El dedo de Pablo

No tiene la relevancia de la mano de Dios de Maradona. Y puestos a buscar parecidos lo más cercano es aquel cuaderno azul de Aznar donde guardaba celosamente el nombre de su sustituto, decidido por él y solo por él. Pero, a distinto nivel, en otro momento histórico, el dedo de Pablo tiene su importancia, al señalar quienes estarán con el gran timonel en el empoderado paraíso o, para ser más precisos, en puestos de salida en las próximas elecciones generales aún por convocar.

El método, contestado por una parte significativa de las bases, solo puede ser calificado de autoritario, centralista (regresando al espectáculo de los diputados cuneros que no iban a su circunscripción ni en vacaciones) e impulsor del amiguismo. Y las consecuencias de semejante desaguisado se perciben de dos formas.

Por un lado, con la escasa participación, apenas un 16% del total de inscritos en Podemos. Lógico ante un procedimiento tan condicionado y encorsetado, planificado a mayor gloria del gran líder, y que no daba lugar a sorpresa alguna. Celebrarlo como un éxito muestra escasa autocrítica: la gran mayoría dio la espalda a una obra de la que ya se sabía el final.

Por otro, esta actuación junto al desprecio a distintas formaciones progresistas, las ambigüedades y cambios discursivos, así como diferentes decisiones administrativas, con la apertura de oscuros expedientes de expulsión contra los que se atreven a disentir, empieza a desgastar gravemente el proyecto. Las encuestas van mostrando una lenta bajada y el alejamiento de los dos grandes partidos. El cielo puede esperar.

Control

Frente al control absoluto de las listas al Congreso de los Diputados, Iglesias otorgó más libertad a sus bases en el caso del Senado. Seguramente porque las posibilidades de obtener acta son mucho menores para su grupo. Además del valor secundario de la Cámara alta, convertida en lugar de segunda lectura y cementerio de elefantes políticos.

Sin embargo, las primarias al Senado han tenido un significado muy profundo. Al menos en Canarias. 

Pese a que el aparato del partido, el sector oficialista y seguidor de Pablo, el más conservador y heredero de la vieja política, se volcó en las mismas, su derrota fue contundente. Pese al intento de desprestigiar a los que querían tener protagonismo político desde Canarias por parte de algunos dirigentes, acusándolos de localismos insolidarios frente a los adalides de la lucha de clases, todos los candidatos número uno al Senado proceden de la lista alternativa, denominada ‘En Canarias Decidimos’.

Disparidad

Se produce así una disparidad tan curiosa como ajena a la democracia. En el Congreso encabezarán las listas en Las Palmas y en Santa Cruz de Tenerife personas designadas por el dedo de Pablo que, con toda seguridad, no hubiesen sido refrendadas en unas primarias con participación auténtica y libre de las bases. Y, probablemente, obtendrán actas parlamentarias.

En el otro lado, gente con apoyo suficiente de la militancia, solo podrán optar a plaza en el Senado, casi imposible en los siete territorios insulares. En las islas no capitalinas porque implica, al ser un solo senador, el ganar los comicios. Y en las más pobladas, Gran Canaria y Tenerife, dos senadores, la pugna estará entre las dos primeras fuerzas, sin que Podemos aparezca como opción para ello.

Poder sin votos y votos sin poder.

Una verdadera lección de democracia. O de dedocracia, como ustedes prefieran.

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 Tele canaria, una chapuza con (ir)responsables

La elección del Consejo Rector de la RTVC se ha convertido en una auténtica chapuza. Por el estrecho partidismo de algunas formaciones y dirigentes políticos, una Ley muy interesante, que emula en el ámbito de Canarias a la que logró con Zapatero la mejor televisión pública estatal, la más plural e independiente, puede estallarse como una pita antes de comenzar a gatear.

El espíritu de la Ley ha sido claramente violado por la mayoría de las fuerzas parlamentarias de Canarias. En el texto se apuesta por un equipo profesional, muy cualificado, con acreditada experiencia, para abordar las grandes tareas que corresponden al nuevo organismo. Y, en ningún momento, se señala que este responda a cuotas partidarias.

Sin embargo, los tres partidos con presencia en la Mesa del Parlamento se repartieron los cinco miembros del Consejo. Algo que resulta más grave aún cuando saben perfectamente que dentro de apenas tres meses, tras las elecciones de mayo, cambiará bastante la conformación del Parlamento y si entonces se aplicara su más que discutible reparto, este sería bien distinto al que hoy pretenden establecer.

Es decir, le imponen al Parlamento del inmediato futuro un órgano que, en el mejor de los casos, responde a la Cámara que agoniza.

Formación

Además, a ello se suma la falta de idoneidad para ejercer semejante responsabilidad por parte de algunos de los candidatos propuestos. Más que evidente en uno de los nominados por el PP, que carece por completo de formación y cuyo currículo y su propio examen ante los diputados produce, como decía la periodista Daida Rodríguez en Canarias7, auténtica vergüenza.

Los mayores méritos del candidato son, por lo que contó sin inmutarse, pinchar música en los 40 Principales, haber asistido como informador a algunas carreras automovilísticas como el Dakar y, sobre todo, ser durante muchos años un fiel escudero del ministro Soria. Su mediocre, infantil y trastabillada exposición, impropia de un alumno de la ESO, merecía un suspenso sin paliativos. Salvo para los diputados del PP y de CC.

Por eso, la vergüenza se extiende también a varios de los diputados examinadores, que no cumplieron con su misión, y que se limitaron a cumplir con las consignas de sus formaciones políticas, a aplaudir acríticamente y a defender lo indefendible.

Parece que estos parlamentarios lanzaran un nada sutil mensaje a la sociedad canaria y, especialmente, a sus jóvenes: no estudien, no se formen, no reúnan las condiciones para dirigir este o aquel proyecto, apúntense a un partido de poder y todo resuelto.

Democracia

Con semejante chapuza se ha hecho un grave daño a la Ley de RTVC. Se pone en cuestión su más trascendental órgano. Y, asimismo, se daña a la democracia y al propio Parlamento, con una fantochada que no se merecen algunos de los aspirantes, que sí reúnen condiciones para dirigir la RTVC, ni la sociedad canaria que con sus impuestos paga la radio televisión pública.

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Podemos 1 – La casta 2

Las formaciones emergentes comparten la crítica a la política realmente existente, a los partidos y sindicatos que han operado desde la transición y al funcionamiento de las instituciones. Pero, asimismo, tienen en común su transversalidad, su populismo y, con frecuencia, una valoración escasamente crítica de sí mismos que contrasta con la extrema dureza con que se refieren a los demás.

Cada vez estoy más convencido de que, en distinto grado, Podemos y Ciudadanos tienen en común muchos de los rasgos de las formaciones populistas. Que son, como se sabe, de muy distinto estilo en el ámbito europeo, desde el Frente Nacional francés al Movimiento Cinco Estrellas del italiano Beppe Grillo.

Populismo

Como bien señala Eugenio del Río en un extenso e interesante artículo publicado en la revista Página Abierta (¿Es “populista” Podemos?) estos rasgos del populismo serían, entre otros, los siguientes:

“- 1. La presencia de un hiper-liderazgo unipersonal. El objetivo es que sea percibido como encarnación no contaminada de las ansias de cambio y que sea considerado como propio por “el pueblo”, a diferencia de los políticos establecidos que son considerados como distantes y ajenos a “la gente”.

  1. Evitar insertarse en el sistema de representación izquierda-derecha, que ha recogido las grandes identidades socio-políticas en el último siglo. Se entiende que está superado. Hay que actuar transversalmente, uniendo a sectores sociales diversos con intereses sociales diferentes. Hay que atraer a personas de ideologías distintas.
  2. La necesidad de recoger y difundir las ideas máspopulares. Ser altavoces de lo que la gente siente y piensa, y de lo que la gente quiere oír. Las ideas son útiles cuando valen para ganar apoyos para la propia causa. Se trata de dar satisfacción a la gente, de promover objetivospopulares, atendiendo a los deseos de mucha gente o del electorado que interesa conquistar.
  3. La eficacia en política está asociada a la repetición de unos pocos mensajes fundamentales.
  4. Se pone en pie una representación social dicotómica, muy simplificada. De un lado están las élites, el sistema político y el poder financiero; una pequeña minoría. Enfrente, el “pueblo”, la inmensa mayoría. Anti-pueblo y pueblo”.

Una de las expresiones de esa simplista representación social dicotómica es el recurso de Podemos a calificar de casta a poderes económicos y financieros, partidos políticos y sindicatos, así como a los militantes y dirigentes de estos; salvo los suyos, claro.

Cierto es que, poseedores en exclusiva del poder calificador, exoneran a quienes les conviene. Así, Jesús Montero, secretario general municipal en Madrid, asegura que el banquero Emilio Botín, fallecido en septiembre del pasado año, no debería ser considerado casta (“Hay dos culturas empresariales. Una es casta, la otra quiere contribuir al bienestar social, como la familia Botín en el Banco Santander”, dijo; manda eggs, que quieren que les diga). Y, asimismo, otro líder, Luis Alegre, secretario general de Podemos en la Comunidad de Madrid, otorgó indulgencias plenarias al ex ministro Ángel Gabilondo.

El castámetro lo deben tener averiado. O, a veces, se vuelve extremadamente laxo.

En Canarias, sin embargo, son mucho más exigentes. Casta debe ser todo lo que queda fuera del perímetro de Podemos y sus círculos. Así lo explican, sin sonrojarse, sus flamantes nuevos (¿nuevos?) dirigentes, verdaderas espadas flamígeras contra todos los que piensen distinto a la oficial línea ganadora en las Islas; incluso, a veces, se les va la mano y machacan sin piedad a sus propios compañeros y compañeras, los de corrientes minoritarias o no tanto (probablemente los de más profundas convicciones democráticas, los menos intolerantes, los más unitarios), desde un sectarismo reserva, envejecido en barrica desde los años setenta, tan bien retratado en La vida de Brian.

La yenka

Hay que tener una memoria muy pequeña y una cara dura de enormes dimensiones para atreverse a semejante ejercicio. Y lo hacen personas con décadas de liberación sindical en los viejunos sindicatos hoy tan denostados. Otras que, cual practicantes de la yenka, han ido saltando de lista electoral y de abajo firmantes, unas veces el PSOE, otras IU, otras abstención, otras una presunta plataforma unitaria de la izquierda, nuevamente el PSOE y hasta el infinito y mucho más.

Las hay también que han recorrido en los últimos años todas las siglas (a la izquierda y a la derecha) hasta descubrir la verdad verdadera o las posibilidades de acomodo político-institucional, que no es lo mismo pero es igual.

Conozco, asimismo, dirigentes de Podemos en el Archipiélago que abandonaron sus formaciones políticas originales (en algunos casos borradas de la personal biografía, queda mucho mejor hablar de un idílico y puro pasado de movimientos sociales y ONGs) no por razones ideológicas o disensiones programáticas, sino porque les parecía poco para sus méritos la dirección asignada en el Ejecutivo o el puesto en la lista al ayuntamiento o al cabildo.

Incluso colaboradores directos del personaje más siniestro de la política canaria de los últimos cuarenta años son hoy, asómbrense, anticasta.

Que con esas trayectorias llamen casta a otros resulta tan atrevido como inconcebible. Cualquier examen objetivo confirmaría que en Podemos hay igual o más casta que en el resto de los partidos. Y son, justamente, los que mandan en la organización. Por eso, junto a la ambigüedad ideológica y la necesidad de ocultar el proyecto social que tienen muchos de sus componentes, les conviene y mucho esconder quiénes están detrás de la organización, dirigiéndola entre bambalinas, y su verdadera trayectoria e historia, no tan inmaculada como pretenden hacer ver.

Aunque todo tiene solución: seguro que Luis Alegre o Jesús Montero les absuelven de la consideración de casta. O les exorcizan para expulsar de sus cuerpos los satánicos restos de su prolongado pasado político o sindical, restos que no son precisamente del 15M y sus aledaños sino de propuestas mucho menos amables.

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¿Ciudadanos versus Podemos?

Las últimas encuestas publicadas siguen siendo muy confusas. Unas colocan al PP claramente en cabeza y detrás, casi en empate técnico, a PSOE y Podemos. Otras sitúan a los de Iglesias liderando la intención de voto ciudadano. Da la impresión de que hay mucho voto oculto, especialmente de gente del PP que no se atreve a manifestar su apoyo en estos momentos a una formación con tantos incumplimientos en su programa y con tantos casos judiciales abiertos.

Pero, sin duda, una de las novedades de los estudios sociológicos es el crecimiento en los sondeos de Ciudadanos. Evidente en el caso de Cataluña. Y, en los últimos meses, destacable también en el conjunto del Estado. Aunque con notables diferencias entre lo que dice el CIS y lo que afirma Metroscopia, dándole esta última un incremento exponencial en el último período.

Esa irrupción me hace preguntarme quién sale beneficiado y quién resulta perjudicado del aumento de expectativas de voto de la formación que lidera Albert Rivera. Y la respuesta no es fácil.

La primera impresión es que Ciudadanos se alimenta en primer lugar de UPyD. Ocupa un espacio político similar muy centrado. Con un discurso y una visión del Estado poco dado a modificaciones federalistas, pero evitando los radicalismos ideológicos y políticos del PP. Con muchas ambigüedades en temas que puedan resultar espinosos: en la reciente entrevista concedida a los lectores de eldiario.es, Albert Rivera eludió responder, entre otras, a preguntas sobre la inmigración, el aborto o la tauromaquia. La indefinición está de moda, sin duda.

Y con una ventaja respecto a los magenta: cuentan con un líder joven (frente a una Rosa Díez con más de 35 años en distintas instituciones y largo pasado socialista), con buena pinta y que se defiende muy bien ante las televisivas cámaras.

Política espectáculo

En la era de la política espectáculo, en el auge de los tertulianos y de los liderazgos políticos mediáticos, Albert Rivera se mueve muy bien en espacios en los que también lo hacen Pablo Iglesias o Tania Sánchez. O, con una imagen mucho menos juvenil, el socialista Carmona.

Pero no es UPyD la única damnificada. Un partido con vocación transversal (al igual que Podemos y la propia formación de Rosa Díez, los tres intentando no ser ni de derechas ni de izquierdas), con buscadas indefiniciones y con escaso pasado (una ventaja en estos tiempos en que tanto se denigra la política existente y el bipartidismo) logra pescar votos en muy diversos caladeros. En los del PP, esencialmente. Y también en los del PSOE.

¿Y en Izquierda Unida y Podemos? Considero que la organización de izquierda de Lara y Garzón tiene bastante con su profunda crisis interna y con la vía de agua que les ha supuesto el abordaje de Podemos. Taponarla no va a resultar tarea fácil.

Tengo la impresión de que existen más probabilidades de que una alta implantación electoral de Ciudadanos termine por afectar a Podemos. No hay que olvidar que un porcentaje significativo de los que votaron a los de Iglesias en las europeas, y de los que se sumaron al carro después de sus sorpresivos resultados en esos comicios, lo integran votantes desencantados del PP.

Moderada

Se trata de gente muy moderada que se encuentran muy alejados de los orígenes político-ideológicos de Iglesias, Monedero o Bescansa. Y a las que no les hace la menor gracia sus simpatías internacionales o muchas de sus propuestas más avanzadas en políticas sociales o respecto a cambios en la fiscalidad. Ciudadanos y ciudadanas que les prestaron su apoyo por rechazo a los graves defectos de los otros, más que por auténtica identificación con sus virtudes y sus propuestas.

No sería extraño que una parte de ellos, hartos de comportamientos deleznables y de engaños electorales, hastiados del PP, pero reacios a aventuras, puedan sentirse mejor representados por una formación conservadora en lo económico, como Ciudadanos; que levanta menos miedos en personas de clases medias y medias altas que no tienen el menor interés en que se produzcan cambios profundos en el sistema político.

Los próximos sondeos electorales en las cercanías de las municipales y autonómicas pueden desvelar si lo que planteo acaba por confirmarse. O si Ciudadanos vive una subida efímera como las que en el pasado reciente tuvieron UPyD e Izquierda Unida, situadas ahora casi en situación de marginalidad.

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Pablo Iglesias, entre Lenin y Marx (y viceversa)

El marxismo no es una ciencia exacta, aunque algunos lo vean así e incluso lo conviertan en una verdad absoluta, en algo más parecido a una religión que a un método de análisis y transformación social. Las controversias respecto a la figura de Pablo Iglesias lo confirman. Para unos se trata de un Lenin redivivo. Para otros un marxista, pero más en la línea del genial cómico Groucho.

Lo digo por cómo lo perciben dos dirigentes históricos de la izquierda española, de IU y del PCE, tanto monta, monta tanto. Para Julio Anguita, Iglesias y su formación política “son hijos ideológicos nuestros”. Y rendido al líder de Podemos asegura que lo considera “un sabio adaptador de Lenin a las actuales circunstancias”.

No es menor la admiración que suscita en Cayo Lara. El todavía coordinador federal de IU, también ve a Pablo Iglesias como hijo ideológico del marxismo, pero, en este caso, del que encarna Groucho. “Da la impresión de que algunos sólo tienen los principios de Groucho Marx, tengo unos pero si no le gustan, tengo otros”, asegura.

Resulta cuanto menos curioso que dos marxistas de prolongada trayectoria y asentadas ideas analicen de manera tan diferente a un dirigente político contemporáneo. El Pablismo, como el peronismo, tiene plurales formas de ser entendido. Por lo pronto cuenta con dos interpretaciones completamente antagónicas si hacemos caso a los puntos de vista de Lara y Anguita.

En mi época estudiantil la izquierda ofrecía una variada gama de configuraciones del original legado de Marx: leninistas, trotsquistas, maoístas y hasta acérrimos seguidores de Rosa Luxemburgo o Gramsci, a lo que se fueron sumando las influencias de las revoluciones latinoamericanas. Y, fraccionados en muy variadas organizaciones (PCE, PCE m-L, células del PCE, ORT, PTE, OIC, OCE-BR, MC, LC, LCR… ) dedicaban buena parte de su tiempo a combatir las otras y desviadas formas de pensar y practicar el marxismo. Ahora, observando los enfrentamientos dentro de IU y en el seno de Podemos, al menos en el ámbito autonómico, se repiten buena parte de los peores estilos sectarios.

Pasiones

Volviendo a lo que nos ocupa, probablemente Anguita y Lara, Lara y Anguita, se hayan dejado llevar por sus pasiones, por sus filias y fobias. Y hayan sacralizado uno y denostado otro a un líder mucho más humano y del que es todavía prematuro saber hasta dónde llegará y cuál será su influencia y su capacidad política más allá de recoger el variado descontento de un país en crisis económica, política, social e institucional.

No parece, cierto es, que analizando los estudios sociológicos sobre lo que piensan los españoles, ubicados como mucho en el centro izquierda, los tiempos estén para soluciones leninistas. Ni que la gente, como se dice ahora, aspire a la dictadura del proletariado y a la socialización de los medios de producción.

Pero también resulta descabellado -pese a lo sano que resulta reírse, también de uno mismo- pensar que millones de hombres y mujeres del Estado español estén dispuestos a fiar su futuro a un humorista de extremadamente cambiantes posiciones ideológicas, aunque esté el precedente de Beppe Grillo en Italia.

Mientras se despeja la duda sobre cuál de los dos tiene razón, Cayo Lara o Julio Anguita, muchos se hacen un lío y no se aclaran quién dijo aquello de “Un paso adelante, dos pasos atrás” o calificó a la política del arte “de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

Eso sí, marxistas eran los dos. Groucho y Vladimir, digo.

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La parte contratante, sólo superada por Cospedal y su contrato simulado y en diferido

https://www.youtube.com/watch?v=AaO1FzE6J9I

Cadena perpetua: ¿lo que la gente quiere?

“Los partidos, y desde luego las organizaciones de izquierda, tienen que jugar un papel pedagógico y transformador. Aunque eso suponga no contentar a todo el mundo”

En las redes sociales se ha producido un importante rechazo a la inclusión de la cadena perpetua revisable en el pacto contra el terrorismo yihadista firmado por PP y PSOE. Especialmente por considerar que los socialistas, una vez más, se han plegado a la derecha y han renunciado a sus principios para aparecer en la foto o mostrar su condición de partido de Estado. Pero, también, por ser una oportunidad única para atacar a Pedro Sánchez y desnudar al PSOE como un partido de la casta, integrante del impresentable bipartidismo; más impresentable, si cabe, cuando uno no forma parte de él.

Me parece un grave error la decisión de Sánchez. Desde el punto de vista de la imagen que trasladan a sus militantes, simpatizantes y votantes, confirmando como Groucho Marx que si no le gustan mis principios, “tengo otros”. Dando además aire a los que entienden el sistema penal solo de forma punitiva, olvidando la faceta rehabilitadora.

Y asimismo, de forma práctica. Estoy convencido de que los yihadistas se encuentran “aterrorizados”, que no logran conciliar el sueño tras la decisión de los, hasta ahora, principales partidos españoles. Como si su brutalidad pudiera ser limitada por el endurecimiento de las penas, sea esta cadena perpetua revisable sea la pena de muerte. Más aún cuando el fanatismo religioso sustituye a la razón y hay garantías de lograr el cielo en la sangrienta batalla contra los infieles.

Ahora bien, veo mucha hipocresía en este debate mediático. Recuerdo que el 2 de octubre publiqué un tuit que señalaba “Leer a gente de Podemos y Ganemos pidiendo cadena perpetua no tiene precio. Se pierden los valores a la velocidad de la luz”.

En aquella jornada decenas de tuit apostaban por la cadena perpetua, en este caso en referencia a los delitos económicos y la corrupción de banqueros, empresarios o políticos. No sé si los mantendrán o los habrán convenientemente borrado vista la evolución de los acontecimientos.

Pero es más, el populismo que viene poco puede decir en este asunto. Son claros al no definirse en muchos temas y señalar (hasta con la sevillana Semana Santa) que será el pueblo el que decida. Es una de las esencias del populismo que, como señala Eugenio del Río, pretende “ser altavoces de lo que la gente siente y piensa, y de lo que la gente quiere oír. Las ideas son útiles cuando valen para ganar apoyos para la propia causa. Se trata de dar satisfacción a la gente, de promover objetivos populares, atendiendo a los deseos de mucha gente o del electorado que interesa conquistar”. Una senda, en mi opinión, harto peligrosa.

En el caso que nos ocupa parece, por lo que señalan algunos estudios sociológicos, que un 70% de la ciudadanía (67%, según la encuesta de Metroscopia para El País publicada el 8 de febrero) apoyaría la cadena perpetua para determinados delitos. Eso acotaría mucho la capacidad de actuación de las formaciones populistas. Lo apunté en un artículo del pasado mes de noviembre: “Si funcionáramos solo en base a lo que la gente piensa no se hubiese aprobado la ley del matrimonio homosexual, que en ese momento no era sentida como una necesidad por la mayoría de la población española. Ni tampoco la actual ley de plazos en la interrupción voluntaria del embarazo. Y, en otros momentos, podría haber significado abanderar la cadena perpetua o la expulsión o, al menos, la restricción de los derechos a las personas inmigrantes”.

Como bien señala el profesor Ignacio Urquizu “sería un error pensar que esta forma de hacer política es la correcta. El liderazgo no consiste en dar siempre la razón a la gente. Ser sensible a la opinión pública es una condición necesaria pero no suficiente”. Al contrario, los partidos, y desde luego las organizaciones de izquierda, tienen que jugar un papel pedagógico y transformador. Aunque eso suponga no contentar a todo el mundo y dejar de ser un simple aparato atrapa votos -aunque muchos sean escasamente digeribles- que aplican esa horrible máxima futbolística del todo vale: “Hay que ganar como sea”.

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