesen posible la consecución de mayores cotas de autogobierno y de recursos para las islas: lo que hoy se conoce como Agenda Canaria y que tiene su mayor expresión en el nuevo Estatuto y el nuevo REF”. Y se defiende un futurible modelo federal del Estado, en el que Canarias se insertaría de manera asimétrica.

Y, respecto a la evolución del nacionalismo, comienzan señalando que cuando se habla de proceso de convergencia se está hablando de CC y de NC. Tampoco es que haya mucho más, por cierto, con proyección electoral e institucional. Y se asegura que ambas fuerzas pueden seguir existiendo por separado, aunque esta posibilidad “limita los crecimientos de una u otra opción”. Afirmando que, sin entrar a valorar los obstáculos internos en ambas formaciones, así como los externos, defienden “una línea de diálogo permanente para hablar de acciones conjuntas sin condiciones previas, sin tiempos cortoplacistas. Lo cierto es que como nacionalistas canarios tenemos esa deuda con Canarias, no podemos cesar en el empeño de intentarlo de forma franca y leal”.

Con relación al debate isla-nación, reconocen la importancia del hecho insular, apostando por superar el insularismo, “pero manteniendo la isla como el contexto desde el que se reconoce y ejerce la singularidad y desde donde se construye y contribuye a la identidad nacional como pueblo, integrando la diversidad y plasmando la solidaridad que hace posible la igualdad de oportunidades y el progreso social”.

Sostenibilidad

En el documento se apuesta por la sostenibilidad, “porque las islas son los territorios más sensibles debido a su aislamiento y escasez de recursos y saludable, tanto desde el punto de vista del territorio (energías limpias, tratamiento de residuos y vertidos, protección medioambiental) como de las personas”. Y se señala la necesidad de mejorar la calidad de vida en un permanente diálogo entre las demandas de la sociedad y los recursos disponibles. Abordándose, asimismo, aspectos como la seguridad (ciudadana, alimentaria, sanitaria, legal…), la solidaridad y la cohesión social, y la necesidad “de disponer de la soberanía necesaria para permitirnos alcanzar los objetivos que la ciudadanía canaria se fije”.

En definitiva, el texto parece un buen punto de partida para el debate de su VII Congreso nacional, en el creo que faltan algunas referencias autocríticas sobre las políticas y las actitudes de algunos de sus dirigentes que han llevado al arrinconamiento de CC en el período reciente. En mi opinión, desde la pérdida de la centralidad, el escoramiento ideológico y los desequilibrios territoriales internos, así como una identificación con el más puro y duro desarrollismo. Ojalá el documento y el proceso de análisis congresual sean de utilidad para el fortalecimiento de una organización que ha sido clave en la política canaria en los últimos 26 años, con aciertos y errores, y que, probablemente, lo siga siendo en el futuro.

—-Publicado en CANARIAS7 el domingo 23 de febrero de 2020.

La conspiración que no fue

En la tarde del pasado jueves 13 de febrero, víspera de San Valentín, en un evento celebrado en Las Palmas de Gran Canaria pudo verse nítidamente -aunque todavía quedaban restos de la calima que nos ha atormentado, una vez más, esta semana- como despachaban de forma amigable destacados cargos públicos y dirigentes de Coalición Canaria y de Nueva Canarias. Por allí se vio a consejeros y consejeras de corporaciones insulares, diputados y diputadas, exalcaldes y exalcaldesas, así como a actuales integrantes de distintas corporaciones locales… y se excusaron por su ausencia, por motivos de agenda de última hora, un expresidente cabildicio y dos exconsejeros del Ejecutivo canario.

El hecho de que en el referido acto no hubiera gente de otras formaciones políticas, fueran del pacto de las flores o de la leal oposición, sino exclusivamente de CC y de NC, puede animar al desarrollo de teorías conspirativas en tiempos de crisis del nacionalismo canario tras décadas de inmenso poder institucional. ¿Se trataba de una reunión que se puede inscribir en el marco del posible acercamiento entre los dos nacionalismos canarios realmente existentes, asunto del que se viene hablando mucho en los últimos meses? ¿Confirma que existe una buena sintonía entre los dirigentes de las dos organizaciones en Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura? ¿Estaban al tanto las direcciones nacionales de los dos partidos de este parece que fraternal encuentro?

La cosa es, como verán a continuación, mucho más sencilla. Se trataba del público presente en una interesante charla impartida por David de la Hoz, diputado de CC-PNC por la isla de Lanzarote en el Parlamento de Canarias, bajo el título Bionacionalismo. Repensando el nacionalismo canario para un siglo ecológico. Organizada por REÚNA (espacio para la reunificación del nacionalismo canario), activo grupo creado a finales del pasado verano. Y que congregó a distintas personas del ámbito nacionalista.

El acto se organizó mediante estricta invitación personal de REúNA a los asistentes. Con el fin de no desbordar el aforo y, asimismo, garantizar condiciones para el más adecuado desarrollo del debate en un momento en que los temas medioambientales tienen una enorme relevancia en todo el mundo. Una preocupación por la Crisis Climática que crece, también, en Canarias. Su Gobierno aprobó, el pasado mes de agosto, la Declaración de Emergencia Climática. Comprometiéndose a la tramitación y aprobación de la Ley Canaria de Cambio Climático, a la que el Ejecutivo considera una herramienta fundamental “para el futuro de la biodi­versidad, los ecosistemas, la economía y las futuras generaciones de Canarias”.

Distancias

Claro que estas circunstancias no se solían producir antes. Hasta hace bien poco lo normal eran las distancias y los desencuentros. El terreno (más bien terrero) en el ámbito del nacionalismo canario se encontraba plagado de líneas rojas. Daba la impresión de que no existía la menor posibilidad, no ya de la apertura de procesos de unidad, sino ni siquiera del establecimiento de espacios para el diálogo. Que todos, a babor y a estribor, se encontraban conformes y cómodos con las fronteras creadas. Es muy posible que la coincidencia programática y el trabajo conjunto desarrollado en la campaña de las elecciones generales del pasado 10 de noviembre, al menos en la circunscripción de Las Palmas, ha servido para limar algunas asperezas y derribar muros que parecían infranqueables. Y que, desde entonces, las relaciones hayan experimentado cambios positivos, tan modestos como perceptibles. Que se hayan generado algunos espacios de mutua confianza. Impulsados por las respectivas carencias e incertidumbres, sin duda. Y por propuestas de debate como las que plantea REúNA.

La conferencia no defraudó. De la Hoz hace tiempo que viene alertando sobre la Crisis Climática y sus consecuencias en las Islas. “El Antropoceno (Cambio Climático, microplásticos, extinción masiva de especies…) incide de forma muy especial en los territorios insulares, que son ultrasensibles a los cambios. Aspectos como los movimientos migratorios, la tropicalización de nuestras aguas o la subida del nivel del mar serán algunos de los retos que debemos afrontar como sociedad”.

De la Hoz señaló que el fin de los combustibles fósiles lo condicionará todo y que vamos hacia un mundo robotizado en el que muchas profesiones que hoy conocemos desaparecerán. “Reducir la jornada laboral o el trabajo deslocalizado será una de las medidas que ya se están aplicando. Esto propiciará otras oportunidades, otros nichos de trabajo. No solo aquellos más cualificados que tengan que ver con la digitalización o las energías renovables, sino los relacionados con los cuidados, con el bienestar, el ocio y la salud, donde Canarias tendrá una magnifica oportunidad por su experiencia y sus condiciones”. Tras la conferencia se produjo un intenso debate sobre la salud del Planeta y, también, sobre la salud del nacionalismo canario del S. XXI. Con mayores o menores muestras de optimismo sobre su recuperación. En ambos casos.

Proyecto Ahur

La charla de David de la Hoz forma parte de una propuesta de REúNA, el proyecto Ahur, a desarrollar hasta el 2022. Y que pretende dar un impulso a la comunidad nacionalista “a través de una invitación al debate sobre su propia existencia, sus valores e ideas compartidas, sus planes de futuro… Busca generar niveles de unidad superiores a los actuales y crear una autoconciencia imprescindible para que el nacionalismo vuelva a recuperar la centralidad perdida en los últimos años”.

Para ello, en una primera fase, han iniciado un ciclo de conferencias que culminará este verano. Y en el que se abordan asuntos como soberanía energética, fiscalidad, derechos de minorías, inmigración, feminismo, educación e identidad y cultura, entre otros. El colectivo organizador anuncia que la próxima cita se producirá en la segunda mitad del próximo mes de marzo. Con Carmen Hernández, ex alcaldesa de Telde y actual diputada de NC en el Parlamento de Canarias, como ponente. En esta ocasión la convocatoria se llevará a cabo para hablar del nacionalismo, de su presente y de su futuro, y de cuáles deben ser sus prioritarios contenidos en los planos ideológico y político. Lo que, con toda seguridad, forma parte del meollo del debate que, poco a poco, se está abriendo en el seno del nacionalismo canario. Un debate todavía insuficiente, pero en progresivo crecimiento. Sin necesidad de conspiraciones.

—Publicado por CANARIAS7 el domingo 16 de febrero de 2020.

 

Reflexión o irrelevancia

El nacionalismo gobernante en el Archipiélago durante 26 años ha sido esencialmente pragmático y se ha volcado por completo en las tareas de gobierno. Con aciertos -indudables en el caso de las relaciones con el Estado y el arranque de significativos compromisos para mejorar el trato a nuestra Comunidad- y variados errores en tan larga trayectoria. En la última legislatura, con baja sensibilidad en los temas territoriales y medioambientales, que, afortunadamente, cada vez preocupan más a la ciudadanía. Y con quejas, también, sobre su tarea al frente de los servicios públicos, sobre todo la sanidad y el desarrollo de la ley de la dependencia.

Y, además, con muy escasa reflexión. Circunstancia esta de la que no escapan ninguno de los nacionalismos canarios realmente existentes, se sitúen o los sitúen a babor o a estribor en la nave político-ideológica. Las tareas cotidianas, de gestión de las instituciones o de oposición lo han ocupado siempre todo, sin el menor tiempo para el análisis, que quedaba limitado a la voluntariosa tarea individual de personas como Victoriano Ríos o Juan Manuel García Ramos.

Me llamó la atención hace unos días la lectura de unos interesantes documentos, bajo el título El Futuro que nos re(une), elaborados por Eusko Ikaskuntza (sociedad de Estudios Vascos), una entidad científico cultural privada fundada en 1918, hace más de un siglo, y que busca dar respuestas globales e integradoras a los retos sociales de Euskadi, “atendiendo a sus especificidades territoriales y superando las barreras administrativas, ideológicas y sociales” entre sus territorios.

En su libro blanco se abordan bloques temáticos referidos a una sociedad diversa, dinámicas territoriales (de la atomización a la cooperación, por la vía de la sostenibilidad), modelo de bienestar (cuidar la vida, crear y distribuir la riqueza) o democratización y gobernanza. Destacando entre sus ejes de trabajo “la sosteniblidad de la sociedad en el siglo XXI, la realidad sociocultural, los modelos socioeconómicos y la estructuración sociopolítica”. Correspondían a su XVIII Congreso, celebrado en 2018 coincidiendo con su centenario. Prolongado tiempo de estudio y de propuestas.

Nacionalidad

En el caso canario, como decía, el análisis y el debate ha sido entre muy escasos y completamente inexistentes. Sobre lo que somos, ¿una región, una nacionalidad -como recoge el texto estatutario-, una nación sin estado dentro de un estado plurinacional? Sobre nuestro propio modelo de organización interna, desde un inicial Estatuto otorgado, sin la menor participación e impidiendo, al hacerlo por la vía del artículo 143 de la Constitución, que fuera refrendado en consulta popular. Y con posteriores reformas, la llevada a cabo en 1996, o la más reciente del año 2018, que tampoco fueron aprovechadas para pulsar el sentir de la ciudadanía.

O, al menos, para extender el conocimiento de su articulado que, en el caso de la última reforma, incluye significativos derechos de ciudadanía. Entre otros, los referidos a “la no discriminación por sexo, género, nacimiento, etnicidad, ideas políticas y religiosas, edad, discapacidad, orientación o identidad sexual, enfermedad, lengua…”. También un firme compromiso por la tolerancia, la paz y la cooperación al desarrollo. Desarrollando, asimismo, aspectos como la protección a las familias o la situación de los menores y mayores, pasando por las personas en situación de discapacidad y dependencia, la igualdad entre hombres y mujeres, la salud y la educación, el acceso a la vivienda o los relativos al ámbito de las relaciones laborales. Y reconociendo el derecho a una renta de ciudadanía. Una renta básica que el actual Gobierno de Canarias se ha comprometido a desarrollar a lo largo de la presente legislatura.

Cambia, todo cambia

Los hechos acaecidos tras las elecciones autonómicas y locales de mayo de 2019, esencialmente la pérdida del poder autonómico, cabildicio y municipal por parte de Coalición Canaria, así como las limitaciones territoriales y electorales del otro nacionalismo, el de Nueva Canarias, han modificado, al menos parcialmente, la situación. Aunque sea de forma tímida se comienza a debatir. Se publican en los medios de comunicación más o menos sesudos análisis de periodistas, politólogos e integrantes de las organizaciones nacionalistas sobre el presente y el futuro de ese espacio político en las Islas.

Y se ponen sobre la mesa de debate asuntos como la pérdida de la transversalidad respecto a la inicial CC, los (des)equilibrios territoriales, la relación con el medio ambiente en la encrucijada de la Crisis Climática global o los elementos vinculados con la identidad, así como el modelo de bienestar, esa imperiosa necesidad de “cuidar la vida, crear y distribuir la riqueza”, que reseñaba anteriormente, y que en esta Canarias tan desigual adquiere una gran relevancia. Se plantean posibles acercamientos futuros entre las organizaciones nacionalistas canarias. Y, también, inevitablemente, algunos aprovechan la ocasión para tratar de ajustar cuentas con pasados agravios. Pero, obligados seguramente por las circunstancias, por las mutuas debilidades, el ambiente es mucho más positivo que el que se vivía hace apenas un año.

Considero que se trata de una oportunidad muy interesante y que alguna gente está aportando su generoso esfuerzo para que sea así, para que se abran espacios de confianza y de colaboración. Con dificultades que van desde el límite que supone pensar solo en clave electoral o de búsqueda del retorno al poder a la presencia de algunos discursos más próximos al relato del nacionalismo español, y al reagrupamiento de sus derechas, que al del nacionalismo canario. Pasando, asimismo, por la defensa de planteamientos estatalistas en el ámbito de las izquierdas.

Desde el nacionalismo se comienzan a analizar las causas que han llevado a la actual situación. Algo pertinente, sin duda, para ser conscientes de los errores cometidos, de las numerosas carencias. Aunque considero que este proceso debe ir acompañado, sobre todo, de una profunda reflexión sobre el futuro de ese espacio que está obligado a reinventarse, a escuchar a la sociedad a la que debe servir, a incorporar nuevas voces y distintas miradas. Y a ofrecer un ilusionante proyecto de transformación medioambiental, de equidad social, de igualdad entre mujeres y hombres, si no quiere quedar condenado, merecidamente, a la más absoluta irrelevancia.

_____Publicado en CANARIAS7 el miércoles 5 de febrero de 2020

Abandono escolar, mal síntoma

Tras un breve período, entre los años 2016 y 2017, en que Canarias se situó por debajo de la media estatal en abandono escolar temprano, en 2018 incrementó significativamente los datos de este parámetro educativo, colocándose tres puntos por encima del Estado. En el 2019 la negativa historia se repite, según señala la Encuesta de Población Activa (EPA) del IV Trimestre del pasado año, publicada a finales del pasado mes de enero. Nuestra Comunidad apenas baja una décima en relación con el año anterior, pero en el conjunto de España se reduce en más de medio punto. La brecha, por tanto, se amplía.

Se considera que forman parte del abandono escolar temprano aquellos jóvenes entre los 18 y los 24 años que no obtienen el título de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) o que, una vez finalizada esta, no continúan sus estudios en Bachillerato, Formación Profesional u otra formación reglada. Canarias siempre ha presentado, lamentablemente, altas tasas de abandono escolar prematuro, que llegaron a superar el 30% a comienzos de la segunda década de este siglo. Con datos incluso peores antes, en 2008, a comienzos de la crisis, con el 34,1%. Solo en los años 2016 (18,9% frente a 19%) y 2017 (17,5% frente a 18,3%) estuvimos por debajo de la media estatal. Mirado con el paso del tiempo parece que aquello resultó un espejismo.

La consejera de Educación del Gobierno de Canarias de entonces, Soledad Monzón, valoraba aquella buena tendencia y confiaba en que en este 2020 estuviéramos ya por debajo del 15%. Destacando la consejera los esfuerzos de la administración educativa canaria por diversificar la oferta, generar más oportunidades de formación y hacer esta más asequible al conjunto de la ciudadanía. Y, asimismo, haciendo especial referencia al relevante papel que juega la educación de personas adultas.

Eran tiempos de justificado optimismo: Canarias había logrado reducir a la mitad en una década sus porcentajes de abandono escolar. Pero resultó una evolución truncada, como se ha confirmado en los dos últimos ejercicios. En 2018, con un 20,9%, el Archipiélago superó en tres puntos a la media de las comunidades. En el pasado 2019 la tasa alcanzó en Canarias el 20,8%, 3,5 puntos por encima de la media estatal (17,3%). Las nacionalidades y regiones con mejores datos en 2019 eran el País Vasco (6,7%), Comunidad de Madrid (11,9%), Asturias (12,4%) y Galicia (12,6%). Por el contrario, los mayores niveles de abandono escolar temprano se daban en Baleares (24,2%), Murcia (22,6%), Andalucía (21,6%) y, en cuarto lugar, Canarias.

Comisión Europea

Reducir el abandono escolar a menos del 10% en todos los Estados miembros en 2020 “es una de las prioridades de la Comisión Europea en el ámbito de la educación”. Asegurando que “el abandono escolar está vinculado al desempleo, la exclusión social, la pobreza y una mala salud. Hay muchas razones por las que algunos jóvenes abandonan prematuramente la educación y la formación: problemas personales o familiares, dificultades en el aprendizaje o una situación socioeconómica frágil. La manera en que está concebido el sistema educativo, el entorno escolar y las relaciones entre profesores y alumnos son otros factores importantes”. Objetivo reducido en el caso español al 15%, que no parece que podrán conseguir en el plazo previsto ni España ni Canarias. Aunque hay varias comunidades que ya están por debajo del 15%: País Vasco, Madrid, Asturias, Cantabria, Galicia, Aragón, Navarra y Castilla y León.  Euskadi lo tiene más que alcanzado hace ya más de una década.

Con datos de 2018, extraídos de Eurostat, numerosos estados europeos ya estaban por debajo del 10%, entre ellos Austria (7,3%), Bélgica (8,6%), Chipre (7,8%), Francia (8,9%), Polonia (4,8%), Grecia (4,7%) o Irlanda (5%). Las peores tasas se daban en España y en Malta. Para la Comisión Europea, el abandono escolar prematuro “constituye un obstáculo para el crecimiento económico y el empleo”, al dificultar “la productividad y la competitividad” y agudizar “la pobreza y la exclusión social”.

Supone, en mi opinión, un fracaso educativo y social. Esos jóvenes que abandonan prematuramente las aulas tendrán muchas dificultades de empleabilidad por su escasa cualificación y, en su caso, solo podrán aspirar a empleos que exigen poca formación. Y, como sucedió después de 2008 con muchos trabajadores de la construcción y de la hostelería, en tiempos de crisis son carne de desempleo con difícil inserción posterior.

Siempre me ha llamado la atención que Baleares encabece de forma permanente el abandono escolar en el Estado español, lo que expertos educativos de esa comunidad atribuyen a su modelo económico, volcado en el turismo, a su histórico bajo rendimiento educativo y a elementos demográficos. Circunstancias que, en buena medida, se repiten en el caso canario, otra de las comunidades con peores datos. El desempleo juvenil en Baleares es casi diez puntos más bajo que el canario y cinco menos que la media estatal. Los porcentajes menores se dan en la última EPA de 2019 en la Comunidad Foral de Navarra (17,76%), La Rioja (20,14%) y Cantabria (24,25%). Y los más elevados en Extremadura (46,31%), Andalucía (41%) y Murcia (38,69%).

Por otra parte, en Canarias hemos pasado en el número de jóvenes que ni trabaja ni estudia de los 65.700 de 2018 a los 64.100 de 2019, según la reciente EPA. Ligera reducción, del 2,43%, que sigue colocándonos en lugares de cabeza en este parámetro.

Educativas y sociales

Combatir el abandono escolar temprano supone desarrollar medidas en el ámbito educativo que estimulen la permanencia en las aulas y que apunten a que los chicos y las chicas obtengan titulación mucho más allá de la ESO. Entre otras, las del incremento de la oferta de Formación Profesional y una mayor adaptación de esta al mercado laboral de las Islas. Pero también hay que insistir en medidas concretas e inmediatas en el ámbito social, destinadas a disminuir sensiblemente los elevados índices de pobreza y de exclusión social que padece nuestra Comunidad. Todos los estudios concluyen que el alumnado de familias con graves dificultades económicas tiene muchas menores expectativas en su recorrido en el sistema educativo y muchas mayores posibilidades de abandonar prematuramente sus estudios.

Tamayazos (también en Canarias)

En los días previos a la sesión de investidura de Pedro Sánchez se alimentaron los temores a un posible Tamayazo por el escaso margen que separaba a los partidarios del sí y del no. Es decir, el miedo a que algunos diputados o diputadas del PSOE se olvidaran de ir al Congreso en tan relevante momento o, de repente, decidieran cambiar el sentido de su voto haciendo que Sánchez no alcanzara la Presidencia. Y, en consecuencia, fuéramos a nuevas elecciones. Las terceras generales, tras las de abril y las de noviembre de 2019, en apenas un año. Incrementando el deterioro y el desprestigio de la política y de las instituciones; y generando un marco más favorable para los ultras.

A esa tarea, a esas proposiciones indecentes, las de intentar modificar la orientación del voto de electos socialistas, se dedicó en cuerpo y alma la portavoz de Ciudadanos, Inés Arrimadas. Animándolos de forma abierta a la indisciplina y a sumarse a los intereses de las muy crispadas derechas patrias, evitando el desbloqueo político. Las mismas que, no hay que olvidarlo, pudieron facilitar una investidura de Pedro Sánchez sin Unidas Podemos ni ERC. Simplemente absteniéndose y facilitando que gobernara quien más apoyos suscitó en las urnas. Como el PSOE hizo con Mariano Rajoy en 2016, sin ir más lejos. Es verdad que no todos los socialistas cumplieron entonces con la decisión de su partido.

No creo que sea nada loable la actitud de Arrimadas. No parece que constituya ejemplo alguno de regeneración democrática. Más bien todo lo contrario, contribuye a la degradación de la actividad política. A los pocos que siguen confiando en Ciudadanos (que perdió el 82% de sus escaños en los comicios del pasado 10 de noviembre) sus llamadas a la rebelión socialista y sus continuas gracietas en la bancada, con exhibición de carteles con intenciones faltonas incluida, no creo que los animen a continuar apoyando a aquel partido que nació con vocación centrista, moderada y dialogante, y que va a terminar sus días, tras más giros que un trompo, devorado por la derecha y la ultraderecha.

Tramas

El Tamayazo, como muchos recordarán, se produjo en junio del año 2003, cuando tras las autonómicas celebradas en mayo la suma del PSOE e IU (56 escaños) daba la mayoría absoluta para que fuera elegido presidente de la Comunidad de Madrid el socialista Rafael Simancas -por cierto, estos días con un papel muy relevante en el PSOE-, sustituyendo en el cargo a Alberto Ruiz Gallardón. La sorprendente ausencia de dos electos del PSOE, Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez, frustró la investidura y obligó a celebrar nuevas elecciones, que ganó por mayoría absoluta el PP y llevó a la presidencia madrileña a Esperanza Aguirre. Si detrás hubo una trama urbanística o no nunca se ha demostrado. Lo de la ausencia total de valores éticos, si está más que confirmado. En todo caso, resulta desmoralizante que semejantes comportamientos no sean castigados.

Situaciones tan poco edificantes, que suponen, en mi opinión, una enorme burla a lo que los electores y las electoras votaron en las urnas, también se han dado en Canarias. En diversas etapas. En distintas islas. Protagonizadas por muy diversas formaciones políticas.

Una de las más célebres se produjo en Teguise en las municipales de 1983. Entonces, a la hora de constituir la corporación tras las elecciones, se produjo un mayúsculo escándalo. El PSOE había ganado por mayoría absoluta, obteniendo siete de los trece concejales de la corporación. Sin embargo, al efectuarse la votación para elegir alcalde los socialistas solo lograron seis papeletas y su alternativa, integrante de un grupo independiente, se alzó con la Alcaldía, gracias al transfuguismo de un miembro de la plancha del PSOE, Alfonso Tolosa Machín. El beneficiado fue Dimas Martín, que lo sería todo en la política conejera: presidente del cabildo, senador por la isla, diputado en el Parlamento de Canarias; y que terminaría en la cárcel por las más variadas condenas en el ejercicio de su actividad político institucional.

En Las Palmas de Gran Canaria también podemos recordar comportamientos deleznables. ICAN pactó en 1991 con las derechas -en las que se produce una desbandada partidista y episodios de descarnado transfuguismo, de las que solo se desmarca una jovencísima Pepa Luzardo, que llegaría más tarde a la Alcaldía– un sistema de alcaldes time sharing. En una entrevista realizada en noviembre del 92, el líder de ICAN, José Carlos Mauricio, destacaba que no pensaba en la gestión que efectuaría cuando llegara a la Alcaldía de la capital grancanaria porque “uno no se puede imaginar que va a llegar seguro”. No iba muy desencaminado: no llegó a ser alcalde. Además, con anterioridad, en enero de 1990, bajo las siglas de ICU se censuró a José Vicente León (CDS) con el voto indispensable de un tránsfuga del partido centrista, Miguel Ángel León Zalve, primo del destituido alcalde, lo que otorgó el bastón de bando municipal a Emilio Mayoral (PSOE). Muy ejemplar todo.

En fin, otro caso flagrante de perversas prácticas se dio en San Bartolomé de Tirajana a comienzos de este siglo. Un alcalde con mayoría absoluta, José Juan Santana (CC), fue censurado por los votos del PSOE, Agrupación de Vecinos y el de un tránsfuga de la propia CC, Juan Francisco Ramírez, militante del CCN, llevando a la alcaldía a Marco Aurelio Pérez.

Coherencia

Es posible y deseable tratar de eliminar o al menos reducir sensiblemente estos comportamientos, por salud democrática, y alejar de la actividad política a sus protagonistas. Lo que no vale es aplaudirlos cuando te benefician y criticarlos cuando te perjudican. Por eso, hay que ser muy duros con actitudes como la de Arrimadas. Y, también, no dejar pasar decisiones tan graves como la de la diputada Oramas y su impresentable postura de hacer caso omiso a lo decidido, unánimemente, por su formación política. El problema es que eso exige coherencia e igualdad de trato. ¿Cuántas personas en las izquierdas, estatales y canarias, en las últimas décadas han aplaudido mociones de censuras con la participación de tránsfugas? ¿Cuántas han justificado desobediencias y desmarques de decisiones partidarias, de mayor o menor calado, y ahora, con un comportamiento y una transgresión semejante, piden la cabeza de la diputada de CC? Las respuestas no están precisamente en el viento.

—Publicado por CANARIAS7 el domingo 12 de enero de 2020

Un Congreso más crispado que la sociedad

Si analizamos detenidamente los distintos estudios sociológicos, la ciudadanía del Estado español está mayoritariamente situada en el centro izquierda. Es moderada y favorable al modelo autonómico. Esto no se ve siempre reflejado en los debates políticos ni en las tribunas mediáticas, hiperventiladas y en donde destaca el que más grita o el que más aspavientos realiza. Mala cosa. Como hemos podido observar estos días, al menos leyendo determinada prensa o asistiendo al radicalismo hooligan de la bancada de la derecha en el Congreso de los Diputados, donde Pablo Casado estaba más pendiente de ser más duro que Santiago Abascal que de hacer alguna propuesta constructiva; e Inés Arrimadas continuó con su histrionismo, con su maleducada gestualidad, con su agresiva palabrería huera, que le llevará a ser la nueva Rosa Díez, es decir, tan esperpéntica como políticamente irrelevante.

Como decía, hay una inmensa mayoría moderada y demócrata en el conjunto de la sociedad. Y gentes que no lo son tanto, que se sentirían cómodos en un modelo autoritario. A babor y a estribor. Critiqué en su momento iniciativas como Rodea el Congreso que pretendía hacer dimitir a los 350 diputados y diputadas a quienes responsabilizaban por igual de la crisis económica y sus consecuencias, así como de la corrupción, y no les daban legitimidad alguna pese a respaldarlos más de 20 millones de votos. Valían más, eso decían, las exigencias de los manifestantes, a lo sumo 100.000 o 150.000 mil. Hicieron lo propio en el Parlamento canario: cien personas reivindicaron su disolución sin inmutarse. Me recordó una votación en el paraninfo de la Universidad de La Laguna, a finales de los setenta, en la que se solicitaba “la inmediata disolución del Congreso y del Senado”. Salió aprobada, por cierto.

Escraches

Me sucedió igual con los escraches, tan aplaudidos por muchas personas de izquierdas, hace unos pocos años. Dije entonces en un artículo de opinión (¿Son cuestionables los escraches?) que no compartía que se acosara a un líder político montando una concentración en la puerta de su casa, asustando, como ocurrió en más de una ocasión, a sus hijos e hijas. Me llevé una importante somanta de palos de izquierdistas de todo tipo. Los mismos a los que les parecen mal los escraches cuando les afectan. Te digo que no vale. Ni cuando se les hizo a gentes del PP ni cuando, como en estos días, se ha intentado acojonar al diputado de Teruel Existe para modificar el sentido de su voto, extorsión delictiva que muchos hicieron a través de diversos medios a diputadas y diputadas, y en la que no faltaron los insultos machistas.

Por cierto, lo de las hordas reaccionarias en Twitter pidiendo el boicot a productos turolenses o canarios confirma su patriotismo de vía mental estrecha. Como sigan así solo van a poder adquirir productos murcianos o madrileños. La agresividad que he visto en las redes asusta, y mucho, aunque no represente, afortunadamente, al conjunto de la sociedad. Toda esa gente irreflexiva y cargada de odio está ahí. Como el dinosaurio. Y sin intenciones de extinguirse.

Suelo, por norma, intentar mantener criterios similares. No me gustan las humillaciones para mí ni para nadie. Por eso no aplaudo los escraches. Y prefiero que sean las urnas quienes decidan quienes nos gobiernan y no las armas ni una movilización de iluminados. Creo en los acuerdos entre distintos partidos e ideas. En la democrática discrepancia.

Por eso, ahora, puedo decir tranquilamente lo mismo cuando 10.000 personas se manifestaron en Madrid junto al Congreso de los Diputados insultando a Sánchez y exigiendo su inhabilitación horas antes de que se sometiera a la primera sesión de investidura. Les importa un bledo lo que votaron los ciudadanos y ciudadanas el pasado 10-N y el legítimo pacto establecido entre distintas fuerzas políticas para que Sánchez fuera presidente del Ejecutivo. No les gusta, cosa respetable. Pero no lo es que hablen, además, en nombre de todos los españoles y españolas (como lo hace Oramas en nombre de todos los canarios y canarias, menudo atrevimiento), considerándonos traidores, antiespañoles y vendidos a los que no pensamos como ellos. Construyendo un estado excluyente, sectario, asfixiante, en el que solo caben los que comparten su discurso de derechas y profundamente nacional españolista.

Reconozcamos que la extrema derecha ha irrumpido exitosamente. No solo por su amplia bancada, sino por lograr algo más relevante: que el PP compita reproduciendo su discurso. Hay momentos en que Abascal y Casado son estampas intercambiables. El PP, en lugar de erigirse como una derecha moderada y europeísta, busca ganar a Vox aceptando una parte sustancial de sus tesis. Dentro y fuera de las instituciones.

Canarias

Canarias también estuvo presente en el debate de investidura. Con la intervención ponderada del nacionalista Pedro Quevedo que apoyó las líneas generales del nuevo Gobierno progresista a quien NC dio su voto favorable. Pero que, al tiempo, recordó oportunamente que desde esta Comunidad -escarmentada por numerosos engañosos en el pasado lejano y reciente- se estará alerta con el cumplimiento de lo acordado.

 Y con el protagonismo de Ana Oramas al votar no, en contra de lo decidido, por unanimidad por su partido, CC, que planteó, sin éxito, que se abstuviera. Logró una cerrada ovación de la derecha y de la ultraderecha que casi la ha convertido en su musa. También en las redes sociales por los seguidores de Vox. Rechazar la intolerancia mientras se vota con lo más granado y cerril de los intolerantes no es nada consecuente. Una postura la de Oramas, la de pasarse por el forro las decisiones orgánicas, que no es exclusiva. NC también ha tenido aportaciones propias. Nadie está a salvo. Como decía Pío Baroja, el mundo es ansí. La política debe compaginar el respeto a las minorías con la aceptación por parte de estas de las decisiones mayoritarias.

Escuchar a Oramas obliga a pensar en qué se distingue del nacionalismo español más radical, el del PP o Vox. Y es difícil encontrar diferencias. No es que coincida en ser de derechas, como sucede entre JxCAt y el PP. Es que, además, no parece haber distingos en el modelo de Estado. Cualquier parecido con los contenidos nacionalistas que aparecen en los documentos de CC es pura coincidencia.

Es difícil prever el alcance de la crisis que se ha abierto en CC. Pero da la impresión de que algunos dirigentes, tras la pérdida del poder, huyen del nacionalismo moderado y van lanzados a una versión canaria del Navarra Suma, regionalista y profundamente conservadora. El dilema es si toda la actual CC está dispuesta a transitar por esa vía. Quiero pensar que no.

—-Publicado en la edición de papel de CANARIAS7 el 8 de enero de 2020.

José Miguel Martín (REúNA) “El nacionalismo canario debe dirigirse a las mayorías sociales y ofrecer un proyecto seductor”

(Entrevista publicada en CANARIAS7)

  • “No sólo hay que hablar de reunificación, sino de todo lo demás: la refundación ideológica, la renovación generacional, la reformulación del proyecto, la revisión y regeneración de aquellos aspectos más criticables…”
  • Desde REúNA hemos sostenido encuentros con distintos sectores del nacionalismo para extender la idea de la reunificación como paso necesario hacia la renovación y refundación de este”
  • “En un país como el nuestro, la industria cultural es un elemento clave en un desarrollo sostenible y cualificado que ayude a diversificar nuestra economía”

José Miguel Martín, filólogo y antropólogo, es el portavoz de REúNA, espacio para la reunificación del nacionalismo canario, que pretende influir en el entendimiento entre las formaciones de ese ámbito. Considera positiva, aunque insuficiente, la confluencia electoral del pasado 10 de noviembre y señala que ahora “toca mantener lo logrado y avanzar”. Y, por otra parte, asegura que “en un país como el nuestro, la industria cultural es un elemento clave en un desarrollo sostenible y cualificado que ayude a diversificar nuestra economía”.  

Enrique Bethencourt

  • ¿Qué es REúNA y por qué y cuándo surge?
  • Es un espacio de encuentro a partir de la preocupación por el declive del nacionalismo a muchos niveles. Aunque se viene gestando desde comienzos del verano pasado es a raíz del arranque del curso político y sobre todo la convocatoria electoral del 10-N cuando se acelera su constitución
  • ¿Quiénes la integran? ¿Hay un perfil determinada?
  • Fundamentalmente, una generación intermedia, en torno a los cuarenta años y más jóvenes, profesionales, con estudios superiores, algunos emigrados y retornados, sin carnet de partido, pero con fuerte conciencia nacional
  • ¿Qué han hecho desde su creación?
  • Además de constituirnos, darnos a conocer en las redes, lanzar un primer texto para la discusión… hemos sostenido encuentros con distintos sectores del nacionalismo para extender la idea de la reunificación como paso necesario hacia la renovación y refundación de este.
  • ¿Cómo valoran el entendimiento de CC y NC en el 10-N?
  • En un proceso que durará años, nos parecía el mínimo paso imprescindible para establecer el marco de forma incuestionable. REúNA dio el pistoletazo de salida “oficial” que ya muchos estaban esperando dentro de los propios partidos. Los políticos no tienen derecho a hurtarnos algo que las encuestas constatan recurrentemente: la sociedad canaria piensa que son los partidos nacionalistas quienes mejor defienden sus derechos ante Madrid y que lo hacen con más garantías cuando están unidos que cuando están separados. Se demandaba altura de miras por parte de todos y al final se consiguió. Ahora toca mantener lo logrado y avanzar.
  • Pero ustedes aspiran a algo más…
  • Es un proceso multilateral, complejo y acaba de empezar. A pesar de que sólo se habla de la reunificación orgánica, hay que comenzar a hablar de todo lo demás: la refundación ideológica, la renovación generacional, la reformulación del proyecto, la revisión y regeneración de aquellos aspectos más criticables, etc. Si no se empiezan a hacer los deberes desde ya mismo, contando con la fragilidad de la situación actual, el declive será imparable. Lo sucedido estos días en torno al debate sobre la investidura de Pedro Sánchez da cuenta de un panorama especialmente heterogéneo y hasta contradictorio que deberá buscar la estabilidad y la armonía en un plazo no muy lejano si quiere garantizar no sólo su supervivencia sino sus posibilidades reales de proyectarse hacia la sociedad.
  • Hay gente desde el propio nacionalismo que rechazó el acuerdo y miraba hacia Errejón…
  • Creo que las urnas contestaron clara y definitivamente a esta cuestión.
  • ¿Cómo entienden el nacionalismo canario?
  • Eminentemente como un movimiento ideológico, político y cultural en defensa de la sociedad y la tierra canaria. Por ello es ineludible una autocrítica profunda ya que el nacionalismo realmente existente, demasiadas veces, no ha estado a la altura de dicho objetivo. Por ejemplo, en la cuestión medioambiental el balance es agridulce: se impulsó la Gorona del Viento, pero también el Puerto de Granadilla. Los niveles de penetración de las energías renovables en nuestro país son manifiestamente mejorables. Se ha perdido mucho tiempo. Hay que situar la soberanía alimentaria como una cuestión central, estratégica. No puede ser que el nacionalismo canario sea visto como un agente depredador de nuestra tierra cuando debe ser su máximo defensor. El debate sobre el Green New Deal es insoslayable para el nacionalismo canario.
  • Y, supongo, sin olvidar el bienestar de la gente…
  • Sin duda, el nacionalismo debe asumir prioritariamente el bienestar de la ciudadanía canaria como objetivo último, lo cual debe alejarlo de cualquier tentación oligárquica. Hay que dirigirse a las mayorías sociales, también a aquellos que todavía no se consideran nacionalistas y ofrecer un proyecto seductor. En este sentido, debe situarse inequívocamente en la defensa del Estado del Bienestar como modelo que, entre los conocidos, garantiza un mejor nivel de vida a una mayor cantidad de gente. El nacionalismo canario debe volcarse en la construcción del mejor sistema educativo, sanitario y de cobertura social posible para nuestro país. Algo de lo que podamos sentirnos razonablemente orgullosos.Además, como movimiento que pretende acompasarse con una sociedad y un tiempo histórico, no puede eludir demandas como las del feminismo, que invitan a una auténtica y profunda transformación de las estructuras, liderazgos, actitudes, a aprender de su transversalidad. Hay que activar una irreversible reconversión feminista del nacionalismo sin orillar realidades como la diversidad de identidades y orientaciones sexuales. No es poco lo que se ha hecho, pero queda mucho por hacer. Y no sólo se trata de aplicar políticas feministas y con mirada de género sino sobre todo de que haya mujeres al frente del nacionalismo, entre otras cosas para que no haya instituciones gobernadas por nacionalistas donde la presencia de la mujer es anecdótica.Debe ser también un movimiento que acerque el poder político a Canarias, ganando en calidad democrática, puesto que, a mayor autogobierno, mayor democracia, mayor cercanía de la gente al lugar donde se toman las decisiones, mayor capacidad de influir y demandar… Es aquí donde es más evidente la mayor debilidad del nacionalismo: su total ausencia de proyecto político. No conocemos su propuesta estratégica más allá de la eterna batalla con Madrid, algo que no siempre se ha explicado bien. Echo en falta debates sobre modelos que deben ser examinados con rigurosidad, como el de la Plena Autonomía Interna, por ejemplo.Por último, es imprescindible crear comunidad nacionalista, espacios, estructuras de todo tipo, fundaciones, institutos, independientes de los partidos, que son una parte y no todo el nacionalismo. 
  • ¿Y conducir bien la relación entre lo insular y lo archipelágico?
  • Es imprescindible manejar siempre ambas dimensiones equilibradamente porque somos un país repartido en ocho islas y ambas realidades son incontestables. También lo es que prácticamente el ochenta por ciento de la población vive en dos islas y que éste ha sido un argumento que históricamente se ha utilizado para justificar el atraso y subdesarrollo de las seis islas restantes. Somos un pueblo maduro, ya no somos aquel pueblo analfabeto y descalzo, como nos quisieron durante siglos. Tenemos herramientas para acordar fórmulas que nos permitan autogobernarnos de manera justa y eficiente. Sabremos combinar criterios poblacionales y territoriales a la hora de culminar nuestra reforma electoral, los repartos de fondos, sedes, servicios, etc. En un mundo como el actual, donde todo está a golpe de click, creo que estamos en mejores condiciones que nunca para resolver problemas como la cercanía de la administración a la ciudadanía, la educación a distancia, la teleasistencia médica, la gestión de los recursos de todo tipo… Los países pequeños tenemos grandes oportunidades.
  • ¿Tiene que aprender o emular a alguno de los nacionalismos presentes en el Estado español?
  • Sólo los necios consideran que no tienen que aprender. Distinto es que los “maestros” sean siempre los mismos, condenándote al papel de eterno aprendiz. Es un hecho que compartimos un marco estatal con otros nacionalismos y hay elementos comunes de interés. La crisis del modelo de Estado acordado en la transición es innegable y en ese debate habrá que estar con voz propia. Sin embargo, Canarias debe abrir más la mirada y seguir de cerca los procesos en Quebec, Escocia, la reunificación irlandesa… experiencias todas muy distintas a la nuestra pero que invitan a repensar el nacionalismo como un fenómeno complejo, en clave democrática y avanzada. También compartimos la esfera de las Regiones Ultraperiféricas de la Unión Europea, que no debe ser exclusivamente un ámbito de demandas económicas sino también albergar debates acerca de la colonialidad, como se hace en tantas universidades del mundo, incluidas las canarias. Parece razonable aspirar a constituir en algún momento foros regionales con nuestros países vecinos del África Occidental en los que Canarias participe sin intermediarios en temas de interés común. No se debe olvidar nuestra vinculación histórica con países como Venezuela, Cuba, Uruguay, Argentina, etc. Por último, se hace cada vez más necesaria la constitución de espacios donde los archipiélagos de Estado compartan problemáticas y reflexiones. 
  • En el pasado estaba exclusivamente centrado en la autodeterminación, hoy se aboga por los máximos niveles de autogobierno…
  • Creo que es más razonable, parafraseando a Renan, trabajar en la autodeterminación cotidiana que esperar citas épicas con la Historia. Hay que ir autodeterminándose en los niveles de soberanía que el pueblo canario, en cada momento, quiera y esté dispuesto a asumir en función de un proyecto nacional propio.
  • Buena gobernanza en Canarias o basta con reclamar en Madrid…
  • Es una contradicción falsa. Son posibles ambas cosas. Frente al sucursalismo que no hace ni la una ni la otra, el nacionalismo debe actuar en ambos planos con altísimos niveles de (auto)exigencia y vocación de servicio a nuestro pueblo.
  • Los estudios sociológicos avalan que es una de las comunidades con mayor sentimiento identitario…
  • En un archipiélago a más de mil kilómetros de su metrópoli, en otro continente, con una geografía particular, se desarrolla históricamente una subjetividad propia que se transforma en identidad diferenciada cuando se vive de manera consciente y colectiva. Se manifiesta en todos los terrenos, desde el folklore hasta el arte contemporáneo pasando por prácticamente cualquier actividad humana: lengua, literatura, música, deportes, gastronomía, artesanía, etc. Un nacionalismo que no asuma esto o lo desprecie por elitismo estará desaprovechando una energía imprescindible. Ahí está el alma de un pueblo que se sabe diferente y expresa de una manera intuitiva su voluntad de resistir frente a los peligros homogeneizadores, empobrecedores de la globalización. El nacionalismo debe aprovechar esos sentimientos de identidad propia y animar a su transformación en una conciencia política orientada a la construcción nacional. Esto no está reñido con albergar un espíritu cosmopolita. Como nos gusta decir, somos canarios ciudadanos del mundo: universales desde aquí y canarios allá donde vayamos.
  • Desde REúNA han defendido una renovación generacional, pero sin olvidar la aportación de la gente veterana de ambas formaciones…
  • Los mejores proyectos son aquellos que combinan distintas cohortes generacionales, dando a cada una su adecuado lugar y protagonismo. Un proyecto donde el peso de las decisiones recaiga en exclusiva en las generaciones mayores corre un riesgo de anquilosamiento y desconexión con los sectores más dinámicos de la sociedad. Un proyecto donde sólo los sectores más jóvenes sean considerados como válidos y se arrime a las generaciones con más experiencia, probablemente tenga poco recorrido. Hay que lograr espacios desde los que practicar el diálogo intergeneracional, que asegure un fructífero trasvase de lo mejor de los conocimientos y experiencias entre ambas generaciones con la colaboración de las generaciones intermedias.
  • ¿Cuál es el papel que debe jugar la educación y la cultura?
  • Me decía recientemente Pedro Hernández-Guanir, impulsor de GEVIC, proyecto a rescatar urgentemente porque corre peligro de desaparición, que la Ley General de Educación en las postrimerías del franquismo, ya incluía la necesidad de partir de la realidad del alumnado para construir un proceso de enseñanza-aprendizaje con garantías. A partir de ahí, todas las sucesivas leyes educativas han recogido en mayor o menor medida este hecho, incontestable desde el socioconstructivismo. La educación en Canarias debe partir desde la realidad canaria para proyectarse hacia lo universal. Esto ni siquiera es nacionalismo, es consenso pedagógico y legislativo que se cumple menos de lo que se debiera. Siempre hay experiencias aquí y allá y, principalmente, el esfuerzo de abnegados docentes comprometidos con la Escuela Canaria pero la realidad es que nuestro sistema educativo, tras décadas de gobiernos nacionalistas, sigue siendo alienante.
  • ¿Qué se puede y debe hacer?
  • Sólo revirtiendo esta situación se irá formando una ciudadanía activa y responsable en su propio contexto, desterrando para siempre cualquier complejo de inferioridad.  En cuanto a la cultura, también se podría haber hecho más de lo que hizo. Basta ver el estado de la agónica Academia Canaria de la Lengua, el sangrante caso de GEVIC, la escasa pegada del Día de las Letras Canarias, la eterna crisis del Museo Canario, el abandono de nuestras selecciones nacionales y de la Iniciativa .IC o la ambivalente labor de la Televisión Canaria al respecto. Sí ha habido avances en la protección de nuestro patrimonio indígena, pero es mucho lo que falta. Por otra parte, no parece que se hayan tomado demasiado en serio las posibilidades del sector cultural como industria para el desarrollo de Canarias. En un país como el nuestro, la industria cultural es un elemento clave en un desarrollo sostenible y cualificado que ayude a diversificar nuestra economía.
  • En definitiva, ¿considera usted que tiene futuro el nacionalismo en Canarias?
  • Mucho, pero sólo si hace los deberes. No son pocos y el tiempo se agota. Todo es admisible menos la pasividad en la brega.

Esta entrevista fue publicada en la edición de papel de CANARIAS7 el 5 de enero de 2020.